La psicoterapia no consiste simplemente en reunirse con el psicólogo y contarle en voz alta las frustraciones que hemos ido acarreando durante los últimos días o semanas; tampoco es acudir a sesiones informativas en las que como pacientes interiorizamos conocimientos teóricos acerca de lo que nos ocurre y nos desprendemos de falsas creencias.

A pesar de que estos dos fenómenos están presentes en mayor o menor medida en cualquier proceso de psicoterapia, esta va mucho más allá de esta clase de actividades. No se basa simplemente en la expresión y memorización de ideas, sino que está tan o más relacionada con el ir y venir de las emociones que con la transmisión de conocimientos que pueden ser plasmados en frases y palabras.

Dicho de otro modo, la gestión emocional, aquello que tiene lugar en el dinamismo de nuestra mente, es un aspecto clave en terapia psicológica, y esta no puede ser abarcada por el lenguaje ni por lo que podemos guardar por escrito. Progresar a lo largo de las visitas al psicólogo significa dominar la práctica de esta clase de procesos vivos y cambiantes basados en la modulación y transformación de emociones en el aquí y ahora.

¿Por qué la regulación emocional es fundamental en terapia psicológica?

¿Saben las personas adictas al tabaco que fumar es malo? Actualmente, la respuesta en la gran mayoría de los casos es sí: cada año se invierten grandes cantidades de dinero en conseguir que todo el mundo conozca de la existencia de los efectos nocivos de este producto, al menos en los países occidentales. Sin embargo, eso no quita que miles de personas perfectamente conscientes de que fumar les daña la salud intentan dejar de consumir tabaco y no se sienten capaces.

Este hecho plasma bien lo que tiene lugar en un proceso de psicoterapia: no se trata tanto de aprender la teoría, sino de dominar la práctica de ganar control y autonomía en el modo en el que vivimos la vida, pensamos y nos relacionamos con los demás. Del mismo modo en el que leer un libro de autoayuda probablemente no será suficiente para superar una psicopatología, es necesario exponernos a un contexto en el que podamos entrenar nuevas y más adaptativas maneras de vivir la vida.

Y las sesiones de psicoterapia son ese contexto: un lugar en el que profesionales de la salud mental y el bienestar psicológico nos dan apoyo, estudian nuestro caso particular y nos ofrecen soluciones a medida. Soluciones que pasan por aumentar nuestros conocimientos acerca de lo que nos ocurre, pero también por poder realizar ejercicios que nos permiten aprender a gestionar mejor nuestras emociones y sentimientos, entre otras cosas. No todo se basa en hablar, leer o escuchar consejos; la mayor parte del cambio llega a través de transformaciones personales basadas en la práctica, una práctica apoyada por el asesoramiento y las pautas del psicoterapeuta, y de las herramientas materiales y psicológicas que nos ofrece.

Las principales áreas de gestión de emociones en un proceso terapéutico

Estos son los aspectos más importantes en las que los pacientes van mejorando su gestión de las emociones durante el despliegue de las fases de la psicoterapia.

1. La relación con nuestra propia percepción del problema

El proceso de auto-conocimiento en lo relativo al problema que nos ha llevado a buscar ayuda profesional es clave, y de hecho, muchas veces parte de lo que nos hace sufrir radica ahí. Los psicólogos proponemos toda una serie de ejercicios que ayudan a avanzar en este frente; por ejemplo, muchas veces damos una serie de instrucciones y pautas a aplicar en el día a día para ir anotando cierto tipo de pensamientos que nos vienen a la mente, para así ir aprendiendo patrones de aparición de ideas, de sentimientos, etc.

Esto hace posible cuestionar determinadas creencias erróneas sobre nosotros mismos, parar en seco sentimientos desagradables o disfuncionales que nos suelen llevar a realizar conductas inadecuadas, etc. De este modo, dejamos de alimentar los procesos emocionales que estaban manteniendo “con vida” el conjunto de acciones y patrones de pensamiento que nos pone en situaciones problemáticas y que no nos aportan nada bueno.

2. La relación con el o la psicoterapeuta

El tipo de vínculo emocional que establecemos con la persona que lleva nuestro caso es muy importante; de hecho, influye mucho en el resultado que vayamos a obtener, dado que si esta interacción es problemática, lo más probable es que no seamos todo lo abiertos y honestos que requiere a situación, y que no nos comprometamos del todo con la terapia.

Por suerte, este es un ámbito al que los psicólogos prestamos mucha atención y en el que estamos acostumbrados a intervenir en beneficio mutuo, o sea que tendrás muchas ayudas para “conectar” del modo adecuado, ni desde un trato demasiado frío y distante ni desde la expectativa de entablar una amistad.

3. La relación con el proceso de terapia

Saber aprovechar en nuestro favor las emociones relativas a la terapia es algo que se nota, entre otras cosas, en nuestra capacidad a la hora de auto-motivarnos y proponernos llegar al siguiente objetivo. Y por supuesto, hace que disminuya el riesgo de que dejemos de asistir a las sesiones antes de tiempo.

4. La relación con los propios pensamientos y sentimientos

A medida que vamos dominando la regulación de emociones, vamos siendo más capaces de modular el modo en el que “movemos por nuestra mente” nuestro foco atencional. Eso hace que lo centremos en aquellos aspectos en los que podemos hacer algo para mejorar y que nos permiten ser constructivos, en vez de limitarnos a estar anclados en el pesimismo.

5. La relación con nuestro entorno cotidiano

Esta área incluye tanto lo que pensamos y sentimos al interactuar con los entornos a los que nos solemos exponer (nuestra oficina, las tiendas por las que pasamos, etc.) y con las personas con las que solemos relacionarnos o nos podríamos llegar a relacionar (nuestra pareja, nuestros padres, nuestros jefes, etc.).

6. La relación con nuestra autoestima

Finalmente, todos los procesos anteriores, parcialmente solapados entre sí, dan lugar a una autoestima equilibrada, ajustada a nuestras capacidades reales y que además es capaz de llevarnos a asumir retos nuevos, dado que somos conscientes de que si bien siempre podemos aprender cosas nuevas, somos imperfectos y queda margen para seguir progresando.

Referencias bibliográficas:

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  • Spencer-Oatey, H. (2005). (Im)Politeness, Face and Perceptions of Rapport: Unpackaging their Bases and Interrelationships. Politeness Research. 1(1): 95 - 119.
  • Wierzbicki, M.; Pekarik, G. (1993). A meta-analysis of psychotherapy dropout. Professional Psychology: Research and Practice. 24(2): pp. 190 - 195.