La baciloscopia es una prueba que se realiza en medicina para detectar bacterias del tipo bacilo en una muestra determinada. Esta metodología es muy útil en la identificación del microorganismo Mycobacterium tuberculosis, agente causal de la tuberculosis (TB).

En el mundo de la microbiología, la detección es la clave del éxito. Para poder tratar una enfermedad infecciosa encontrar al agente causal con presteza antes de que este se multiplique de forma descontrolada es esencial. Esto puede ser sencillo en procesos parasíticos como la teniasis, por ejemplo, donde el parásito mide más de un metro.

Por desgracia, las bacterias son mucho más pequeñas y esquivas en muchos casos. Por ello, se han ideado métodos sofisticados para su detección como la baciloscopia que hoy nos atañe. Si quieres conocer más acerca del tema, te animamos a seguir leyendo.

¿Qué es una baciloscopia? Características de esta prueba

Como no podemos empezar a construir la casa por el tejado, en primer lugar debemos entender lo que es un bacilo, para más tarde poder sumergirnos en cómo detectarlo.

La palabra “bacilo” se utiliza para describir a cualquier bacteria con forma de vara o barra. Así pues, se trata de una clasificación morfológica que no entiende de especies, géneros y órdenes. De todas formas, sí que existe una agrupación que se acoge a este término, las bacterias dentro del género Bacillus.

Puede parecer lioso, pero este complejo terminológico se puede resumir en que todas las bacterias del género Bacillus son bacilos, pero no todos los bacilos pertenecen a este género. Sin ir más lejos, la bacteria causante de la tuberculosis pertenece al género Mycobacterium, por mucho que tenga una forma de vara. Esta no es la única, pues entre otros muchos, los géneros Salmonella, Moraxella o Yersinia también son considerados bacilos por su morfología alargada.

Hemos definido el primer término clave para entender a la baciloscopia: el bacilo. Este es el principio causal de la prueba, pero la finalidad desde luego se resume en detectar la tuberculosis. Así pues, esta enfermedad requiere de una mención previa especial.

El bacilo de la muerte y la tuberculosis

La Organización Mundial de la Salud (OMS) nos arroja ciertos datos relevantes en lo que a la tuberculosis se refiere. Algunos de ellos son los siguientes:

  • Esta enfermedad es una de las 10 causas más frecuentes de muerte en el mundo, la primera de naturaleza infecciosa.
  • En 2018 se contagiaron la friolera de 10 millones de personas, de las cuales 1,5 millones terminaron falleciendo.
  • La tuberculosis es la principal causa de muerte de las personas VIH-positivas.

Como podemos ver, estamos ante una bacteria patógena extremadamente dañina para la sociedad humana. El crecimiento de Mycobacterium tuberculosis en las vías respiratorias del paciente genera tos productiva, dolores torácicos, debilidad, pérdida de peso y sudoraciones nocturnas. Por vía sanguínea o linfática las bacterias pueden extenderse a otros órganos, agravando el cuadro clínico aún más.

Uno de los mayores problemas de la tuberculosis es que los síntomas más obvios comienzan a manifestarse cuando las lesiones en el tejido pulmonar son ya graves y la infección se encuentra en un estado avanzado. Por ello, pruebas como la baciloscopia se hacen esenciales para actuar con la mayor rapidez y eficacia posibles. A continuación, te explicamos en qué consiste este método de detección.

El diagnóstico diferencial

Ya conocemos el principio (el bacilo Mycobacterium tuberculosis) y el fin (la tuberculosis TB). Ahora, naturalmente, nos queda sumergirnos en el mundo del diagnóstico que correlacionan al microorganismo con la enfermedad del paciente. Para ello es necesario seguir una serie de pasos.

1. Recolección de la muestra

En primer lugar, es necesario recalcar que para poder realizar la baciloscopia se requiere de una muestra de esputo del paciente. Según estudios clínicos, esta debe almacenarse en un recipiente estándar (de boca ancha, cierre hermético y fabricado a partir de plástico resistente a roturas).

Como la eliminación de los bacilos con el esputo no es constante, se aconseja que se recojan un total de tres muestras por paciente. La primera detecta aproximadamente un 80 % de los casos positivos, la segunda un 15 % y la tercera el 5 % restante. Desde luego, la obtención de las muestras debe ser a distintas horas del día para maximizar la posibilidad de detección del patógeno.

En el caso de sospecha de diseminación de la infección a otros órganos se pueden tomar muestras del líquido cefalorraquídeo, orina o pus proveniente de un absceso.

Una vez obtenida, transportada y fijada sobre un portaobjetos, es hora de buscar en la muestra al microorganismo causante de la enfermedad.

2. Tinción

Para poder observar al bacilo en la muestra es necesario someterlo a un proceso de tinción, específicamente a la tinción de Ziehl-Neelsen.

El fundamento de esta técnica se basa en que la pared celular de ciertas bacterias (como Mycobacterium tuberculosis) presenta capacidades ácido-alcohol resistentes, es decir, que estas bacterias tienen una propiedad de retención de colorantes básicos a pesar de la exposición a decolorantes como el complejo ácido-alcohol.

Por ello, se aplica a la muestra extendida del esputo un colorante denominado fucsina que después será sometido a un proceso de decoloración. Tras ello, se utilizará un colorante nuevo.

Las bacterias que presentan un color rojo tras el proceso de decoloración (por la fucsina retenida en su pared celular) son las buscadas, mientras que el resto se observan con una coloración azul (ya que se utiliza azul de metileno como tinte de contraste posterior).

Así, al microscopio se podrán observar una serie de pequeños elementos curvos aislados o agregados, con forma de bastoncillo de color rojo fucsia de entre uno y 10 micrómetros de largo. Esto permite un diagnóstico claro diferencial: si hay densidad de microorganismos rojos entre los azules en la muestra del paciente, la tuberculosis está asegurada.

3. Consideraciones posteriores

No es oro todo lo que reluce, pues a pesar de la rapidez y barato coste de la baciloscopia, la Organización Mundial de la Salud nos avisa de que esta solo detecta la mitad de los casos de tuberculosis y es incapaz de informar de si hay farmacorresistencia por parte del microorganismo.

Desde luego, observar si la bacteria está o no presente en la muestra del paciente es el primero de los pasos, pero entender también si se trata de una cepa resistente a fármacos como la rifampicina (tuberculosis multirresistente) puede llegar a suponer la diferencia entre la vida y la muerte del enfermo.

Por ello, esta organización recomienda la realización de la prueba “Xpert MTB/RIF”, que detecta la enfermedad y la resistencia a la rifampicina de forma simultánea en menos de dos horas. Si bien la sensibilidad de esta nueva prueba es muy alta ante infecciones pulmonares, su capacidad de diagnóstico disminuye cuando la infección se propaga a otros órganos.

Conclusiones

Como hemos podido observar, la baciloscopia es un método de detección de bacterias en forma de bacilo tales como Mycobacterium tuberculosis, el patógeno causante de la enfermedad infecciosa que más muertes produce en todo el mundo.

Aún así, debido a la surgencia de cepas bacterianas resistentes a fármacos, se hace necesario refinar aún más los métodos de detección: ya no vale con saber que la bacteria está presente en la muestra del paciente, sino también ante qué fármacos responde y a cuales es resistente.

Por todos estos motivos, esta forma de detección se considera relativamente arcaica y cada vez más en desuso, aunque siempre es una buena opción en hospitales de países de bajo ingreso sin medios sofisticados.

Referencias bibliográficas

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  • Tuberculosis, Organización Mundial de la Salud (OMS). Recogido a 24 de agosto en https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/tuberculosis