A lo largo de los últimos dos siglos, la psicología y, en especial, su aplicación clínica, ha ido modificando varios de sus postulados y conceptos usados para establecer temas de estudio y análisis científico.

Entre ellos se encuentran los sistemas diagnósticos, los cuales no solamente han ido añadiendo y quitando trastornos psicológicos sino que, además, los ya existentes los ha rebautizado en términos que uno pudiera pensar que son otra cosa.

Uno de estos trastornos es el de la neurosis de ansiedad, término el cual hoy sería raro encontrar en el anamnesis de un paciente. Pese a estar desfasada, su definición y acuñación son muy interesantes, y nos hablan acerca del desarrollo de la ciencia del comportamiento (la psicología) y de la psiquiatría. Si quieres saber más sobre esto, sigue leyendo.

¿Qué es la neurosis de ansiedad?

El término neurosis de ansiedad es una expresión, hoy en día en desuso, acuñada originalmente por Sigmund Freud. Con este término, el famoso psicoanalista austríaco hacía referencia a cuando una persona padecía períodos de profunda ansiedad y mucha tensión corporal. Cuando una persona era diagnosticada bajo esta etiqueta, significaba que sufría de un estado de elevada excitabilidad y, también, se sentía muy preocupada por su futuro, especialmente viéndolo muy funesto (espera angustiosa).

Aunque hoy en día ningún psicólogo le daría a alguien el diagnóstico de neurosis de ansiedad, sí que cabe destacar que ha sido de vital importancia a la hora de entender los trastornos de ansiedad y las clasificaciones que se han hecho de ellos. El equivalente actual a este tipo de neurosis sería el de ataque de pánico.

La neurosis en la historia de la Psicología

Como ya íbamos diciendo, antes de la elaboración actual de la clasificación para los trastornos de la ansiedad se utilizaba el término de neurosis con una definición muy similar a la actual de este tipo de trastornos.

Freud dedicó parte de su trabajo en elaborar una detallada descripción de trastornos que compartían la etiqueta de neurosis, como por ejemplo neurosis fóbicas, neurosis obsesivo-compulsivas, neurosis depresivas… y, siendo el principal tema del presente artículo, neurosis de ansiedad. Hoy en día, todas estas neurosis han sido renombradas bajo diferentes categorías, en especial dentro de los trastornos de la ansiedad.

Sin embargo, quien usó por primera vez el término de ‘neurosis’ no fue el psicoanalista más famoso de todos los tiempos, sino un médico y químico escocés, William Cullen, quien uso el término por primera vez en 1769. Esta palabra la usó haciendo referencia a trastornos sensoriales y motores que eran causados por enfermedades en el sistema nervioso.

De esta manera, la palabra neurosis hacía referenci,a en aquellos tiempos, a todo trastorno mental que supusiera algún tipo de distorsión en el pensamiento racional de quien lo padecía, además de disminuir su funcionamiento a nivel familiar, social y laboral.

Hoy en día la palabra neurosis ha sido prácticamente olvidada en el ámbito académico. Ningún psicólogo clínico, por muy psicoanalista que fuera, usaría este término a la hora de diagnosticar a alguien.

Sin embargo, esto no quiere decir que la palabra haya sido totalmente olvidada en la cultura popular. Su uso a nivel coloquial es sinónimo de obsesión, nerviosismo y excentricidad, aunque no puede ser tomada en serio como término relevante en un sentido clínico.

¿Cuáles son sus síntomas?

Como vimos, la neurosis de ansiedad ya no es una etiqueta diagnóstica vigente en la práctica clínica y, por lo tanto, decir que tiene unos síntomas no sería del todo correcto, dado que realmente, tal y como fue concebida en su momento, esta patología no existiría. Sin embargo, se puede medio solapar con el concepto que tenemos hoy en día de lo que es el trastorno de pánico.

Así pues, la neurosis de ansiedad se puede entender como un problema patológico en el cual la persona presenta episodios en los que siente un gran miedo y ansiedad, apareciendo de forma repentina y sin ningún tipo de aviso previo. La crisis empieza de forma súbita, sin que haya habido un factor claro que explique el por qué se está empezando a dar el episodio.

Estos episodios propios de este tipo de neurosis coinciden con los ataques de pánico, los cuales tienen una duración variable, de unos 10 a 20 minutos a horas. Su frecuencia de aparición también varía, siendo posible manifestarlos cada mucho tiempo o, en los casos más preocupantes, varias veces cada mes.

La ansiedad que sufre la persona es muy alta, acelerándose su corazón y, habitualmente, sintiendo dolor pectoral, lo cual hace que en muchas ocasiones piensen que están sufriendo un ataque cardíaco.

A continuación veremos un listado de síntomas que, si bien son cogidos del DSM-5 para el trastorno de pánico; la mayoría de su sintomatología coincide con la concepción original de neurosis de ansiedad.

  • Miedo desmesurado a perder el control, volverse loco o morirse.
  • Temblores por todo el cuerpo.
  • Sudoración y escalofríos.
  • Latido acelerado y sensación de que se va a tener un ataque cardíaco.
  • Sensación de dolor intenso en el pecho sin causa biológica aparente.
  • Sensación de falta de aire sin causa biológica aparente.
  • Sensación de asfixia sin causa biológica aparente.
  • Náuseas, hiperacididad, reflujo ácido y ganas de vomitar.
  • Calambres.
  • Mateos y sensación de pérdida de equilibrio.
  • Adormecimiento de extremidades.
  • Sequedad en la boca y garganta.
  • Alteraciones del sueño.
  • Deseo sexual disminuido.

Durante la crisis no se manifiestan todos los síntomas aquí mostrados, pero sí una importante cantidad de ellos. El malestar que padece la persona mientras tiene el ataque de pánico es muy elevado, lo cual puede incluso incrementar la propia ansiedad que, ya de por sí, es alta. Esto es uno de los factores que pueden hacer que el episodio dure más.

Como los ataques no son predecibles, la persona vive con miedo a poder experimentarlos en situaciones en las que, si le pasa algo, puede verse en peligro su integridad física. Las personas quienes sufrirían esta neurosis de ansiedad se encontrarían en constante alerta.

Como ya se ha dicho, muchos de los síntomas que se sufren durante la crisis no tienen causa biológica aparente. En muchas ocasiones, quienes sufren de trastornos de pánico, a pesar de que su médico les ha dicho que no tienen ningún tipo de problema de salud que explique el dolor pectoral y la falta de aire, siguen temiendo que puedan fallecer a causa de un ataque al corazón o asfixia.

Afectación en la vida diaria

Si bien, dado que el término de neurosis de ansiedad está desfasado, no es posible conocer estadísticas y estudios que hablen sobre cómo interfiere en el día a día de los pacientes que sufrirían este trastorno, sí que es posible, al igual que hemos hecho en el apartado sobre los síntomas, extrapolarlo con cómo viven las personas con trastorno de pánico su vida cotidiana.

Los ataques de pánicos pueden presentarse de forma única, especialmente en situaciones con alto estrés. La persona puede verse superada por las exigencias del día a día, especialmente si ha habido algún acontecimiento que le haya puesto en especial tensión.

Sin embargo, la interferencia es muy grave cuando los ataques de pánico se manifiestan de forma frecuente y sin avisar. La persona no tiene la capacidad de saber qué es lo que va a activarle toda la sintomatología anteriormente mencionada, haciendo que tema hacer acciones cotidianas que, quizás, le lleven a la tan desagradable situación.

La persona vive constantemente en un estado de hipervigilancia y tensión. Tiene miedo de que el futuro vaya a ir peor de lo cómo está viviendo el presente. También teme que le pase justo cuando está en una situación en la que difícilmente le van a poder ayudar, lo cual hace que, como efecto colateral, desarrolle agorafobia.

Con agorafobia, a diferencia de la idea popular que se tiene de que es el miedo a salir de casa, realmente se hace referencia al miedo de encontrarse en una situación en la que se sufra algún problema y nadie pueda ayudarnos.

Como consecuencia de esto, la persona con trastornos de pánico combinado con agorafobia empieza a restringir su conducta, evitando ciertos lugares o evitando salir de su lugar seguro, normalmente estando en casa siempre con la compañía de alguien.

Tratamiento

El tratamiento para la neurosis de ansiedad sería el mismo para los ataques de pánico. Consistiría en ayudar a la persona quien sufre estos episodios de ansiedad a desarrollarse y desempeñarse de forma más funcional en su vida diaria, para poder disfrutar de una vida familiar, social y laboral lo más cercano a lo normal posible. Para ello es necesario combinar psicofarmacología con psicoterapia.

En primer lugar, lo vía farmacológica se suelen utilizar antidepresivos ISRS, especialmente paroxetina, sertralina y fluoxetina, los cuales inhiben de forma selectiva la recaptación de serotonina, elevando el estado de ánimo. También se recetaría IRSN, en concreto venlafaxina.

Otros fármacos que se recetan sedantes como las benzodiacepinas, que son depresores del sistema nervioso central e inducen a un estado de calma. Los más usados para esta condición son alprazolam y clonazepam, aunque su uso se limitaría en el tratamiento a corto plazo debido a su alto riesgo de adicción.

En segundo lugar está la psicoterapia, que se centraría en trabajar las distorsiones en la mente de la persona que le hacen pensar que va a sufrir un inminente ataque de pánico que acabará con su vida. También se pretende hacerle ver que no hay tantos peligros como cree y que, si le pasara algo, es bastante probable que alguien le acabará ayudando si fuera, por ejemplo, por la calle o estuviera en un espacio público.

Se enseñan estrategias del manejo del estrés, relajación, control de la respiración y también se trabaja con ideas que puedan servir como activadores de la ansiedad. Para ello, suele utilizarse la terapia cognitivo-conductual (TCC), en la que se anima a la persona a expresar sus sentimientos e ideas con respecto a su problemática y cómo ésta repercute en su vida diaria, para ir introduciendo cambios en su manera de pensar, de sentir y de comportarse.

Así, bajo el concepto-paraguas de neurosis de ansiedad hay una realidad compleja que puede ser plasmada en muchos tipos de problemas diferentes y que requieren un abordaje específico y personalizado. Es por eso que a medida que la psicología aplicada va evolucionando, se intenta ir más allá de las viejas categorías clínicas y centrarse más en los síntomas ligados a un contexto determinado, para a partir de ahí establecer qué tipo de intervención psicoterapéutica funcionaría mejor.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association (APA). (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). Arlington, VA: American Psychiatric Publishing.
  • Botella C. y Ballester, R, (1997). Trastorno de pánico: Evaluación y tratamiento. Barcelona, España: Martínez Roca.
  • Calleo, J. & Stanley, M, (2008). Anxiety Disorders in Later Life: Differentiated Diagnosis and Treatment Strategies. Psychiatric Times. 26(8): pp. 24 – 27.