La palabra fetiche puede hacer referencia, desde una óptica antropológica, a amuletos y elementos propios de un determinado tipo de culto tribal o, desde una óptica psicológica, a la relativa obsesión con un determinado objeto, especialmente de forma sexual.

Esta última definición es la que vamos a desarrollar más a fondo a lo largo de este artículo, además de comprender si el fetichismo es o no es un trastorno psicológico. Descubramos con mayor profundidad que es es un fetiche.

¿Qué es un fetiche en Psicología?

En su sentido más general, se entiende como fetiche a un objeto material de culto al que se concede propiedades mágicas y sobrenaturales, que puede llegar a ser venerado como un ídolo. Este tipo de objetos son los que se usan en muchas tribus y civilizaciones antiguas y su idolatría ha sido el pilar fundacional de muchas religiones modernas. La idolatría a los fetiches es algo universal, que aparece en muchos lugares diferentes del mundo.

Sin embargo, la definición que trataremos no tiene que ver con esta concepción antropológica de lo que es un fetiche, sino su definición más de tipo psicológico. Concretamente en el campo de la psicología de la sexualidad entendemos como fetiche a un objeto o parte del cuerpo que inspira algún tipo de atracción sexual a alguien, aunque de normal ese elemento no tenga significado sexual alguno en nuestra especie.

La palabra “fetiche” procede del latín “facticius”, que significa artificial e inventado, haciendo referencia a que el significado que se le atribuye es totalmente subjetivo, sea cultural o sea sexual. La palabra habría evolucionado a “feitiço”, palabra usada por los navegantes portugueses para referirse a los objetos de culto que se encontraban en sus viajes, de fascinación obsesiva. Esa misma palabra evolucionó a “fétiche” en francés, de donde viene “fetiche”, adquiriendo la definición que acabamos de ver.

El fetiche sexual

Los orígenes de la palabra “fetiche” usada con connotación sexual en psicología los tenemos en la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud. Fue él mismo quien le dio la definición de atracción sexual anómala hacia un objeto o parte del cuerpo que poco tiene que ver con la función reproductiva. Entre estos objetos y situaciones sin función claramente reproductiva pero que activan una respuesta sexual tendríamos los zapatos de tacón, los arneses BDSM, ropa de cuero, lencería, látigos, cadenas, pies, axilas…

También puede ser un fetiche una situación o acción concreta. Hay personas que tienen un verdadero fetiche con las personas que fuman, visten con ropa de ejecutivo o caminan de una determinada forma. También estaría dentro del fetiche el interés sexual de ser consquilleado (tickling), atado, azotado, amordazado o humillado (prácticas BDSM) u orinado encima (pissing). Estos fetichismos son más intensos que los relacionados directamente a un tipo de objeto, y no son pocas las comunidades de personas que buscan compañeros sexuales con quienes practicarlas.

Entre los objetos que no se considerarían fetiches sexuales tendríamos los objetos destinados a la estimulación sexual, como lo son los vibradores. Estos aparatos, si bien no son “naturales”, están diseñados de forma específica para despertar la activación sexual. Lo hacen no porque la persona sienta que le producen algún tipo de atracción, sino porque, al colocarse en los genitales, producen estimulación física en ese mismo lugar como si fuera un genital de otra persona.

Teorías sobre el fetichismo

El sexo despierta mucho interés y, si hablamos del sexo que se sale de la norma social, todavía más. Por esto no es de extrañar que se hayan planteado innumerables teorías para explicar el fetichismo, además de debatir sobre si es o no es un trastorno. A continuación descubriremos las dos teorías más relevantes sobre este tipo de conducta sexual.

Teoría psicoanalítica

Freud fue de los primeros psicólogos en abordar psicológicamente el fetichismo sexual. En su caso hablaba de una conducta sexual que era activada ante la presencia de un objeto o elemento que, en principio, no debería tener significado sexual objetivamente hablando, pero que la persona fetichista le atribuía alguno.

Para el psicoanálisis, el fetiche es una manifestación perversa, considerándolo el núcleo y lugar común de todas las demás parafilias.

Según esta corriente, el fetichismo es la forma en cómo se manifiestan los problemas que tiene el sujeto con las normas sociales, especialmente cuando estas normas son muy estrictas. Esto se puede relacionar con el tiempo que vivió Freud, puesto que a finales del siglo XIX (Época Victoriana) había mucha represión sexual.

Esta represión hacía que las personas tuvieran casi nada de libertad sexual, haciendo que en lo más íntimo desarrollaran las más turbias e inconfesables fantasías. A mayor represión sexual, más intenso sería el fetichismo. Es en esta época en la que se empieza a hablar de conductas como el voyeurismo, el sadomasoquismo o el travestismo.

Para otros psicoanalistas, como sería el caso de Piera Aulagnier, el fetichismo sería un estado fronterizo entre la neurosis y la psicosis. Una vez superada esa barrera el individuo entraría directamente en el mundo de la psicosis y, por lo tanto, de la psicopatología alucinatoria, como la esquizofrenia.

Teoría del condicionamiento

El psicoanálisis es muy interesante pero ya ha perdido bastante peso en el campo científico. Por ese motivo ha sido necesario plantear otras teorías que permitieran explicar el porqué de la existencia del fetichismo, y entre ellas tenemos las propuestas conductuales, además de apoyada por figuras clásicas como la del psiquiatra Richard von Krafft-Ebing o el psicólogo Alfred Binet.

La teoría del condicionamiento explica que el fetichismo es el resultado de un condicionamiento durante la infancia del sujeto fetichista. El origen de su fijación sexual hacia un objeto o parte del cuerpo se debería a una circunstancia casual ocurrida durante el proceso del aprendizaje y autoconocimiento sexual. Al coincidir el objeto fetichista y la exploración sexual, la persona asociaría placer con ese objeto.

Esta relación se iría asentando hasta llegar a la edad adulta, transformada en un muy fuerte interés sexual hacia el objeto y convertido en un importante elemento durante el coito o cualquier relación sexual. En caso de que el fetiche no esté presente durante el coito, es bastante probable que la respuesta sexual no se dé.

Fetichismo ¿bueno o malo?

Un debate muy extendido es el de si el fetichismo sexual es algo bueno o malo, es decir, si implica o no un trastorno psicopatológico. Al igual que sucede con cualquier otra parafilia, no se considera un trastorno ni problema psicológico el fetichismo siempre y cuando no se dañe a otras personas ni implique un deterioro cognitivo, social, laboral y emocional en la persona.

Tradicionalmente se ha visto el fetichismo como un trastorno, entendido como la atracción sexual anómala hacia un determinado objeto o elemento. La lógica detrás de esta idea es que, como se sale de la norma tiene que ser, por necesidad, patológico. Sin embargo se ha superado esta idea y, de hecho, se considera que lo normal es que las personas tengan algún tipo de fetichismo. Cualquiera puede tener un cierto grado de excitación fetichista, saliéndose de lo que se consideraría como sexo “normal”, sin tener un trastorno fetichista.

Tener un fetiche no tiene nada de extraño ni extravagante, y es algo que no debería avergonzar a nadie de acuerdo con los expertos, ni se tendría que mantener oculto en la pareja. De hecho, los fetiches, bien llevados, permiten salirse de la monotonía en el sexo. Realizar las mismas prácticas sexuales una y otra vez con la pareja pueden acabar desgastándola, algo que, a la larga, podría incluso terminar con ella. Cumplir con este tipo de pequeñas perversiones es algo necesario para que la pareja se sienta satisfecha.

El fetichismo se considerará un trastorno en caso de que la persona dependa por completo de su fetiche para tener una respuesta sexual. Por ejemplo, una persona que tiene un fetichismo con los zapatos de tacón, si solo se excita ante la presencia de este tipo de calzado sin fijarse en la persona que los lleva, tiene un problema. Solo poder realizar el sexo ante teniendo cerca el objeto en cuestión limita mucho la experiencia sexual, haciendo que la persona necesite unas condiciones muy específicas para poder excitarse.

Referencias bibliográficas:

  • Bancroft, John (2009). Human Sexuality and Its Problems. Elsevier Health Sciences. pp. 283–286.
  • Darcangelo, S. (2008). "Fetishism: Psychopathology and Theory". In Laws, D. R.; O'Donohue, W. T. (eds.). Sexual Deviance: Theory, Assessment, and Treatment, 2nd edition. The Guilford Press. pp. 112–113.
  • Ramachandran, V. S. (1994). "Phantom limbs, neglect syndromes, repressed memories, and Freudian psychology". International Review of Neurobiology. 37: 291–333. doi:10.1016/S0074-7742(08)60254-8. ISBN 9780123668370. PMID 7883483.