Cuando toca hablar sobre las profundas e inconscientes motivaciones de quienes cometen atroces crímenes, el psicoanálisis es la piedra angular dentro de las disciplinas que se dedican a la ardua labor de intentar desvelar la conducta antisocial y violenta.

La conducta violenta desde el Psicoanálisis

En el día de hoy revisaremos el enfoque psicoanalítico de algunas de las figuras más significativas del psicoanálisis con respecto a las conductas antisociales, para intentar aportar un poco de luz en esta compleja cuestión.

Sigmund Freud

El padre del psicoanálisis Sigmund Freud intento estudiar a los delincuentes dividiéndolo en dos categorías, principalmente:

A) Delincuentes por sentimiento de culpa

En 1915, Freud publicó un artículo en el que declaró que, por paradójico que parezca, estos criminales presentan un sentimiento de culpabilidad anterior al delito, por lo que llega a la conclusión de que la consumación de su acto representa, para el sujeto delincuente, un alivio psíquico enlazado con la necesidad de mitigar la culpa anterior. Dicho de otro modo, al cometer el delito el sujeto satisface una necesidad de autocastigo proveniente de una inconsciente sensación de culpabilidad (y que según él, proviene de la culpa primordial en el complejo de Edipo: matar al padre para quedarse con la madre).

Para Freud, la culpa es la manifestación ambivalente de los instintos de vida y de muerte pues la culpa vendría de las tensiones entre el superyó y el ello que se manifiestan en una necesidad latente de ser castigado. Aclara también que solamente la culpa no aflora en el campo consciente sino que frecuentemente está reprimido en el inconsciente.

B) Delincuentes sin sentimientos de culpa

Son sujetos que no han desarrollado inhibiciones morales o creen justificada su conducta por su lucha contra la sociedad (personalidades psicopáticas y psicopatológicas) con un remarcado debilitamiento del súper yo, o bien con una estructura yoica incapaz de preservar los impulsos agresivos y tendencias sádicas en el ello mediante los mecanismos de defensa

Además agrega como características del delincuente dos rasgos esenciales: el egocentrismo y una tendencia destructora, pero además dice que en todos los hombres hay una disposición natural o de agresividad debido al narcisismo.

Alfred Adler

Alfred Adler fue uno de los primeros alumnos y primer disidente de las teorías de Freud, creador de la llamada psicología individual. Plasma toda su obra en base a tres principales postulados: los sentimientos de inferioridad, los impulsos de poderío y los sentimientos de comunidad. Para él, los sentimientos de comunidad son los que atenúan los sentimientos de inferioridad (que además son congénitos y universales) y controlan los impulsos de poderío.

Adler hace énfasis en que un fuerte sentimiento de inferioridad, la aspiración de superioridad personal y un deficiente sentimiento de comunidad son siempre reconocibles en la fase precedente a la desviación de la conducta. Además, la actividad antisocial que se dirige contra el prójimo es adquirida precozmente por aquellos niños que caen en la errónea opinión de que todos los demás pueden ser considerados como objetos de su pertenencia. Su comportamiento peligroso dependerá del grado de sentimiento a la comunidad. El delincuente, según Adler, posee una convicción de su propia superioridad, consecuencia posterior y compensatoria a su inferioridad de la temprana infancia.

Theodor Reik

Theodor Reik dedicó bastante de su teoría e investigación a la conducta criminal. Ejemplo de ello es su libro El psicoanálisis del criminal, donde Reik pone énfasis en que debe existir una labor conjunta entre psicoanalistas y criminólogos para aclarar los hechos delictuosos expresando que uno de los medios más eficaces para descubrir al criminal anónimo es precisar el móvil del crimen. 

Señaló que el acto criminal debe ser la expresión de la tensión mental del individuo, surgiendo de su estado mental para constituir la satisfacción prometida a sus necesidades psicológicas. De acuerdo con los conceptos psicoanalíticos, existen en los crímenes mecanismos de proyección: el criminal huye de su propia conciencia cómo le haría ante un enemigo exterior, proyectando hacia fuera a este enemigo interno. Bajo tal presión, el yo delincuencial lucha vanamente y el criminal se vuelve descuidado y se traiciona a sí mismo en una especie de compulsión mental, cometiendo errores que en realidad han sido determinados por el inconsciente.

Ejemplo de esto sería la incapacidad de un sujeto de no dejar rastros suyos sino por el contrario, dejando indicios en la escena del crimen. Otro ejemplo que deja en claro el anhelo desconocido del yo a entregarse a la justicia, sería el regreso de los criminales a la escena del crimen.

Alexander y Staub

Para estos autores todo hombre es innatamente un criminal y su adaptación a la sociedad comienza después de la victoria sobre el complejo de Edipo. Así mientras un individuo normal consigue en el periodo de latencia reprimir las genuinas tendencias criminales de sus impulsos y sublimándolos hacia un sentido pro social, el criminal fracasa en esta adaptación.

Manifiesta que el neurótico y el criminal han fracasado en su capacidad de resolver el problema de sus relaciones con la familia en un sentido social. Mientras que el neurótico exterioriza simbólicamente y por medio de síntomas histéricos, el delincuente se manifiesta mediante su conducta criminal. Una característica de todos los neuróticos y de la mayor parte de los criminales la constituye el quedar incompleta la incorporación del superyó.

Sandor Ferenczi

Sandor Ferenczi observó por medio del psicoanálisis de diversos criminales anarquistas que el complejo de Edipo aún se hallaba en plena evolución, valga decir, que esté aún no se había resuelto y que sus actos representaban simbólicamente una venganza desplazada contra la tiranía primitiva u opresora de su progenitor. Encuentra que el criminal nunca puede explicar en realidad lo cometido, pues es y será siempre incomprensible para él. Los motivos que da sobre sus fechorías son siempre complejas racionalizaciones.

Para Sandor, la personalidad se compone de tres elementos: yo instintivo, yo real y yo social (similares a la segunda tópica freudiana: ello, yo y superyó) cuando predomina el yo instintivo en el sujeto, Ferenczi dice que es un criminal genuino; si el yo real es débil, la delincuencia toma un carácter neurótico y cuando la debilidad expresa se centra en la hipertrofia del yo social, existen los delitos a raíz de un sentimiento de culpabilidad.

Karl Abraham

Discípulo de Freud, Karl Abraham argumenta que los individuos con características delincuenciales se encuentran fijados en la primera etapa sádico oral: individuos con rasgos agresivos regidos por el principio del placer (tal comocompartimos en un anterior artículo, las personalidades antisociales tienen a proyectar rasgos de agresividad oral en el test de la figura humana de Machover).

También señaló similitudes entre la guerra y los festivales totémicos basados en los trabajos de su maestro, pues toda la comunidad se une para hacer cosas que le están absolutamente prohibidas al individuo. Por último, cabe destacar que Abraham realizó numerosas investigaciones para intentar comprender las perversiones criminales.

Melanie Klein

Melanie Klein encontró que los niños con tendencias a sociales y antisociales eran quienes más temían a la posible retaliación de sus padres como castigo. Llegó a la conclusión de que, no es la debilidad del superyó, sino la abrumadora severidad de éste la responsable del comportamiento característico de personas asociales y criminales, esto como resultado de la proyección irreal de sus miedos y fantasías persecutorias en la temprana fase sádica contra sus padres.

Cuando el niño logra desvincular el imago irreal y destructor que el niño proyecta a sus padres y se inicia el proceso de adaptación social por la introyección de valores y deseos de retribuir las fantasías agresivas proyectadas, cuanto más aumente la tendencia de subsanar su culpa por la falsa imagen que tenía de los padres y crezca su capacidad creadora más se apaciguara al superyó; pero en los casos en que como resultado de un fuerte sadismo y tendencias destructoras prevalece la estructura superyoica fuerte, habrá una fuerte y abrumadora angustia por lo que el individuo puede sentirse compelido a destruir o matar. Vemos aquí que las mismas raíces psicológicas de la personalidad pueden desarrollarse hasta constituir paranoia o criminalidad.

Jacques Lacan

Sin duda alguna, Jacques Lacan es la figura más destacada dentro del psicoanálisis actual. Lo que más interesó a Lacan en cuanto a temas criminológicos, fueron los crímenes cometidos por psicóticos paranoides, donde las ideas delirantes y alucinaciones son causantes de sus conductas. Para Lacan, la pulsión agresiva que se resuelve en el crimen surge así, como la afección que sirve de base a la psicosis, puede decirse que es inconsciente lo que significa que el contenido intencional que la traduce en la conciencia, no puede manifestarse sin un compromiso con las exigencias sociales integradas por el sujeto, esto es, sin un camuflaje de los motivos constituyentes del delito.

Los caracteres objetivos del crimen, la elección de la víctima, la eficacia criminal, su desencadenamiento y ejecución varían continuamente según la significación de la posición fundamental. La pulsión criminal que concibe él como base de la paranoia, sería simplemente una abstracción poco satisfactoria si no fuese controlada por una serie de anomalías correlativas de los instintos socializados. El asesinato del otro no representa sino el intento de asesinato de nosotros mismos, justamente porque el otro representaría nuestro ideal propio. Será labor del analista hallar los contenidos forcluidos causante de los delirios psicóticos que encausan al homicidio.

Erich Fromm

Psicoanalista humanista, propone que la destructividad difiere al sadismo en el sentido de que la primera propone y busca la eliminación del objeto, pero es similar en cuanto es consecuencia del aislamiento e impotencia. Para Erich Fromm, las conductas sádicas están profundamente enraizadas a una fijación en la etapa sádico anal. El análisis realizado por él considera que, la destructividad es consecuencia a la angustia existencial.

Además para Fromm, la explicación de la destructividad no puede hallarse en términos de herencia animal o instintivo (como propone, por ejemplo Lorenz) sino que debe entenderse en bases a los factores que distinguen al hombre del resto de los animales.

Referencias bibliográficas:

  • Marchiori, H. (2004). Psicología Criminal. 9na edición. Editorial Porrúa.
  • Fromm, E. (1975). Anatomía de la destructividad humana. 11ra edición. Editorial siglo XXI.