Un resumen del uso de la introspección en el mundo de la ciencia del comportamiento. Unsplash.

Pese a la extendida creencia de que todo avance en nuestra vida depende de que nos volquemos hacia fuera asumiendo proyectos e iniciativas, lo cierto es que la mirada hacia el interior es necesaria para el desarrollo personal.

Todo ser humano está compuesto por pensamientos y emociones que albergan una naturaleza íntima, y cuyo descubrimiento precisa de valentía para sumergirnos tras los bastidores del teatro de las apariencias.

Así, la introspección ha sido objeto de estudio desde el nacimiento mismo de la Psicología, al imponerse como un método ineludible para el acceso a los procesos internos que rigen los afectos y la conducta.

En este artículo delimitaremos el concepto de introspección en Psicología, trazando una descripción de su recorrido histórico y de las utilidades terapéuticas que se derivan de su uso.

La introspección en Psicología

El desglose etimológico del término “introspección”, que procede del latín, sugiere una observación que se aparta del curso externo de los sucesos para depositarse sobre el modo en que son percibidos, así como en los sutiles matices de la emoción que emerge como resultado de todo este proceso. Supone una deliberada pausa sobre el flujo natural de lo que sucede fuera, con el fin de fortalecer la conciencia sobre hechos internos que suelen pasar inadvertidos.

Como método de análisis del hecho humano, resulta indivisible del proceso a través del cual la Psicología se emancipó de la Filosofía, la cual se fundamenta sobre la reflexión atenta de la realidad con el fin de sustraer la verdad que yace tras ella. Así, los primeros pasos de esta disciplina se debatían abriéndose camino en la oscuridad interior mediante la luz de la subjetividad. Se asumía, por lo tanto, que la persona constituía tanto el fin como el método de su ámbito de conocimiento.

La llegada de las corrientes positivas a la ciencia supuso un enorme punto de inflexión, asumiéndose que las disciplinas naturales y humanas debían acomodarse a la objetividad de la física o la química, si es que pretendían conformar un corpus de conocimiento digno de ser incorporado al acervo científico. En este contexto epistemológico, la Psicología necesitaba desandar el camino y transitar en adelante por el sendero de lo tangible.

En este mismo sentido, la primera mitad del siglo XX estuvo dominada por el conductismo como paradigma casi único, focalizándose el objeto de estudio sobre los actos que el ser humano desplegaba en su entorno natural. La conducta manifiesta se convirtió en la unidad básica de conocimiento, y todos los esfuerzos se dirigieron a explorar aquellos factores que promovían su inicio o su mantenimiento, así como las contingencias sobre el sujeto que pudieran derivarse de la misma.

Tras muchas décadas de sólido empirismo, la segunda mitad del siglo XX fue testigo del nacimiento de la Psicología cognitiva. Esta reclamaba la relevancia de los pensamientos y de las emociones como fenómenos dignos de estudio, complementando con su inclusión la ecuación mecanicista que proponía el conductismo original (y que dista mucho de las concepciones actuales de esta misma línea de pensamiento).

En este contexto histórico, la introspección volvió a ser planteada como recurso para el trabajo clínico y la investigación, articulándose una sucesión de metodologías estructuradas a través de las cuales todo individuo podía adoptar el papel de observador activo de sus propios procesos internos, apresando realidades cuya idiosincrasia no se resolvía totalmente bajo el amparo de los análisis objetivos de la conducta.

Historia de la introspección científica

Los primeros usos de la introspección como método en el ámbito de la Psicología tuvieron lugar en la ciudad de Leipzig (en la Alemania Oriental), y más concretamente de la mano de Wilhelm Wundt y su laboratorio de Psicología Experimental. El propósito de este autor, a finales del siglo XIX, radicaba en el estudio de la experiencia inmediata (procesos internos conscientes del ser humano en su reacción al medio), en contraposición a la mediata (la cual consistiría en la medida objetiva de estímulos, dependiente de la física).

En este sentido, la introspección era la única herramienta válida para el estudio de los fenómenos que dependían de la Psicología. Aun con todo, esta era enriquecida con el uso de las tecnologías de la época, a través de las cuales se evaluaba el tiempo de reacción o la asociación léxica y se imponía cierto control a la presentación del estímulo experimental, incluyendo medidas electrofisiológicas a partir de las cuales inferir (del modo más objetivo posible) los procesos internos.

Otro autor fundamental, que hizo uso del método introspectivo desde la fenomenología, fue Franz Brentano. Este tendría un particular interés por estudiar el pensamiento del ser humano, por lo que se decantaría por el análisis de los procesos internos que se desencadenan al resolver un problema. Según Brentano, lo que diferenciaría a los fenómenos psicológicos de los puramente físicos sería la intencionalidad de los primeros.

Al igual que Wundt, separaría la Física de la Psicología aludiendo al matiz de la percepción humana. La mayor parte de la actividad de la corriente fenomenológica se llevaría a cabo en la escuela de Wurzburgo (Baviera, Alemania), concretamente a través del método de la introspección retrospectiva. En este, el sujeto experimental debía recordar a posteriori qué procesos de orden superior necesitó para resolver una situación compleja, altamente estructurada y replicable.

Introspección en la Psicología de nuestros días

La introspección continúa siendo un objeto de interés en la Psicología moderna. Así, existen enfoques terapéuticos que hacen uso de ella (directa o indirectamente) como método de evaluación y/o intervención; siendo algunos ejemplos la terapia basada en mentalización, el mindfulness (atención plena o consciente) y la reestructuración cognitiva.

En lo sucesivo valoraremos el uso que hacen de la introspección en cada uno de estos casos, considerando que en algunos de ellos suele complementarse con el empleo de otros métodos más objetivos de análisis.

Terapia basada en la Mentalización

La Terapia basada en la Mentalización es un procedimiento de corte psicodinámico, que fue concebido originalmente para el abordaje de problemas graves de salud mental, como el trastorno límite de la personalidad (TLP) o la esquizofrenia. Pese a su extensión en muchas zonas del mundo, no es una estrategia que se haya difundido en países de habla hispana, por lo que los manuales originales sobre la cuestión (publicados a principios de siglo) no han sido traducidos a este idioma.

La Terapia basada en la Mentalización supone acentuar la importancia de todos los procesos internos a la hora de explicar la conducta. A través de la técnica se busca que la persona interprete todo acto ajeno a tenor de procesos como el pensamiento y las emociones, lo que permite predecir las reacciones de los demás y atribuir una inferior carga culpatoria a las situaciones interpersonales en las que pueda percibirse un agravio.

El modelo entiende que, con el fin de controlar la sintomatología asociada a estos trastornos; la persona debe fortalecer la conciencia de su self (o sí mismo) para identificar, gestionar y expresar afectos de un modo más apropiado; puesto que cabría la posibilidad de que la metacognición sobre estos quedara diluida en momentos de alta tensión relacional. Supone, por lo tanto, una autoconciencia dirigida a entender qué ocurre dentro para mejorar lo que sucede fuera.

Los autores originales de este procedimiento (Bateman y Fonagy) ubican las dificultades internas de estos pacientes en el desarrollo de un apego inseguro durante la infancia, el cual dificultaría la adquisición de las competencias básicas para la gestión de la emoción y de la conducta. Pese a ello, consideran que pueden desarrollarse en la vida adulta a través de un esfuerzo deliberado e intencional, dirigido a comprender los resortes de la experiencia.

Mindfulness

El Mindfulness es una forma de meditación que proviene de las tradiciones budistas. Fue desprovista de sus matices religiosos para su adaptación al contexto occidental, en primer momento como una terapia para el control del dolor (formulada por Jon Kabat-Zinn). En la actualidad, no obstante, cuenta con muchas aplicaciones terapéuticas diferentes.

Entre sus premisas destaca la atención plena no solo a las situaciones que nos envuelven, sino también a los propios procesos internos. En este sentido, busca de forma deliberada lo que ha pasado a conocerse como la "mente de testigo", a través de la cual se asume una conciencia profunda del discurso interno de un modo que el individuo se desprende de todo conato de identificación con él. Así, la persona no sería una emoción o un pensamiento, sino un ser sintiente y consciente de que piensa y se emociona.

Reestructuración cognitiva

La reestructuración cognitiva persigue una serie de objetivos que implican el recurso de la introspección.

En primer lugar, pretende que el paciente comprenda el papel clave de lo que piensa sobre lo que siente y hace. En segundo lugar, busca la detección de esquemas desadaptativos y distorsiones cognitivas que se asocien a la experiencia de malestar. Finalmente, persigue la implantación de una actitud crítica dirigida a modificar el pensamiento por otro más objetivo y racional.

El desarrollo de todo este proceso implica el uso de autorregistros en papel, con espacios que se reservan para las variables relevantes (situación, pensamiento, emoción y conducta), y que son cumplimentados con posterioridad a que suceda un hecho que detone el malestar afectivo (tristeza, miedo, etc.). Se trata de una forma de introspección retrospectiva, a través de la que aumenta el nivel de conciencia sobre procesos internos sujetos a un alto grado de automatización.

La práctica de estrategias de reestructuración cognitiva propicia el contexto idóneo para el autoconocimiento, así como para el descubrimiento de las causas de nuestro malestar, más allá de las situaciones que nos corresponda vivir. Supone por tanto una aproximación al dominio de lo cognitivo, una forma de introspección que permite adquirir un control de la vida emocional a través del proceso de interpretación de las cosas que nos ocurren.

Referencias bibliográficas:

  • Danziger, K. (2001). Introspection History of the Concept. International Encyclopedia of the Social and Behavioral Sciences, 12, 702-704.
  • Sánchez, S. y de la Vega, I. (2013). Introducción al Tratamiento basado en la Mentalización para el Trastorno Límite de la Personalidad. Acción Psicológica, 10(1), 21-32.