¿Cuántas veces nos han dicho que nos parecemos a nuestros padres? Las comparaciones pueden llegar a ser hasta odiosas, pero no son pocas las veces que creemos que somos un vivo reflejo de nuestro padre o de nuestra madre.

Durante muchos años se ha tratado de ver cómo la genética influye en el comportamiento humano, haciendo que un hijo se comporte como su padre a su edad o tratando de entender cómo, a veces, cuando dos gemelos son separados y criados por familias distintas, pese a no conocerse, se comportan de forma muy parecida.

El ambiente influye en la manera de ser de cada uno, pero la genética es algo que está allí y que ejerce su peso sin ninguna duda. Sin embargo, ¿cómo es posible determinar hasta qué punto ejerce su fuerza?

En este artículo vamos a tratar de abordar qué se entiende por heredabilidad y algunas de las investigaciones que se han llevado a cabo para tratar de comprender cómo la personalidad, las capacidades cognitivas y el comportamiento se pueden heredar o no.

Heredabilidad: Definición básica

La heredabilidad es un índice o parámetro estadístico que estima la proporción de la varianza en el fenotipo en una población, esto es, los rasgos psicológicos y físicos que se llegan a manifestar en los individuos, atribuible a la variación genética, es decir, los diferentes genes que tienen cada una de las personas de la población estudiada.

El grado de heredabilidad se expresa en forma de porcentaje o valor del 0 al 1, yendo de la más absoluta ausencia de peso hereditario del carácter fenotípico a la total heredabilidad del mismo, indicando esta total heredabilidad que la influencia del medio ambiente es nula.

¿Realmente es posible estimar qué es debido al ambiente y qué es debido a la genética?

En los últimos años y, sobre todo, gracias a una mejor investigación en el campo de la epigenética, ha sido posible entender cómo de importantes son el ambiente y los genes en cuanto al comportamiento y atributos físicos de una persona. Sin embargo, no son pocos los que han defendido la idea de que el ambiente y la genética influyen de la misma manera, en un porcentaje del 50% cada uno.

Partiendo de un ejemplo hipotético y relacionado con la definición de heredabilidad dada en el apartado anterior, ¿qué significaría que el alcoholismo en España tiene una heredabilidad del 33%? ¿significa que el 33% del alcoholismo se puede explicar en términos genéticos y el 67% restante en términos ambientales? ¿el 33% de los descendientes de un alcohólico serán alcohólicos? ¿el hijo de un alcohólico tiene un 33% de posibilidades de él serlo también? ¿la población tiene un 33% de riesgo de acabar siendo alcohólica?

Ninguna de las preguntas anteriores daría como respuesta un ‘sí’ rotundo. Realmente el término heredabilidad hace referencia a una población en su conjunto, a partir de los datos obtenidos estudiando un grupo de personas que es considerado como representativo de esta misma. Debido a esto, no es posible saber en qué medida realmente genética y ambiente están detrás de un rasgo fenotípico en un individuo en concreto. Además, cabe indicar que cuando se obtienen datos de una muestra esta parte, a su vez, de una población concreta.

Es decir, volviendo al ejemplo anterior, al haberse estudiado el alcoholismo en población española sabemos el porcentaje de heredabilidad de este rasgo en personas que comparten un mismo ambiente o viven en una misma región, en este caso España. No podemos saber a partir de estos datos qué sucede en otras partes del mundo, como Arabia Saudita o Rusia. Para ello tendremos que realizar estudios en esos países y tenerse en cuenta los cambios en el ambiente que puedan haber.

En qué grado la genética influye realmente en un tipo de personalidad o trastorno

La personalidad es un aspecto muy complejo. Todo el mundo ve similitudes en su forma de comportarse y cómo lo hacía alguno de sus padres o algún familiar cercano. Sin embargo, reducir todo el amplio término que supone la personalidad a un pequeño conjunto de genes es lo que se ha llamado reduccionsimo genético, una creencia que resulta un tanto falaz.

Esta idea sostiene que la personalidad o los trastornos mentales son heredables, siendo influidos por el presentar en el genotipo uno o dos genes. En el comportamiento de las personas, además de los factores ambientales que puedan darse, hay múltiples genes implicados, los cuales puede o no haberse heredado todos ellos de uno de los dos progenitores o de ambos.

Aspectos como el tono de piel o el color de los ojos son heredables, porque se han identificado uno o un pequeño grupo de genes que explican estas características. En cambio, para la personalidad, entendida como un conjunto de rasgos psicológicos, la cosa es más complicada.

A día de hoy, y tras las conclusiones del Proyecto Genoma Humano en 2003, se sabe que no todos los genes se llegan a manifestar ni tampoco cada uno de ellos está detrás de un rasgo concreto.

Estudios de gemelos

Desde que se formuló el concepto de heredabilidad y también desde que se pretendió determinar cuáles eran las influencias de los genes sobre las características y comportamientos humanos, se han ido realizando distintos tipos de estudios.

Los más sencillos han sido los hechos con animales. En estos, criando selectivamente animales, especialmente perros, se ha tratado identificar los rasgos determinados genéticamente. Cruzando endogámicamente a individuos relacionados, como hermanos y hermanas, a lo largo de varias generaciones se ha logrado generar individuos con genotipos prácticamente idénticos. La idea de ello es que las diferencias encontradas en animales que tienen casi los mismos genes se deberían a factores medioambientales.

Sin embargo, los estudios que más datos han permitido obtener sobre nuestra especie son aquellos en los que los sujetos eran personas. Es lógico pensar que las personas que más genes compartirán son aquellas que forman parte de la misma familia, pero más relaciones deberían haber entre aquellas personas que son gemelas idénticas.

Así pues, los tres métodos de investigación sobre heredabilidad en seres humanos, propuestos por Francis Galton, fueron los estudios en familias, estudios de gemelos y estudios de adopciones, siendo especialmente interesantes los de gemelos que vamos a exponer con más claridad en este apartado.

En el caso de las familias, entre sus miembros hay tanto similitudes en características físicas como comportamentales. Se tiene en cuenta el hecho de que no solo comparten genética, sino también un mismo ambiente. Entre estos miembros puede haber una consanguinidad cercana al 50% en caso de que sean familiares de primer orden, como entre hermanos y con los padres. Este mismo porcentaje de consanguinidad se encuentra también entre los gemelos no idénticos, es decir, dicigóticos, que en esencia la relación genética entre ellos sería la misma que la de dos hermanos nacidos en diferentes años.

Sin embargo, esa consanguinidad se eleva al 100% en el caso de los gemelos idénticos o monocigóticos. En estos casos comparten el mismo genoma, además del mismo sexo. Gracias a que, hablando llanamente, estos gemelos son un clon del otro, es lógico pensar que cualquier diferencia psicológica se deba a algún factor ambiental que uno de los dos ha podido presenciar mientras el otro no.

Los estudios entre gemelos idénticos adquiere gran interés cuando se hace con aquellos que han sido separados y criados por familias diferentes. En base a ello, si se encuentran similitudes comportamentales se podrá deducir que los comportamientos compartidos serán fruto de un origen genético. En caso de que se hayan criado juntos, realmente no es del todo posible saber hasta qué punto su comportamiento es producto de la genético o una interacción genética por ambiente.

Varios estudios han abordado cómo se dan las diferencias conductuales entre gemelos, ya sean criados en el mismo entorno o en familias separadas. A continuación, se explican algunos de los más clásicos e importantes, cuyos resultados sentaron un precedente en el estudio de la relación genética-ambiente.

Uno de los más famosos es el Minnesota Study of Twins Reared Apart o MISRA, iniciado en 1979 por David Thoreson Lykken y continuado por Thomas J. Bouchard. Su muestra está compuesta por gemelos adultos que fueron criados por separado y se ha llevado a cabo en múltiples países. Es realmente interesante, dado que se han recogido datos de todo tipo: fisiológicos, antropométricos, psicológicos, de personalidad, intereses comunes… En el MISRA se ha abordado el CI, obteniéndose un porcentaje de heredabilidad de entre 70-76%.

Inteligencia

Otro estudio que abordó aspectos psicológicos entre gemelos criados por separado es The Swedish Adoption/Twin Study of Aging (SATSA). La investigadora principal fue Nancy Pedersen, cuyo objetivo fue el de estudiar los orígenes de la variabilidad en el envejecimiento longitudinalmente. Durante el estudio se utilizó un cuestionario sobre diferentes aspectos de salud y personalidad a todos los gemelos de Suecia, cerca de 13.000 parejas, mitad dicigóticos y mitad monocigóticos.

En el caso del estudio nórdico, se obtuvieron datos muy interesantes con respecto a la inteligencia, porque en este caso tuvieron en cuenta su heredabilidad en función del grado de inteligencia. Pedersen obtuvo una heredabilidad del 0,77 entre los gemelos más inteligenetes, y una un poco menor, del 0,73, entre los menos inteligentes. En cuanto a la personalidad, los gemelos monocigóticos tenían una correlación de 0,51 y los dicigóticos del 0,21.

De estos estudios y otros tantos en los que se abordó de forma muy similar el mismo objetivo, se puede concluir lo siguiente. Durante la infancia, los factores genéticos parecen influir diferencialmente sobre las puntuaciones de la inteligencia. Entendido el CI en su visión más amplia, su influencia genética es la mayor, siendo cercana al 50%. Si en cambio se desmenuza este constructo en sus subdivisiones, como son las capacidades verbal, espacial, velocidad de procesamiento.... baja ligeramente, cerca del 47%.

Pese a estos resultados, cabe destacar que muchos de los estudios de gemelos cometen algunos fallos metodológicos que contribuyen a inflar los valores de heredabilidad. Uno, ya comentado anteriormente, es el hecho de obviar que en ocasiones, por ignorancia de la propia familia, sus gemelos idénticos resultan que no lo son. Hay casos de gemelos dicigóticos que se parecen tanto que se confunden por monocigóticos.

Otro fallo es dejar de lado la genética y atribuir la similitud de los gemelos en cuanto a su comportamiento debido a que sus padres los tratan de la misma forma. No son pocas las familias quienes les ponen la misma ropa, les compran los mismos juguetes o hacen lo mismo con los dos porque como son iguales deberían tener los mismos gustos.

Con respecto a este punto, la investigación, como es el caso de Loehlin y Nichols en 1979, ha observado que los esfuerzos de los padres por tratar igual o, en caso contrario, distinto a sus hijos gemelos no parece ser un factor ambiental de mucho peso en cuanto al comportamiento de estos.

Referencias bibliográficas:

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