Hace mucho calor. No hemos comido. Viajamos en coche. Nos levantamos repentinamente tras estar mucho tiempo tumbados. Es probable que en alguna de estas situaciones hayamos experimentado de golpe un mareo que amenaza con hacernos caer al suelo o que nos deja aturdidos. 

La mayoría de las personas sabe y posiblemente ha sufrido algún mareo a lo largo de su vida. Pero, ¿qué es y porqué se produce? En este artículo vamos a hablar sobre los mareos, sus causas, síntomas y tratamiento.

El mareo: definición y síntomas principales

El concepto de mareo hace referencia a una sensación de malestar agudo y repentino que aparece en diversas situaciones tales como movimientos bruscos, alteraciones en los niveles de glucosa en sangre o estrés. No se trata de un trastorno en sí sino que suele tratarse de un síntoma de que existe algún tipo de alteración en nuestro organismo.

Los principales síntomas que nos indican que estamos mareados son la presencia vértigo (en el que se da la sensación de que las cosas dan vueltas) y de la sensación de alteración o estrechez de conciencia en forma de embotamiento, que puede venir junto a una limitación del campo perceptivo al que atendemos. 

Es habitual que aparezca visión borrosa, cefalea y agitación. Otro elemento típico es la inestabilidad postural y la pérdida de tono muscular. Suele alterarse el ritmo cardiorrespiratorio y no es raro que aparezcan también síntomas digestivos como las náuseas o el vómito.

En ocasiones conduce a la pérdida temporal de conciencia, en forma de síncope y podemos experimentar un enlentecimiento mental y dificultades para el habla, así como una sudoración profusa y pitidos en los oídos.

Tipos de mareo

Existen diversas clasificaciones de mareo en función de aspectos tales como su persistencia o modo de aparición, si bien pueden aparecer en diferentes trastornos y síndromes como los vertiginosos. A continuación veremos una de ellas, concretamente la reflejada por GAES.

1. Mareo agudo

Este tipo de mareo se presenta de forma súbita y dura unas pocas horas antes de desaparecer por sí solo, como si se tratara de un brote. Dicho brote reaparecerá tiempo después. Es frecuente que aparezca junto a pérdida auditiva.

2. Mareo súbito

Se caracteriza por una aparición brusca de sensaciones de inestabilidad y malestar. Aunque persiste durante un periodo que puede durar meses, va disminuyendo con el tiempo. Dentro de este tipo está el conocido vértigo postural benigno, provocado por movimientos bruscos, o el propio de inflamaciones del oído.

3. Mareo persistente

El más preocupante ya que suele asociarse a alteraciones nerviosas o cerebrales o incluso a tumores, el mareo persistente es el que se da de manera insidiosa y que va aumentando progresivamente con el tiempo.

¿Por qué se producen?

Las causas del mareo son por lo general de importancia menor y fácilmente tratables, si bien siempre hay que tener en cuenta que pueden ser síntoma de la existencia de patologías de mayor o menor severidad. 

En este sentido, no es mala idea acudir a un médico si se acompaña de otros síntomas o bien no se le puede atribuir una causa específica. La alteración suele darse a nivel del sistema vestibular o afectar a éste o a la integración de la información que proporciona.

1. Alimentación e hidratación

Uno de los motivos por los que podemos llegar a marearnos lo encontramos vinculado a la presencia excesiva o ausencia de determinados nutrientes en nuestro organismo a través de nuestra dieta, o bien ante la falta de hidratación.

Por ejemplo, uno de los momentos más habituales en que sufrimos mareos es cuando padecemos una hipoglucemia. En estos casos la ausencia de suficiente glucosa en sangre genera la debilidad y mareo que pueden conducir a un desmayo

Los mareos propios de esta alteración pueden provenir de no comer suficiente o estar anémico, hacer ejercicio de tal manera que quememos el azúcar en sangre, o bien sufrir enfermedades como la diabetes (en cuyo caso puede ser peligroso y se ha consumir azúcar rápidamente). También la ausencia de otros componentes esenciales como el hierro pueden generar mareos por anemia.

2. Presión sanguínea

La elevación o disminución de la presión sanguínea es otro de los motivos por los que pueden aparecer mareos. El estar expuestos a temperaturas excesivas puede provocar que nos mareemos. Lo mismo puede decirse de la falta de hidratación.

3. Movimiento

Otro de los motivos por los que puede aparecer el mareo es ante la realización de movimientos aceleratorios o desaceleratorios que generen que nuestro sistema visual y vestibular se contradigan. Por ejemplo ante movimientos bruscos y rápidos o durante viajes en diferentes tipos de vehículo (es el caso de la cinetosis o mareo por movimiento).

4. Hormonas y medicamentos

La toma de algunos medicamentos pueden provocar mareo como efecto secundario, así como también las hormonas. No es raro por ejemplo que durante la menstruación o el embarazo puedan aparecer.

5. Enfermedades graves

Como hemos dicho en ocasiones las alteraciones que generan el mareo pueden ser graves. Marearse puede indicarnos la existencia de problemas cardiovasculares tales como el infarto de miocardio o cerebral, diabetes mellitus (sea o no conocida de antemano por el paciente), alteraciones en la composición de la sangre, infecciones como la del herpes, problemas en la columna vertebral o en el oído interno o incluso tumores.

Por último, podemos encontrar mareos provocados por causas psicológicas: el estrés, la depresión, la ansiedad o las fobias generan en ocasiones este tipo de malestar.

Tratamiento

En la mayor parte de los casos los mareos se dan de forma esporádica y no requieren tratamiento. Sin embargo, en los casos en que el tratamiento a emplear sí va a depender de la causa en concreto del mareo.

Por ejemplo, si se debe a una enfermedad médica el tratamiento en cuestión dependerá de la zona afectada que lo causa y la enfermedad en sí. En el caso de problemas de anemia o derivados de la alimentación deberán empezar a introducirse cambios en la dieta, así como pautar la realización de ejercicio según el caso. 

Aumentar el nivel de presión sanguínea mediante la hidratación o la administración de medicación o suero según el caso también puede ser necesario, así como evitar la exposición a temperaturas elevadas durante demasiado tiempo. Establecer periodos de descanso suficientes, comer adecuadamente, y llevar una vida activa suelen ser muy recomendables.

En el caso de los mareos vinculados a problemas psicológicos como el estrés, el consumo de tranquilizantes y la realización de terapias como la de habituación o la relajación son de gran utilidad, así como el aprendizaje de nuevas maneras de hacer frente a las situaciones pueden ser de gran ayuda.