Las fobias son un tipo de trastorno de ansiedad bastante frecuente. Los seres humanos podemos tener miedo a muchos estímulos y puede ser normal; sin embargo, los trastornos fóbicos se caracterizan porque el miedo que provocan es irracional.

Prácticamente todo el mundo tendría miedo a estar a solas con un león, pero no con un payaso. Hay individuos que sienten terror cuando están cerca de estos divertidos personajes, lo que se conoce como coulrofobia.

Las fobias crean malestar y ansiedad a la persona que lo sufre, que tiende a evitar el estímulo fóbico que le produce esta sensación desagradable. Existen diferentes tipos de fobias, una de ellas es la bibliofobia o miedo a los libros y la lectura. En este artículo hablaremos de esta fobia y explicaremos sus causas, síntomas y consecuencias.

Qué es la bibliofobia

La bibliofobia es una fobia y, por tanto, un miedo irracional a un estímulo fóbico, en este caso a los libros y la lectura. Suele iniciarse en edades tempranas, por ejemplo, en el colegio cuando los niños pueden tener alguna experiencia desagradable con la lectura. Imagina a un niño que tiene dificultades para leer y tiene que leer un texto en voz alta porque el profesor le pide que lo haga.

Delante de la clase, el niño comienza la lectura, pero lo hace muy lento y se le traban las palabras fruto de los nervios. El niño cada vez se pone más nervioso, y las risas de los compañeros le hacen sentirse tan mal que esta experiencia no se le olvida. A medida que pasan los años sigue recordando esta situación vivida cada vez que debe leer un texto. Esa experiencia desagradable le marca, y siente un gran malestar cuando ve un libro o tiene que leérselo. De hecho, evita a toda costa tener libros en sus manos porque éstos le provocan una gran ansiedad.

Causas

Como ves, uno de los orígenes de esta fobia puede ser una experiencia traumática, y como en el ejemplo anterior, suele iniciarse en edades tempranas. El aprendizaje de este miedo irracional puede ocurrir por un tipo de aprendizaje asociativo llamado condicionamiento clásico, y los motivos de estas experiencias desagradables pueden ser la falta de comprensión del texto y la baja autoestima, distintos trastornos del aprendizaje o el bullying y la burla por no leer correctamente.

Una de las características más importantes de este tipo de aprendizaje es que implica respuestas reflejas o automáticas, no conductas voluntarias. El condicionamiento clásico es la conexión entre un estímulo nuevo y un reflejo ya existente, por tanto, es un tipo de aprendizaje según el cual un estímulo originalmente neutro, que no provoca una respuesta, acaba provocando una conexión asociativa de este estímulo con el estímulo que normalmente provoca dicha respuesta.

Características del condicionamiento clásico

Uno de los grandes teóricos del condicionamiento clásico fue Iván Pavlov, que dedicó parte de su vida a su estudio, y es famoso por sus experimentos con perros.

Ivan Pavlov no era psicólogo sino un fisiólogo que pretendía investigar sobre el proceso de salivación de los perros. Su experimento consistía en medir la saliva de los canes cuando les presentaba comida. Ahora bien, este inteligente personaje se percató de que, tras mostrarles la comida de manera repetida, los animales salivaban incluso cuando la comida no estaba presente, simplemente ante la presencia de Pavlov, pues los perros sabían que cuando éste aparecía por la puerta iban a recibir el manjar. Esto ocurría porque los perros habían aprendido que la presencia de Pavlov era igual a la presencia de la comida.

Sin duda, Pavlov fue importante por aportar conocimiento y datos sobre este fenómeno, pero el primer científico que investigó el condicionamiento con humanos fue John Watson. Es conocido por uno de los experimentos más famosos de la historia y a la vez polémico, pero que sirvió para entender qué ocurre en nuestro organismo cuando tenemos una fobia. En el siguiente vídeo puedes encontrar explicado el experimento de Watson.

Otras causas del miedo a los libros

El aprendizaje de las fobias por condicionamiento clásico hace referencia a que el ambiente juega un papel determinante para que una persona sea fóbica. Sin embargo, otros teóricos han afirmado a lo largo de la historia que este trastorno podría tener un origen genético, es decir, que algunas personas podrían tener más probabilidades de sufrir esta patología gracias a la herencia.

Además, existe otra teoría que recibe el nombre de la “teoría de la preparación” de Seligman, que afirma que la respuesta de miedo es clave para la supervivencia del ser humano, pues activa la respuesta de lucha-huida en situaciones de peligro. Por eso, biológicamente estamos programados para tener miedo a ciertos estímulos con más facilidad. Este tipo de asociaciones reciben el nombre de primitivas y no cognitivas, que no son fácilmente modificables por argumentos lógicos.

Síntomas de este trastorno fóbico

Pese a que existen diferentes tipos de fobias, todas comparten los mismos síntomas, lo único que varía es el estímulo fóbico que los causa. Las fobias se caracterizan por el malestar y la ansiedad que generan y por las conductas de evitación que provocan. 

Cuando una persona siente un miedo irracional a los libros o la lectura, tiende a evitar aquellas situaciones en las que puede estar en contacto con este estímulo que causa una sensación desagradable.

En resumen, la sintomatología de las fobia es:

  • Ansiedad extrema y miedo ante la presencia o imaginación del estímulo fóbico.
  • Latidos acelerados del corazón.
  • Temblores.
  • Conductas de evitación.
  • Pensamientos de que la persona se va a quedar sin aire.
  • Pensamientos de gran malestar.
  • Hiperventilación.
  • Aturdimiento, náuseas, mareo y dolores de cabeza.
  • Hipersudoración.
  • Dolor u opresión en el pecho.

Tratamiento y terapia

Como la gran mayoría de fobias, el tratamiento que mayor aval científico tiene es la terapia cognitivo conductual, que consiste en corregir y modificar aquellos pensamientos o comportamientos que provocan malestar en el paciente. Son varias la técnicas que se emplean, entre ellas, las técnicas de relajación o las técnicas de exposición.

Esta última es el tratamiento por excelencia, y más concretamente la técnica expositiva de desensibilización sistemática, que consiste en exponer al paciente gradualmente al estímulo fóbico mientras aprende herramientas de afrontamiento efectivas.

Ahora bien, otros tipos de terapia psicológica también han demostrado su eficacia en diferentes estudios, por ejemplo, el Mindfulness o la Terapia de Aceptación y Compromiso.

En casos graves, el tratamiento con fármacos también puede funcionar, siempre y cuando no sea la única opción terapéutica y se combine con la psicoterapia.