El genetista y biólogo John Burdon Sanderson Haldane dijo una vez : “daría mi vida por dos hermanos u ocho primos”. Y es que es bastante cierto que somos más capaces de sacrificarnos por nuestra familia.

Este fenómeno está muy relacionado con la selección de parentesco, un proceso evolutivo que explicaría muchas situaciones en las que, contrario a lo que diría la teoría darwiniana, explicaría cómo pasan a la siguiente generación genes que son muy desadaptativos.

A continuación veremos más a fondo este concepto, y cómo se da en algunas especies sociales y en qué grado el altruismo y las conductas prosociales tienen mucho que ver.

¿Qué es la selección de parentesco?

La selección de parentesco, también llamada selección familiar, hace referencia a los cambios en las frecuencias génicas a través de las generaciones que son debidos, en mayor parte, a interacciones entre individuos emparentados. Es decir, se trata del hecho de que unos genes pasen a la siguiente generación no porque los individuos sobrevivan por sí solos, sino que, con ayuda de parientes, tengan más facilidades para llegar a edad adulta y reproducirse, pasando los genes a la siguiente generación.

De acuerdo con la teoría darwiniana clásica, un individuo que presente características más favorables tendrá más facilidades para llegar a la edad adulta y poder reproducirse, pasando sus genes a la siguiente generación. En caso de presentar rasgos desfavorables, lo más probable es que o bien no consiga ser llamativo reproductivamente y no pueda emparejarse o, directamente, que no llegue vivo a la edad adulta, haciendo que sus genes mueran con él. Todo esto es el fundamento básico de la idea de la selección natural.

Esta teoría ya forma parte de nuestra cultura popular pero, pese a que está bastante aceptada, falla a la hora de explicar por qué siguen persistiendo genes desadaptativos. No son pocos los rasgos negativos que han pasado de generación en generación. Tarde o temprano esos genes habrían desaparecido, puesto que sus individuos muy difícilmente llegarían a reproducirse. La única forma que tendrían estos individuos para reproducirse era la de que sus congéneres fueran altruistas y les ayudaran a sobrevivir.

Sin embargo, esto seguía planteando más incógnitas que respuestas. ¿Por qué los animales se sacrificaban por otros? No tenía sentido. En muchas ocasiones, el animal, al realizar una conducta altruista que beneficiaba a uno menos apto, no solo perdía alguna ventaja, sino que corría el riesgo de perder la vida. Sin embargo, alguien tuvo la genial idea de preguntarse ¿y si están emparentados? ¿Y si las conductas altruistas dependen del grado de consanguinidad? Nacía el concepto de selección de parentesco.

Fue William Donald Hamilton, un biólogo evolutivo que es considerado el precursor de la sociobiología, quien planteó una explicación del altruismo animal basándose en la idea de selección de parentesco. Según él, un animal ayudaría a otros a sobrevivir no por pura empatía o deseo de ayudar, sino como un mecanismo evolutivo más.

Que un pariente se sacrifique por otro no se debe ver como un acto adaptativamente contraproducente, más bien al contrario. Sacrificarse por un pariente, con el que se comparte mucho material genético, es una forma de garantizar que esos mismos genes pasen a la siguiente generación. Obviamente, lo preferible es que el individuo no se sacrifique y sea él mismo el que se reproduzca y pase sus genes pero, en caso de que la población a la que pertenece corra un serio peligro, en términos de coste-beneficio grupal sale más a cuenta comportarse altruistamente por el bien común.

La regla de Hamilton

Para comprender un poco más a fondo la idea de la selección de parentesco hace falta hablar un poco sobre la regla de Hamilton, una sencilla ecuación que recibe su nombre del mismo William D. Hamilton que hemos mencionado anteriormente. Este genetista publicó en 1964 el primer estudio cuantitativo de la selección de parentesco para explicar la evolución en los actos aparentemente altruistas.

Formalmente, los genes aumentarían su frecuencia en una determinada población, es decir, cabría esperar un mayor o menor porcentaje de individuos con esos genes, teniendo en cuenta la siguiente fórmula:

R x B > C

R = es el parentesco genético entre el receptor y el donante, definido como la probabilidad de que un gen escogido aleatoriamente en el mismo locus (lugar de un cromosoma) en ambos individuos sea idéntico por descendencia.

B = es el beneficio reproductivo adicional recibido por el receptor del acto altruista. C = es el coste reproductivo que sufre el donante.

Casos de selección de parentesco en la naturaleza

Todas las especies sociales parecen llevar a cabo conductas prosociales y altruistas, en mayor o menor medida. Por ejemplo, en el caso humano y parafraseando lo dicho por Haldane, nos sacrificaríamos bastante por familiares como hermanos, sobrinos biológicos y primos mucho antes que primos segundos o parientes más o menos lejanos que, pese tener nuestros mismos apellidos, son tan extraños y diferentes genéticamente como cualquier persona de la calle.

Esto tiene su lógica si se piensa en porcentajes de material genético compartido. Con un hermano de mismos padres compartimos cerca del 50% del material genético, mientras que con un sobrino biológico el porcentaje baja a 25% y con un primo a 12,5%. Sacrificarse por un hermano sería lo más cercano a conseguir reproducirse por nosotros mismos en caso de que no se consiguiera.

A continuación vamos a ver dos casos concretos de especies animales en las que se pueden observar conductas altruistas, en donde los porcentajes de material genético compartido son altos y que encajan con la teoría de la selección de parentesco.

1. Las abejas

Las abejas son animales con haplodiploidía, es decir, unos individuos, en este caso los machos, tienen un juego único de cada cromosoma, mientras que las hembras, que son obreras y reinas, tienen un par de cromosomas de cada tipo.

Las hembras, independientemente de si son obreras o reinas, tienen mucho material genético en común, y es por ello que las obreras son capaces de dar la vida por la colmena. De hecho, el coeficiente de parentesco entre abejas obreras y la abeja reina es de ¾.

Cuando hay una amenaza en la colmena, las obreras son capaces de sacrificarse por la reina dado que, además de ser ella la principal reproductora, comparten mucho material genético con ella. Salvando a la reina las obreras consiguen que sus genes pasen a la siguiente generación.

2. Las ardillas

El caso de las ardillas es especialmente interesante. Cuando aparece un depredador que se acerca a uno de estos roedores, las demás ardillas que se encuentran escondidas, lejos de huir deciden llamar la atención. Empiezan a hacer ruiditos para así salvar a su congénere y hacer que el depredador vaya hacia donde ellas están.

Queda claro que, en caso de que el depredador encuentre donde están las ardillas “salvadoras” las va a atacar o incluso se las va a comer, pero la ardilla que iba a ser la víctima acabará sobreviviendo.

Es más probable que hagan estos ruiditos en caso de que la víctima esté muy emparentada con ellas, o si son varias las ardillas que podrían perder la vida. A más ardillas salvadas a costa de la vida de una, más posibilidades hay de que los mismos genes pasen a la siguiente generación.

Referencias bibliográficas:

  • Hamilton, W. D. (1964). The genetical evolution of social behaviour. I. Journal of Theoretical Biology 7 (1): 1 - 16.
  • Hamilton, W. D. (1964): The genetical evolution of social behaviour. II. Journal of Theoretical Biology 7 (1): 17 - 52.
  • Hamilton, W. D. (1975): Innate social aptitudes of man: an approach from evolutionary genetics. In Robin Fox (ed.) Biosocial Anthropology Malaby Press, London pp.: 133-53
  • Robert L Trivers (1971): The Evolution of Reciprocal Altruism The Quarterly Review of Biology 46 (1): 35 - 57.