Un repaso a los riesgos de este tipo de terapia. Wikimedia Commons.

Desde que en 1938, el neurólogo italiano Ugo Cerletti introdujera la terapia electroconvulsiva como tratamiento para varios trastornos mentales, esta técnica ha sido objeto de poderosas críticas, en ocasiones basadas en informaciones incorrectas.

En la actualidad, y tras más de 80 años de uso, este método terapéutico sigue generando dudas respecto a su eficacia y seguridad. Pero, ¿a qué se debe esta polémica? ¿Es peligrosa la terapia electroconvulsiva? En primer lugar, veamos en qué consiste este tipo de intervención.

¿En qué consiste la terapia electroconvulsiva?

La terapia electroconvulsiva (TEC) es un procedimiento llevado a cabo con anestesia general y que consiste en introducir pequeñas corrientes eléctricas a través del cerebro para, de este modo, desencadenar una breve convulsión de manera intencional.

Esta técnica consiste en colocar al paciente varios electrodos en la frente y una cinta de goma a su alrededor por donde se conectan los cables que a su vez van conectados a la máquina que controla y ejecuta el mecanismo eléctrico.

Durante el procedimiento, la corriente eléctrica pasa de los electrodos al cerebro en apenas unos segundos. Esto es lo que provoca la convulsión que, por lo general, dura menos de 1 minuto. Debido a que el paciente se encuentra anestesiado y sus músculos relajados, hay pocas o ninguna señal de que esté convulsionando y su cuerpo suele estar completamente inmóvil.

El objetivo final de esta técnica terapéutica es provocar cambios en la neuroquímica cerebral, de modo que se puedan revertir rápidamente algunos de los síntomas de los trastornos y enfermedades mentales graves que trata de paliar.

Para qué tipo de trastornos está indicada la terapia

La principal indicación de la terapia electroconvulsiva (TEC) es la depresión mayor grave que amenaza la vida o perjudica el funcionamiento del individuo de forma significativa. Debido a su rapidez de acción y eficacia, puede ser el tratamiento de elección en trastornos psiquiátricos graves como la catatonía, la depresión, el trastorno bipolar y las psicosis.

Se considera esta técnica como el tratamiento agudo más eficaz y más rápido para tratar la depresión mayor. Según los ensayos aleatorios realizados, la remisión se produce en un 70-90% de pacientes que reciben la terapia.

Otra de las indicaciones específicas de la TEC es la depresión unipolar psicótica, personas con tendencias suicidas y desnutrición secundaria al rechazo de la alimentación, catatonia severa, así como personas con episodios de depresión recurrente y tratados con esta terapia tras numerosos fallos con medicamentos.

Se considera que no existen contraindicaciones absolutas para la TEC, con independencia del tipo de población y de su situación clínica, exceptuando a poblaciones de riesgo a las que se debe atender con una supervisión más estrecha.

Principales efectos secundarios

Como todo procedimiento terapéutico, la terapia electroconvulsiva no está exenta de posibles efectos secundarios. Estos son los más comunes:

  • Pérdida de memoria o amnesia
  • Molestias musculares
  • Náuseas
  • Dolor de cabeza
  • Confusión

Los dolores de cabeza, las náuseas y las molestias musculares suelen ser habitualmente leves y pueden prevenirse o atenuarse con medicación. El efecto secundario más desagradable suele ser la pérdida de memoria, si bien es cierto que se revierte y desaparece al cabo de pocas semanas.

Hay que aclarar, no obstante, que este tipo de efectos secundarios depende de las condiciones previas del paciente, como su edad, la susceptibilidad que tenga a este tipo de tratamientos, la técnica utilizada o la frecuencia de administración.

¿Realmente es peligrosa la terapia electroconvulsiva?

Hay evidencias de que la terapia electroconvulsiva es uno de los tratamientos psiquiátricos con tasas de eficacia y seguridad más altas para el abordaje de algunos trastornos mentales graves.

Las investigaciones realizadas concluyen que el efecto secundario más frecuente es la pérdida de memoria o amnesia. Sin embargo, esta terapia parece conllevar menos efectos secundarios que los producidos por algunos fármacos antidepresivos y antipsicóticos en pacientes débiles de avanzada edad.

Aún se desconocen los efectos que puede tener esta técnica sobre el cerebro en desarrollo. En mujeres embarazadas y lactantes en las que preocupa que haya posibles secuelas teratogénicas (defectos congénitos durante la gestación del feto) y otros efectos secundarios de la medicación, también puede ser eficaz, y pueden ser tratadas de manera segura con esta terapia.

Una revisión de 300 casos de TEC durante el embarazo encontró cinco casos de anomalías congénitas (hipertelorismo, pie equino varo (pie zambo), atrofia óptica, anencefalia y quistes pulmonares). La revisión concluyó que estas malformaciones no fueron el resultado de la terapia, y que no había ninguna evidencia de efectos postnatales del desarrollo.

La investigación clínica también apoya la eficacia y la seguridad de la terapia electroconvulsiva como herramienta terapéutica para la prevención de recaídas en el trastorno depresivo mayor, incluso en adolescentes.

Parece pues que, a la vista de los estudios e investigaciones realizadas, a la pregunta de si es peligrosa la terapia electroconvulsiva debemos responder con un no inequívoco, al menos hasta que se demuestre lo contrario.

Eficacia en la intervención sobre trastornos

Las investigaciones llevadas a cabo señalan que la terapia electroconvulsiva (TEC) es eficaz a corto plazo para el tratamiento de la depresión, y es probablemente más eficaz que la terapia farmacológica, siendo la TEC bilateral (con electrodos en los 2 lados de la cabeza) moderadamente más eficaz que la unilateral.

Los estudios concluyen además que altas dosis de TEC parecen ser más eficaces que bajas dosis en el tratamiento de enfermedades mentales graves como la depresión y el trastorno bipolar. Además, la TEC también se muestra eficaz en la depresión bipolar severa.

La TEC también estaría indicada en niños y adolescentes con depresión mayor grave y persistente, con síntomas que pongan en riesgo su vida o que no respondan a otros tratamientos. No obstante, en este tipo de población más joven se debería usar la TEC de forma excepcional y siempre llevada a cabo por un profesional cualificado.

Con todo, la TEC es una terapia reservada única y principalmente para pacientes con sintomatología grave y persistente, sobre todo cuando no han respondido a otro tipo de tratamiento o cuando existe una amenaza real grave para su vida.

Referencias bibliográficas:

  • Gallegos J.; Vaidya P.; D'Agati D.; et al. (2012). Decreasing adverse outcomes of unmodified electroconvulsive therapy: suggestions and possibilities. The Journal of Electroconvulsive Therapy. 28 (2): 77 - 81.
  • Fitzgerald, P.B. (2013). Non-pharmacological biological treatment approaches to difficult-to-treat depression. The Medical Journal of Australia. 199(6): 48 - 51.