¿Has escuchado a hablar alguna vez del sesgo de veracidad? Se trata de un fenómeno con dos posibles significados: por un lado, es la tendencia a creer que los demás son honestos y por tanto, dicen la verdad, y por el otro, es la tendencia a recordar información “falsa” como verdadera.

En este artículo os traemos los hallazgos de la investigación científica para cada uno de estos dos significados, ya que el fenómeno del sesgo de veracidad se ha estudiado de las dos maneras. Como veremos, se trata de un concepto muy relacionado con la investigación criminal y con la psicología jurídica. Pero, ¿por qué? Vamos a descubrirlo.

Sesgo de veracidad: dos significados

Antes de nada, debemos tener en cuenta que el sesgo de veracidad presenta dos posibles significados.

1. Significado 1: Creer que los demás son honestos

El primer significado del sesgo de veracidad, término introducido por Zuckerman et al. en 1981, es aquel que lo define como la tendencia que tenemos a creer o suponer que las demás personas son honestas (y que dicen la verdad, que son sinceras).

Es decir, según el sesgo de veracidad, supondríamos que los demás son honestos mucho más de lo que en realidad son.

2. Significado 2: Recordar información “falsa” como verdadera

El segundo significado del sesgo de veracidad, que ha sido investigado recientemente en un estudio de Pantazi, Klein & Kissine (2020), hace referencia al hecho de que las personas tendemos a recordar, de forma errónea, como verdadera, la información que se nos ha explicado de forma explícita que es falsa.

Es decir, según este sesgo, tendemos a recordar como verdadera información etiquetada como “falsa”. ¿Suena un poco contradictorio, no?

Investigación científica de ambos fenómenos

Pero, ¿qué dice exactamente la investigación científica sobre el sesgo de veracidad? Vamos a analizar la investigación que se ha realizado en relación a este fenómeno, diferenciando los dos significados atribuidos al mismo.

1. Sesgo de veracidad 1: creer que los demás son honestos

¿Qué sugiere la investigación cuando analiza el sesgo de veracidad, entendiéndose éste como la creencia “excesiva” de la honestidad de los demás? ¿Somos buenos detectando mentiras?

Según un estudio de Levine, Park y McCornack (1999), tendemos a identificar más fácilmente las verdades que las mentiras.

Pero, ¿por qué? Según los autores, precisamente porque manifestamos ese sesgo de veracidad, y tendemos a considerar que los demás, generalmente, nos dicen la verdad; esto explicaría que nuestra precisión al juzgar verdades sea buena, y al juzgar mentiras, sea un poco más mala (Levine et al., 1999; Masip et al., 2002b).

En siguientes estudios, concretamente en un meta-análisis realizado por Bond y DePaulo, se encontró que el % medio de los juicios de verdad era del 55% (por azar, se espera que este % sea del 50%, o sea que la media subía). Este % hizo que la precisión de los jueces a la hora de juzgar declaraciones como verdaderas, llegara hasta el 60%. Éste último porcentaje era ligeramente superior al que aparece cuando los jueces debían juzgar declaraciones falsas (que se situó en un 48,7%).

Policías

Hemos hablado de jueces, pero, ¿qué ocurre con los policías? Según las investigaciones de Meissner y Kassin (2002), de Bond y DePaulo (2006) y de Garrido et al. (2009), en los policías esta tendencia que hemos explicado se invierte, y se observa cómo en la mayoría de veces la precisión para detectar declaraciones falsas es superior a la precisión para detectar declaraciones verdaderas.

El sesgo de mendacidad

Una posible explicación a esto es que los policías tienen una mayor tendencia a hacer juicios de mentira y no tanto de verdad; en otras palabras, muestran el sesgo de mendacidad. ¿Cómo se define este sesgo? Consiste en la tendencia a hacer más juicios de mentira que de verdad (el cual se cumple en los policías).

En las personas no profesionales (es decir, ni jueces ni policías ni pertenecientes al sector legal), en cambio, este sesgo no aparece, ya que según la investigación (Levine, Park y McCornack, 1999) tenderíamos a ser más precisos a la hora de juzgar la verdad que la mentira (es decir, el sesgo de mendacidad se invierte).

2. Sesgo de veracidad 2: recordar información “falsa” como verdadera

Los estudios anteriores al de Pantazi et al. (2020), ya mencionado, revelan que las personas, de por sí, estamos sesgadas por la verdad; esto quiere decir que tendemos a creernos información que recibimos, incluso cuando ésta está marcada o etiquetada como información falsa.

Según el estudio de Pantazi et al. (2020), el sesgo de veracidad consiste en una especie de ineficacia que presentamos las personas a la hora de calibrar la calidad de la información que nos proporciona el medio, que también afecta a la hora de “corregir” dicha información.

Desarrollo estudio Pantazi et al. (2020)

Para demostrar el sesgo de veracidad, los experimentadores del estudio que comentamos procedieron a lo siguiente: diseñaron un paradigma experimental donde se les pidió a jurados simulados (condición o estudio 1) y a jurados profesionales (condición o estudio 2) que leyeran dos informes de delitos.

Dichos informes contenían información agravante o atenuante de tales delitos, y se especificó, de forma explícita, que esta información era falsa.

Lo que evaluaron en el estudio fue: las decisiones tomadas por los jurados en relación a los casos planteados (es decir, las sentencias), incluyendo cómo la información falsa influía en ellas, así como su memoria (y, evidentemente, también cómo la información falsa afectaba a ésta).

En definitiva, se quería comprobar si el sesgo de veracidad aparecía en estos grupos, en el contexto jurídico en el que se enmarca el mencionado estudio.

Hallazgos

¿Qué sugieren los hallazgos de este experimento en relación al sesgo de veracidad?

Básicamente, que tanto los jurados simulados como los jurados profesionales presentaban el sesgo de veracidad; esto quiere decir que todos los participantes habían tomado decisiones, en relación a los casos, sesgadas por la información falsa, y que la memoria de éstos también estaba sesgada por dicha información (información falsa).

Concretamente, los resultados de la condición o estudio 2 (jurado profesional), indicaron que los jueces profesionales se habían visto afectados (o influenciados) por la información falsa a la hora de emitir sus veredictos, de forma similar a lo que ocurría con el estudio 1 (jurado simulado). Es decir, en un grado similar.

Por otro lado, también es cierto que se detectó bastante variabilidad en las decisiones de los jueces, una vez escuchada la información falsa, en relación a los años de cárcel que proponían para los acusados (a través de los diferentes casos).

Además, los resultados del estudio revelan que en el 83% de las ocasiones, los jueces emitían oraciones más largas después de haber recibido información o evidencias falsas que agravaban el crimen, que cuando recibían pruebas falsas (y no tanto información).

Memoria

¿Qué observaron en los jueces en cuanto a la memoria evaluada? Los resultados muestran cómo los jurados, tanto simulados como profesionales, mostraron una tendencia a recordar, de forma errónea, información agravante y explicitada como falsa.

Un dato curioso que revela el estudio es que la capacidad de los jueces para filtrar o discriminar la información falsa de la que no lo es (tanto si analizamos sus decisiones y sentencias, como su memoria), no dependía de sus años de experiencia.

Referencias bibliográficas:

Garrido, E., Masip, J. y Alonso, H. (2009). La capacidad de los policías para detectar mentiras. Revista de derecho penal y criminología, 3 (2), pp. 159-196. Levine, T. R., Park, H.. S., & McCornack, S. A. (1999). Accuracy in detecting truths and lies: Documenting the “veracity effect.” Communication Monographs, 66, 125-144. Masip, J., Garrido, E. & Herrero, C. (2002). Anuario de Psicología Jurídica. McCornack, S.A. & Parks, M.R. (1986) Deception Detection and Relationship Development: The Other Side of Trust. Pantazi, M., Klein, O. & Kissine, M. (2020). Is justice blind or myopic? An examination of the effects of meta-cognitive myopia and truth bias on mock jurors and judges. Judgment and Decision Making, 15(2): 214–229.