Esta fobia puede llegar a estar presente en muchas situaciones. Unsplash

Dentro del largo listado de más de 200 fobias registradas existen algunas más conocidas que otras. Una de las que menos conocimiento se tiene pero que genera un gran malestar en quien la padece es la dermatofobia.

A lo largo de este artículo describiremos las características de la dermatofobia, así como sus síntomas, causas y qué tratamientos han resultado más eficaces para esta fobia relacionada con los problemas o enfermedades de la piel.

¿Qué es la dermatofobia?

También conocida como dermatopatofobia o dermatosiofobia, la dermatofobia es una de la muchas fobias específicas que padece un pequeño porcentaje de la población. Este trastorno de ansiedad se caracteriza porque, en los casos de personas que la sufren, aparece un profundo terror a las enfermedades cutáneas o a qualquier tipo de daño que se produzca en la piel.

A pesar de que no es un fobia demasiado común, las personas dermatofóbicas experimentan unos índices de malestar y ansiedad sumamente elevados, llegando hasta el punto de vivir obsesionados, hiperprotegiendo su piel para que esta no sufra ningún tipo de daño y realizándose chequeos y comprobaciones constantes del estado de su piel.

Otra de las características principales de la dermatofobia es la gran variedad de manifestaciones que esta provoca en las diferentes personas. Dado que cualquier estímulo que pueda representar o ser precursor de una enfermedad cutánea es susceptible de ser percibido como una amenaza, es complejo determinar con exactitud qué está provocando la respuesta de ansiedad en la persona.

Por ejemplo, una persona con dermatofobia puede experimentar una respuesta de ansiedad al notar que tiene la piel un poco seca, mientras que otra puede reaccionar ante un picor o creer que el uso de cosméticos o jabones puede dañar su piel. Por lo tanto, en la dermatofobia la interpretación del estímulo depende completamente del criterio de la persona.

Temores asociados a este trastorno

A diferencia de otras fobias, en la dermatofobia la persona puede temer tanto al hecho de padecer una enfermedad cutánea como a aquellos otros objetos o agentes externos que pueda provocarla.

Asimismo, esta fobia no es causada por una serie de estímulos concretos o fijos, sino que estos pueden ir variando en función de las creencias o la subjetividad de la persona.

Por lo tanto, otros estímulos asociados a la dermatofobia que pueden generar una respuesta de ansiedad en la persona son:

1. Insectos

La sola posibilidad de que un insecto cause cualquier tipo de lesión o daño en la piel mediante una picadura, provoca en la persona una respuesta de ansiedad típica de un trastorno de ansiedad.

2. Cambios en las temperaturas

Tanto los cambios bruscos de temperatura, como las situaciones de frío o calor acusado puede ocasionar picores o irritaciones en la piel, así como sequedad. Por lo tanto una persona con dermatofobia tenderá a evitar cualquier contexto en los que se puedan dar estos cambios.

3. Quemaduras

Una persona con dermatofobia tenderá a evitar espacios donde haya fuego tales como chimeneas o lugares en los que haya gente fumando puesto que la posibilidad de que este se queme es percibida como muy alta.

4. Agujas

A pesar de que estas tienen una fobia específica, no es la aguja en sí lo que provoca temor sino el posible daño que esta pueda causar en la piel.

5. Piercings y tatuajes

Tanto la idea de hacer un tatuaje o piercing como el hecho de observarlos en la piel de los demás provoca en las personas dermatofóbicas una sensación de aversión o repulsión.

Síntomas

Dado que la dermatobia se incluye dentro de la categoría los trastornos específicos de ansiedad, comparte sus síntomas con la mayoría de las fobias.

Este amplio abanico de síntomas se da como consecuencia de un aumento en la actividad del sistema nervioso el cual se acelera ante la presencia del estímulo nervioso. Esta actividad ocasiona tres tipos de síntomas en la persona: síntomas físico, síntomas cognitivos y síntomas conductuales.

1. Sintomatología física

En los momentos en los que la persona dermatofóbica percibe algún cambio en su piel o se encuentra ante un posible estímulo amenazador comienzan a orinarse una serie de cambios en su organismo propios de la respuesta de ansiedad. Entre estos cambios se incluyen.

  • Aumento de la tasa cardiaca.
  • Respiración acelerada.
  • Palpitaciones.
  • Sudoración excesiva.
  • Tensión muscular.
  • Cefaleas.
  • Pupilas dilatadas.
  • Náuseas.
  • Escalofríos o temblores.
  • Sensación de irrealidad.

2. Sintomatología cognitiva

Al igual que el resto de fobias, la aparición de síntomas físicos viene desencadenada por una sintomatología cognitiva. Es decir, por una serie de creencias y miedos que tiene la persona en relación con el estímulo fóbico.

En este caso, la persona posee una serie de pensamientos distorsionados o creencias erróneas en torno a las enfermedades cutáneas, sus síntomas y los agentes que las provocan.

3. Sintomatología conductual

Como consecuencia de los síntomas cognitivos nombrados anteriormente, la persona también experimentará una serie de síntomas conductuales, los cuales se manifiestan mediante conductas de evitación o de escape.

Por lo tanto, en la dermatofobia las personas llevarán a cabo todo tipo de conductas para evitar cambios en el estado de su piel, como comprobaciones constantes, higiene excesiva o temor al uso de cosméticos o evitar zonas donde se puedan encontrar con posibles amenazas.

Causas

Como ocurre con muchos otros trastornos de ansiedad, no se han establecido de manera específica las causas u orígenes de la dermatofobia.

No obstante, se hipotetiza que una predisposición genética unida a la vivencia de algún tipo de situación altamente estresante o traumática en la que la persona, o alguien muy cercano, hubiera sufrido algún daño en la piel podría ocasionar la aparición de este tipo de fobia.

Tratamiento

En el tratamiento de la dermatofobia es esencial el uso de la psicoterapia para acabar con los pensamientos y creencias distorsionadas que generan el resto de síntomas. Además, la intervención mediante desensibilización sistemática junto con entrenamiento en relajación suele ser la opción más efectiva.