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Estrés, angustia y ansiedad: ¿Son lo mismo?

Una reflexión sobre la relación que existe entre la angustia, la ansiedad y el estrés.

Estrés, angustia y ansiedad

Actualmente, es muy común encontrarse con palabras técnicas de la psicología, psiquiatría o psicoanálisis que, al no llevar un contexto suficiente, pueden llegar a confundir a quienes no se dedican a dichas disciplinas. Si para un profesional de la salud suele ser complejo ubicar un padecimiento, con más razón lo será para quien no ha llevado un entrenamiento que le permita identificar de manera práctica lo que ha revisado teóricamente.

Comprendiendo el estrés, la angustia y la ansiedad

Antes de definir cada uno de los conceptos hay que considerar al miedo como la base instintiva que sostiene cada uno. Esta emoción tiene como objetivo despertar los estímulos físicos de tal manera que el humano pueda reaccionar a las situaciones de peligro, es decir, que, a partir de situaciones reales de vida o muerte, nuestro cuerpo se acciona para la supervivencia.

Sin embargo, se ha detectado que tanto el estrés como la angustia y la ansiedad se caracterizan por presentarse físicamente de manera similar al miedo, con la diferencia de que el factor que atemoriza puede ser imaginario o sin características que atenten contra la vida.

Debido a que el ser humano es complejo en mente y cuerpo, se vuelve necesario tomar en cuenta cualquier cosa que le sucede desde la perspectiva biológico, psicológico y social.

Identificando las manifestaciones de cada uno

Un cuadro de estrés, ansiedad y/o angustia se puede identificar por cómo se manifiesta desde diferentes puntos. Los signos, es decir, lo visible y lo palpable, así como por síntomas, que son las reacciones subjetivas e intangibles, serán la guía que permita identificar que algo atípico está sucediéndole a una persona. Por mencionar algunos tenemos:

  • Físicos: escalofríos, parálisis de partes o cuerpo completo, dolores, aumento del ritmo cardiaco, agitación, temblores, sensación de opresión en el estomago o pecho, sudoración, entre otros.
  • Mentales: desorganización de ideas, pensamientos catastróficos, devaluación de sí mismo y del entorno.
  • Emocionales: irritabilidad, aplanamiento, exceso de preocupación, sensación de acongojo, tristeza, desesperación.
  • Conductuales: excesivo orden, no terminar actividades, cambio de decisiones.
  • Sociales: aislamiento de grupos, dependencia a ciertas figuras que signifiquen protección, pobreza de relaciones afectivas de pareja, de amistad o familiares.

Será importante entender que el estrés, angustia y ansiedad son conceptos, lo que significa que estas palabras nombran un conjunto de conocimiento que ha sido ordenado, entendido y aceptado por una persona o un grupo de personas y que al poder nombrarle será entonces más "sencillo" ubicarle y diferenciarle de otros padecimientos. Los médicos, psicólogos, psicoanalistas y filósofos son los principales en tipificar qué le sucede a la persona dependiendo de la combinación, la frecuencia, la duración y la intensidad de signos y síntomas.

¿Cómo distinguirlas?

Estos conceptos no siempre están relacionados con la categoría de enfermedad, ya que el que se experimenten es normal y funcionan como mecanismos adaptativos similares al miedo. Sin embargo, se han detectado diferencias importantes entre estos tres conceptos.

El estrés está relacionado con exigencias externas normalmente vinculadas a lo social que afectan en lo emocional, y como consecuencia desencadena síntomas físicos.

La ansiedad suele enfocarse en los síntomas físicos detonados por sobre saltos provenientes del exterior o por pensamientos devaluatorios o catastróficos que hacen sentir a la persona en riesgo, incluso llegando a manifestarse en ataques de pánico.

La angustia, una sensación presente tanto en la ansiedad como en el estrés, suele caracterizarse por lo intangible y describirse como una dolencia existencial o de acongojo, relacionada mayormente a la depresión o psicosis.

La evolución sobre las explicaciones del estrés, la angustia y la ansiedad van de la mano de la tecnología, avances científicos y movimientos sociales. Todo lo anterior ocasiona que se vuelva confuso, contradictorio o incluso monótona la información que se suele encontrar. Lo único que podemos asegurar sobre estos padecimientos es que generan sufrimiento y dolor para la persona, por lo que buscar la forma de ayudar a aliviar lo que siente será el motor para seguir definiendo cada vez con más claridad qué significa.

Las terapias cognitivo-conductuales serán las más adecuadas para tratar lo que se refiera con los pensamientos y el comportamiento, ayudarán a concientizar con más agudeza y eso facilitará estar alerta, sobre todo de manera preventiva.

Las terapias humanistas o psicoanalíticas tendrán objetivo de trabajar desde la parte afectiva, los conflictos en las relaciones y a identificar de origen la situación.

Los tratamientos médicos serán de utilidad para calmar lo relacionado con el cuerpo y lo incontrolable por la mente. Así también las terapias narrativas podrán dar palabras al sentir y los discursos impuestos sociales y lo sistémico a concientizar el entorno.

Cada uno de los y las especialistas en esto harán un esfuerzo por buscar la manera de que la persona sufra menos, sin embargo, será siempre importante recordar que la definición de un concepto puede ir cambiando, dependiendo del avance en las investigaciones desde diferentes áreas. El estrés, la angustia y la ansiedad no son lo mismo y tampoco son tan distintos entre sí, las únicas personas quienes podrán definir la gravedad serán los profesionales y la persona misma que lo sufre, por lo que la definición precisa de lo que cada persona padece será ocupación de dos. Si un especialista no da al clavo será otro y el éxito en esto será la relación que se cree y la búsqueda de la persona por entenderse cada vez más. Psic. Grecia S. Romero Sánchez

Centro de Psicología

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