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El Inca Garcilaso de la Vega: biografía de este cronista y humanista peruano

Te contamos la vida del primer escritor americano que publicó en Europa.

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Se le conoce como el Inca Garcilaso y vivió en el siglo XVI, pero no debe confundirse con el otro Garcilaso (el poeta renacentista), aunque, al parecer, les unían lazos de parentesco. De verdadero nombre Gómez Suárez de Figueroa, el Inca Garcilaso nació en Cuzco, Perú, hijo del extremeño Sebastián Garcilaso de la Vega y la princesa inca Isabel Chimpu Ocllo.

Gran humanista y cronista insigne de la historia de su Perú natal, el Inca Garcilaso fue el primer mestizo en publicar sus obras en el continente europeo, y defendió toda su vida la mezcolanza de culturas que él mismo representaba y de la que se sentía muy orgulloso. En el artículo de hoy, hablamos del primer escritor americano que publicó en Europa, el Inca Garcilaso.

Breve biografía del Inca Garcilaso, cronista y humanista peruano

Por sus venas corría la sangre de familias ilustres, tanto por parte de su padre como de su madre. Su progenitor, Sebastián Garcilaso de la Vega (1507-1559), pertenecía a un linaje extremeño de rancio abolengo, y su madre, Chimpu Ocllo (bautizada más tarde como Isabel) era una ñusta, es decir, una princesa de la familia imperial inca. El Inca Garcilaso, por tanto, representaba una fusión étnica con un pasado cultural riquísimo que él siempre reivindicó.

Descendiente de reyes

Sebastián Garcilaso de la Vega, el padre de nuestro personaje, había llegado al Perú en 1534, tras recorrer México y Guatemala bajo las órdenes de Pedro de Alvarado (1485-1541). Fue en Cuzco, la capital del imperio inca, donde se estableció finalmente y de donde llegó a ser corregidor desde 1554 hasta 1556. Allí falleció también en 1559. En Cuzco tuvo una relación (no exenta de polémica) con Chimpu Ocllo, una princesa de sangre real. De hecho, Chimpu Ocllo era nada menos que la nieta del último gran líder inca.

¿Por qué decimos “polémica”? Porque, de hecho, los historiadores no se ponen de acuerdo sobre la naturaleza de la unión de Sebastián Garcilaso de la Vega y la princesa. En algunas fuentes se los presenta como matrimonio (y, de hecho, ella se bautizó con el nombre de Isabel). Sin embargo, unos años más tarde (cuando el Inca Garcilaso tenía unos diez años) se ordenó a los colonos que “abandonaran a sus concubinas indígenas” y contrajeran matrimonio; de lo contrario, perderían las encomiendas. Sebastián Garcilaso de la Vega se casó entonces con una hidalga española, Luisa Martel de los Ríos (1535-1593), lo que nos da a entender que, efectivamente, su relación con la ñusta había sido “ilegítima”.

Sea como fuere, el niño nació el 12 de abril de 1539 en Cuzco, y fue bautizado con sonoros nombres que, en realidad, eran apellidos ilustres: Gómez Suárez de Figueroa. El pequeño pasó la mayor parte de su infancia con su madre, en estrecho contacto con la nobleza inca, de la que aprendió su riquísima cultura. De hecho, el idioma materno del futuro escritor era el quechua, aunque después utilizara el castellano como lengua literaria.

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Primer (y definitivo) viaje a España

Cuando el joven se hizo adolescente, aprendió las primeras letras en Cuzco con Juan de Alcobaza (h. 1518-1568). La infancia y la primera juventud del Inca Garcilaso estuvieron marcadas por la cruenta guerra que sacudió al Perú y dividió a los españoles en pizarristas y almagristas. Sebastián Garcilaso de la Vega, el progenitor, se unió a los pizarristas, bando en el que también permaneció su hijo.

A la muerte del padre, acaecida en 1559, Gómez Suárez de Figueroa (pues todavía no firmaba con el nombre con el que sería conocido, el Inca Garcilaso) viaja a España para reivindicar la parte de la herencia que le corresponde. Él quizá no lo sabe, pero nunca más regresará al Perú ni volverá a ver a su madre, que fallece en 1571. A partir de entonces, la vida de nuestro escritor transcurrirá en España.

A su llegada a la patria de su progenitor le espera una agradable sorpresa. Sebastián Garcilaso de la Vega le ha dejado 4.000 pesos en oro y plata, una cantidad exorbitante para la época, que permitirá al Inca Garcilaso vivir de forma bastante holgada. A esta suma se le añade, varios años después, la herencia que recibe de su tío español, Alonso de Vargas, también bastante considerable. Como resultado, el Inca Garcilaso podrá dedicarse a la literatura (su verdadera vocación) sin preocuparse por su economía.

Insigne humanista de su tiempo

Antes de abrazar la senda literaria, el Inca Garcilaso ha seguido la carrera militar, como su padre y su tío. En 1569 lo encontramos en las Alpujarras granadinas, participando en la represión de los moriscos a las órdenes de Juan de Austria. Extraño episodio de la vida de un personaje siempre partidario del mestizaje y del respeto entre culturas.

A pesar de que llega a obtener el grado de capitán, el Inca Garcilaso pronto abandona las armas y, en 1590, se dedica a llevar una vida de auténtico hidalgo. Esto le permitirá dedicarse plenamente a la escritura; precisamente de la última década del siglo XVI es una de sus obras más conocidas, La Traducción del Indio de los Tres Diálogos de Amor de León Hebreo (1590).

Se trata de una traducción de la obra del neoplatonista León Hebreo (1465-1521), que el Inca Garcilaso traspasa del italiano al castellano. Él mismo reconoce la dificultad de la empresa, puesto que ni el italiano ni el castellano eran sus lenguas maternas. La cultura clásica y renacentista del Inca Garcilaso es extraordinaria, y se erige así en uno de los humanistas más insignes de su tiempo. Además del quechua, el castellano y el italiano, habla el latín, la lengua de la cultura del momento.

Nace el Inca Garcilaso

En 1605 aparece en Lisboa La Florida del Inca, una crónica que relata la expedición de Hernando de Soto a la Florida. Si bien la historicidad de los datos que el Inca Garcilaso presenta se ha puesto repetidamente en duda, lo que sí ha recibido una aclamación unánime es el estilo de la crónica, que la convierte en una de las mejores de su tiempo. En aquellos años, Gómez Suárez de Figueroa ya ha empezado a firmar como Garcilaso Inca de la Vega, nombre con el que pasará a la posteridad (o, simplemente, el Inca Garcilaso).

En todo caso, el escritor peruano destacó rápidamente entre los cronistas de su época. El mismo Cervantes había leído sus obras, al que por cierto el Inca Garcilaso conoció a su paso por Montilla como recaudador de impuestos. En 1609 aparece la que es considerada su obra magna, los Comentarios Reales de los Incas, publicada también en Lisboa y que pretende ser un testimonio histórico del imperio inca.

De nuevo, muchos historiadores han cuestionado sus fuentes, pero lo que sí está claro es que, con esta obra, el Inca Garcilaso elevaba un canto de amor a la tierra de su madre y reivindicaba de esta forma su cultura indígena. En 1617 aparece póstumamente la segunda parte de la obra, conocida como Historia general del Perú.

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Puente entre dos mundos

Si por algo es destacable la figura del Inca Garcilaso, además de su calidad como cronista, es su papel entre dos mundos. Muy consciente de su doble procedencia (y orgulloso de ambas por igual), el Inca Garcilaso siempre reivindicó su cultura indígena y española, y en su historia del Perú se esfuerza por romper algunos tópicos acerca de los incas.

El Inca Garcilaso insiste en la refinada civilización que estos constituyeron, aunque hace una concesión a su religión cristiana aceptando que la evangelización española fue el “culmen” de esta “perfección” cultural, que compara con el cristianismo y Roma. En todo caso, su Historia general del Perú es un documento valiosísimo para saber acerca de las costumbres indígenas, que él mismo había conocido en su infancia.

Últimamente se ha conocido que tuvo un hijo natural en España, que fue sacristán de la capilla familiar, situada en la Mezquita-Catedral de Córdoba. Fue en este templo donde fue enterrado el gran humanista y escritor peruano en abril de 1616; concretamente, en la Capilla de las Ánimas, que adquirió en 1612.

Uno de los grandes interrogantes de su vida es la fecha exacta de su muerte; algunos documentos oficiales apuntan al 24 de abril, pero en la lápida de la capilla se puede leer que su óbito aconteció el 23 de abril de 1616. ¿Otro ilustre escritor para reivindicar el Día del Libro? Puede. En todo caso, el Inca Garcilaso ya no está en Córdoba; sus cenizas descansan en su querido Cuzco natal.

  • FERNANDEZ, T. y TAMARO, E., Biografía de Garcilaso El Inca, publicado en Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea [Internet], 2004
  • INCA GARCILASO DE LA VEGA (2017), Comentarios reales de los incas, ed. Gradiente
  • MOLINA FOIX, V., El Inca Garcilaso, publicado en https://www.revistadelibros.com/, mayo de 2016
  • SÁNCHEZ, L. A. (1993), Garcilaso Inca de la Vega. Primer criollo, ed. Pachacútec

Periodista

Licenciada en Humanidades y Periodismo por la Universitat Internacional de Catalunya y estudiante de especialización en Cultura e Historia Medieval. Autora de numerosos relatos cortos, artículos sobre historia y arte y de una novela histórica.

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