La mayoría de las personas comen de manera natural y en ningún momento se plantean qué hay que hacer para poder tragar. Introducen los alimentos en su boca y simplemente tragan.

Sin embargo, el proceso normal de tragado se puede ver afectado por algunos factores, como por ejemplo la vivencia de un episodio de atragantamiento, el aumento de la tensión muscular en la zona de la garganta, heridas, aftas, hongos localizados en la zona posterior de la garganta, y otros.

A lo largo de la vida todos vamos a vivir algún episodio de atragantamiento con diferentes grados de malestar. Las texturas diferentes, el cansancio, una risa desacompasada en el momento de tragar, o incluso un susto pueden ser algunas de las causas de este hecho.

Dependiendo de la tendencia a percibir los peligros y de lo objetivamente grave que sea el episodio vivido, se puede asentar en la cabeza el miedo a que el alimento quede atascado en la garganta, e incluso a poder morirse de este modo. Hay que añadir que este temor puede llegar a ser muy intenso, incluso sin haber vivido en primera persona un episodio de estas características. A veces basta con presenciarlo para que el miedo alcance el grado de fagofobia.

El miedo a atragantarse: ¿Cuando es peligroso tragar?

Es importante entender que el proceso de tragado está muy conectado a las emociones por una cuestión meramente de supervivencia. El cerebro desea asegurarse de que si hay un alimento en mal estado, o con un sabor o texturas inadecuadas, nos podremos deshacer de él lo antes posible.

De este modo, si algo no nos gusta, se precipitan respuestas de rechazo para que no entré nada malo dentro del cuerpo. La manera más fácil de conseguirlo es produciendo náuseas, y cerrando el paso a los alimentos en la garganta. La glotis se bloquea por medio del aumento de tensión muscular y de respuestas tipo espasmo. Así, no dejar pasar el alimento en algunas situaciones es el modo de atender al propio instinto de supervivencia.

Respuestas voluntarias vs automáticas del organismo

Hay infinidad de respuestas automáticas que el organismo regula por sí mismo y que normalmente no tenemos que atender. Dentro de estas podemos mencionar la dilatación de las pupilas, la sudoración, o la respuesta cardiaca. Existen algunas de ellas que pueden regularse de manera automática pero en las que también somos capaces de tomar el control siempre que lo decidamos. Dentro de ellas destacan el ritmo respiratorio, la relajación de diferentes esfínteres, y por supuesto el tragado de alimentos.

El área cerebral principal encargada de los automatismos es el tallo del encéfalo y el cerebelo. Cuando tomamos el control voluntario pasa a ser el cerebro propiamente quien se encarga de la coordinación. Este cambio nos da la posibilidad de atender a más aspectos y necesidades pero es muy relevante a la hora de entender como en los casos de fagofobia, se complica el proceso de tragado.

Cuando el cerebro se hace cargo del acto de tragar ha de coordinar respuestas que normalmente se sincronizan solas, y en los momentos en los que además existe un miedo de fondo, hace que nos volvamos más torpes y que de repente nada fluya en el momento de tragar. En situaciones así, nos estamos dando instrucciones contradictorias. Unas dicen "traga" y otras dicen "cuidado". Lo normal es que cuanto mayor sea la sensación de peligro más se evite llevar el alimento a la parte posterior de la boca. Se busca que entre el alimento, pero desde la zona de los incisivos.

Amenaza de ahogarse y llamar la atención por una debilidad

La constatación de que algo normal como es tragar no se puede hacer como siempre, va alterando a la persona y solo hace que complicar más la sensación negativa. Cuando a esto se le añade además el miedo a llamar la atención en entornos sociales por algo que no se desea mostrar, se suele agravar más la vivencia de problema y lo convierte con más probabilidad en un miedo bloqueante.

La sensibilidad mayor a la opinión de los demás hace que sea más necesario querer asegurarse de que todo está bien y de que no va a pasar nada. Unas veces este hecho hará que queramos comer más despacio o que no queramos quedar con otras personas para no mostrar que tenemos una dificultad o una debilidad. Por tanto, cuando el miedo va creciendo es fácil que también lo haga la dificultad para tragar.

Soluciones y tratamiento

Para tratar la fagofobia, los psicólogos ayudamos a la persona a identificar las variables emocionales que impiden tragar con normalidad. Favorecemos el que se simplifique el proceso de tragado, inicialmente dejando que el cerebro se encargue, y en la medida en que se va reduciendo el bloqueo potenciamos el que el cerebelo vuelva a hacerse cargo de esta acción.

Como cualquier tratamiento psicoterapéutico, requiere de repetición y de implicación. Dependiendo de la intensidad de los miedos y de la capacidad de la persona para colaborar con las pautas, se observa una mejoría a partir de la cuarta sesión, siendo necesarias entre 10 y 30 sesiones para conseguir una mejoría mantenible en el tiempo. No es lo mismo trabajar con alguien que no suele tener miedos, a hacerlo con otra que a penas se enfrenta y que normalmente se enfoca en alejarse de todo lo que ve como peligroso.

Fernando Azor

Si te interesa obtener tratamiento psicológico para la fagofobia, te invito a ponerte en contacto conmigo.