La pérdida de un ser querido puede desencadenar episodios de depresión. Unsplash.

La depresión es uno de los conceptos más complejos del ámbito de la salud mental. No solo aparece con una gran variedad de formas y síntomas, sino que además, tal y como ocurre en prácticamente todos los trastornos mentales, no hay una sola causa que la desencadene.

Sin embargo, de entre todas las posibles experiencias capaces de favorecer la aparición de los síntomas depresivos, se sabe que la muerte de un ser querido es una de las más frecuentes. Se trata de una frecuencia relativa, ya que la mayoría de personas que deben afrontar el duelo por una pérdida de este tipo no desarrollan depresión; sin embargo, en algunos casos es necesaria la ayuda psicológica.

En este artículo veremos cuál es la información básica acerca de la depresión por la muerte de un ser querido, y qué se puede hacer para afrontar esto del mejor modo posible a partir del tratamiento de profesionales de la salud mental.

¿Qué es la depresión por la muerte de un ser querido?

Empecemos por lo básico: ¿es este un tipo diferente de depresión? Hay que tener en cuenta que la idea en sí de que existen varios tipos de depresión es algo controvertido. A la práctica, estas clasificaciones se utilizan para describir mejor cada uno de los casos con los que se está trabajando, pero eso no significa que existan diferentes alteraciones mentales que más allá de algunas características en común tengan poco que ver entre ellas.

En el caso que nos ocupa, la depresión por muerte de un ser querido, no se puede considerar que sea una entidad propia como alteración mental, sino más bien una especificación sobre cuál ha sido uno de los principales desencadenantes que explica cómo ha surgido.

Así pues, la depresión por duelo puede ser experimentada de tantas maneras diferentes como maneras diferentes hay de vivir la depresión en general. A pesar de ello, hay una serie de aspectos generales que suelen cumplirse. Veamos cuáles son.

Síntomas

Uno de los grandes mitos sobre la depresión es que esta consiste esencialmente en una tristeza tan intensa que causa mucho dolor psicológico, el suficiente como para dañar significativamente la vida o incluso favorecer la aparición de ideas de suicidio.

A pesar de que hay casos en los que las personas con depresión se sienten de esa manera, existen muchas otras que lo viven de un modo totalmente diferente y que no se sienten exactamente tristes. Lo más característico de la depresión, ya sea por la muerte de un familiar o amigo al que se haya querido mucho o por otras causas, es la incapacidad de sentir alegría, ilusión o en algunos casos incluso placer, y la falta de iniciativa y motivación para hacer las actividades más básicas.

La incapacidad de sentir placer, o anhedonia, aparece de manera automática, y no tiene que ver con nuestra manera de pensar en la vida o la existencia en sí: no es necesario ser extremadamente cínico o crítico con la sociedad y el mundo para sentirla, dado que su naturaleza es irracional, más allá de los límites de la razón y del lenguaje.

La abulia, o falta de iniciativa, también surge de un modo parecido. No aparece porque intelectualmente no encontremos motivos por los que sentirnos motivados por algo, sino que se expresa como síntoma sin más, sin la necesidad de que hayamos tenido que llegar a ninguna conclusión.

Tratamiento

El tratamiento de la depresión por muerte de un ser querido debe ser realizado siempre por profesionales de la salud mental, que a su vez deben también realizar un diagnóstico de manera personalizada. Que nos sintamos muy mal tras la muerte de un amigo o familiar no hace que podamos dar por hecho que tenemos depresión; hay que esperar a lo que nos digan los especialistas que lleven nuestro caso. Dicho esto, también es bueno saber que en algunos casos se recomendará combinar la psicoterapia con el tratamiento farmacológico, y en otros no.

Los fármacos alivian los síntomas, pero unas pocas tomas no hacen que el malestar se vaya. La terapia psicológica es aquella que nos puede ayudar mejor a aceptar la muerte de esa persona y a querer volver a integrarnos a un mundo en el que ya o podremos verla ni interactuar con ella. Así, el objetivo principal de la terapia es la aceptación.

¿Cómo conseguir esto? No se trata de una batalla que podamos hacer solos, y tampoco es algo que dependa solo del terapeuta. Hay que dejarse guiar por el profesional que lleve a cabo la psicoterapia, y trabajar conjuntamente. Por ejemplo, parte de estas tareas tienen que ver con la reestructuración cognitiva: la revisión de nuestras creencias más profundas para descartar aquellas que no se adaptan a la realidad y nos dañan, para sustituirlas por otras.

También se indicarán otras tareas que tienen como objetivo, principalmente, no dejarnos caer en la pasividad y en un estilo de vida alejado de toda actividad. En esto consisten los trabajos de activación conductual, muy utilizados en el tratamiento de la depresión.

Por otro lado, el rol de la familia y el entorno cercano del paciente también es fundamental. El duelo por muerte de una persona a la que se ha querido es mucho más llevadero se cuenta con el apoyo de otras personas con las que hay un vínculo personal e íntimo.

Referencias bibliográficas:

  • Gómez Sancho, M. (2004). La pérdida de un ser querido. El duelo y el luto. Madrid: Arán ediciones
  • McCullough, J. P. Jr (2003). Treatment for Chronic Depression: Cognitive Behavioral Analysis System of Psycotherapy (CBASP). Nueva York: Guilford Press.