En el caso de esta fobia, es difícil determinar un estímulo determinado que desencadene los síntomas. Pexels.

Todos nosotros le tenemos miedo a algo en esta vida. En algunos casos, incluso, este miedo llega a tomar la forma de una auténtica fobia que nos puede limitar más o menos y que puede estar dirigido hacia algún estímulo concreto o no. Las arañas, las alturas, la sangre o las inyecciones, hablar en público, los espacios cerrados, los aviones o la imposibilidad de ser ayudados si tenemos una crisis de ansiedad son algunos ejemplos típicos de fobias.

Pero ahora imaginemos que todo nos diera miedo. Que estuviéramos constantemente temiendo que algo pasara. Es lo que les ocurre a aquellas personas que presentan la panofobia u omnifobia.

La panofobia: el miedo a todo

Se entiende por panofobia u omnifobia a un tipo de fobia un tanto particular. De hecho, puede considerarse uno de los tipos de fobia más extraños. Y es que que por lo general las fobias hacen referencia a la existencia de un elevado nivel de miedo o pánico hacia un estímulo o tipo de estimulación concreta que es reconocida como irracional y desproporcionada en relación al nivel de riesgo real que supone el estímulo en cuestión. La presencia del estímulo en cuestión genera un elevado nivel de ansiedad, hasta el punto de que el sujeto evita las situaciones en las que este puede aparecer y huye de su aparición.

Sin embargo, aunque en la panofobia si encontramos las anteriores reacciones lo cierto es que no existe un estímulo concreto que las provoque. O mejor dicho, todo se vuelve fóbico. Estaríamos ante una sensación de pánico y terror continuado y vago, sin un objeto fijo que lo explique, que permanece contínua en el tiempo.

Asimismo, también es posible que se observe una fluctuación del miedo entre diferentes estímulos, pasando unos a ser más fóbicos que otros dependiendo de la situación. La panofobia no es en la actualidad recogida como una fobia en clasificaciones diagnósticas como el Manual Diangóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (o DSM) o la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), pero podría entrar en la categoría de otros trastornos de ansiedad no especificados.

Interferencia en la vida diaria y en el organismo

Si ya un fobia específica y concreta puede llegar a ser muy invalidante, está claro que la panofobia conlleva un elevado nivel de sufrimiento, frustración y cansancio a aquellos que la padecen. Además tiene potencial para generar una alteración en todos los ámbitos vitales:la persona puede tener miedo a todo lo que percibe, tanto proveniente del mundo exterior como del propio interior, y tienden a padecer una ansiedad continuada y a aislarse. Familia, amigos, trabajo u ocio se ven muy limitados, y las personas que rodean al sujeto pueden no comprender la situación de la persona en cuestión.

Es habitual que con el tiempo aparezcan síntomas depresivos, baja autoestima y autoconcepto y diferentes alteraciones somáticas. A nivel físico la presencia de taquicardias, aceleración del ritmo cardiorrespiratorio, sudores, molestias gastrointestinales, vómitos, cefaleas,mareos y desmayos son habituales (tal y como ocurre en otras fobias frente al estímulo fóbico). Es necesario tener en cuenta que este nivel de agitación contínua puede ser perjudicial para el organismo, agotando nuestros recursos y dificultando la concentración y el mantenimiento de la energía.

Causas de este trastorno

Las causas de este trastorno no son enteramente conocidas, siendo además la panofobia muy poco habitual y existiendo pocos estudios sobre ella. Sin embargo, podría considerarse la hipótesis de la existencia de un elevado nivel de excitabilidad cerebral de base, especialmente en el sistema límbico, que hubiese podido interactuar con la presencia de vivencias traumáticas múltiples. Con el paso del tiempo, el miedo generado por dicha interacción se generalizaría a la mayoría de estímulos, o incluso captándose la realidad como algo peligroso en su totalidad.

También el condicionamiento y el aprendizaje de modelos parentales extremadamente inseguros y con un muy elevado nivel de ansiedad y miedo de manera continuada, o con poca capacidad para proporcionar sensaciones de seguridad o afecto al menor, puede contribuir a este hecho.

Relación con otros trastornos psiquiátricos

La panofobia se ha visto a menudo vinculada con diferentes afecciones psiquiátricas altamente conocidas. De hecho, a menudo se identifica (aunque no es exactamente lo mismo) con el trastorno por ansiedad generalizada o TAG, en el que también aparece de manera persistente una agitación y ansiedad permanente ante preocupaciones del día a día que el sujeto no puede controlar y cuya anticipación teme (a menudo dándole una importancia excesiva en relación al posible devenir).

Otro trastorno con el que se ha visto muy vinculada es con la esquizofrenia, pudiendo aparecer este miedo a todo con el paso de tiempo tanto en pacientes con deterioro como en aquellos con un elevado nivel de agitación. Suele ser un síntoma más bien secundario y no definitorio del trastorno.

Por último también se ha relacionado con el trastorno límite de la personalidad, caracterizado por una emocionalidad intensa y desbordada, altamente lábil y en la que quienes lo padecen tienen grandes dificultades para gestionar las emociones. Es un síntoma común la presencia de sentimientos crónicos de profundo vacío, así como desesperación ante la idea de ser abandonado y realización de diferentes conductas para evitarlo, ideas delirantes y actitudes agresivas y autolesivas.

El tratamiento de la panofobia

Teniendo en cuenta las características anteriormente mencionadas de la panofobia, su tratamiento puede parecer más complicado que el del resto de fobias. Pero esto no quiere decir que no sea posible combatir este problema.

Al igual que ocurre con el resto de fobias, la terapia de exposición se hace una técnica realmente útil. Sin embargo, existe una dificultad: el establecimiento de una jerarquía de exposición. Y es que en este caso el estímulo fóbico es inespecífico y en muchos de los casos los pacientes no son capaces de determinar a qué le temen. Si bien generalmente nos centramos en un tipo de estímulo fóbico, en esta caso es mucho menos probable. De modo que en este tipo de fobia a lo que debería exponerse el sujeto en cuestión es a la sensación de miedo en cuestión, pudiendo ser aplicados los diferentes miedos que vaya narrando.

Además, resulta de gran utilidad la desensibilización sistemática, en la cual el sujeto debe aprender a emitir una conducta incompatible con la ansiedad o el miedo. En caso necesario, para facilitar el proceso y un control extremo de las condiciones de exposición puede llegar a emplearse la exposición en realidad virtual.

La reestructuración cognitiva es otra de las técnicas más empleadas y que puede tener una gran utilidad. Explicitar las creencias del sujeto respecto a sí mismo, respecto al mundo y respecto a su situación para posteriormente intentar proponer interpretaciones alternativas y poco a poco ir integrándolas en la psique del paciente puede permitir un mejor autocontrol y con el tiempo un menor nivel de activación nerviosa.

La programación neurolingüística y la técnica de autoinstrucciones puede resultar también de ayuda, de tal manera que reprogramando como nos expresamos y las autoinstrucciones que nos damos podemos visualizarnos desde una perspectiva más positiva y autoeficaz.

También el aprendizaje de técnicas de relajación es importante. En casos extremos puede requerirse incluso del uso de medicación con el fin de controlar el nivel de activación fisiológica, si bien debe trabajarse por explorar el origen que pueda tener dicho temor y realizar terapias como las anteriormente mencionadas.