Varios motivos por los que realizar actividades de estimulación cognitiva. Unsplash.

¿Quién no ha perdido las llaves alguna vez, se ha equivocado de hora en una cita o ha olvidado el cumpleaños de alguien?

Estos despistes los solemos vivir todos en algún momento dado y son normales en períodos más estresantes, pero será preocupante si ocurren frecuentemente, nos cuesta poner solución a ellos o afectan a nuestra vida personal, familiar y/o laboral.

El envejecimiento es un proceso de deterioro generalizado del individuo que comporta una serie de cambios estructurales y funcionales como la degeneración de tejidos del cerebro, la limitación de la renovación celular o la ralentización de procesos, que aparecen con el paso del tiempo y no son consecuencia de enfermedades ni accidentes.

Dicha degeneración no se debe solamente al proceso de envejecimiento centrado en lo biológico, sino que también depende de otros factores como el ambiental, social y familiar, pero especialmente del grado de estimulación que se reciba de estos ámbitos.

La pérdida de memoria no tiene por qué ser patológica; en ocasiones aparece incluso a partir de la quinta década de la vida siendo una pérdida benigna, aunque conviene prestarle atención y consultar con un especialista para descartar patologías asociadas.

La importancia de la estimulación cognitiva

Los estereotipos sobre la vejez pueden hacer creer que los problemas de memoria son irremediables, pero esta creencia supone un grave error. Numerosos estudios demuestran que es posible atajar los problemas de memoria mediante actividades de estimulación cognitiva. Se trata de una estrategia de promoción de la salud que contribuye a favorecer un envejecimiento activo y saludable.

El envejecimiento tiene consecuencias físicas (pérdida de equilibrio, tono muscular y coordinación, entre otras) y cognitivas (pérdida de memoria, lentitud mental, dificultades en el razonamiento, etc.) que provocan a su vez una disminución en la calidad de vida y en la autonomía de la persona, pudiendo aparecer problemas emocionales asociados como ansiedad o depresión.

Las experiencias de vida guardan una relación muy estrecha con el deterioro. El hecho de tener una salud frágil, una educación pobre, la presencia de algún tipo de patología o la falta de motivación pueden ser motivo de interferencia en la adecuada manifestación de las funciones intelectuales.

En una sociedad donde ha ido aumentando la población mayor de 65 años hasta llegar a ocupar el 16%, en comunidades como Cataluña se vuelve necesaria una atención multidisciplinar que vaya más allá de la intervención médica o farmacológica.

La intervención terapéutica para reforzar la memoria

Existen varias maneras en las que mediante la intervención psicológica se puede entrenar la memoria. Por ejemplo, Psicotools, centro de psicología de Gràcia-Vallcarca con un servicio especializado en Neuropsicología, trabaja con un área especializada en neuropsicología que dirige la neuropsicóloga Elba Egea Senabre y desde la que ofrecen la estimulación cognitiva, basada en la activación de diferentes funciones como la atención, memoria, lenguaje, razonamiento u orientación.

La estimulación cerebral se puede llevar a cabo tanto con actividades cotidianas (lectura de libros, baile, juegos de mesa o la construcción de puzles), como asistiendo a talleres específicos de entrenamiento cognitivo, donde se plantean ejercicios, juegos y debates acordes al perfil de los participantes, que despiertan su curiosidad presentándoles retos.

7 motivos para iniciar un entrenamiento de estimulación cognitiva

Son ampliamente conocidos los beneficios que reporta al adulto mayor entrenar su memoria y el resto de las funciones cognitivas. Veamos cuáles son.

1. Prevenir el declive cognitivo y las enfermedades neurodegenerativas

Las personas con algún tipo de deterioro cognitivo que participan en talleres de estimulación cognitiva mantienen por más tiempo sus capacidades cognitivas, evitando una rápida degeneración de las mismas y retrasando o manteniendo el avance de enfermedades neurodegenerativas.

2. Mejora en el funcionamiento cognitivo

Entrenar en un taller funciones cognitivas como nuestra atención, memoria, razonamiento, solución de problemas, toma de decisiones o visopercepción, hace que mantengamos nuestro cerebro despierto, y esto facilita que nos desenvolvamos mejor en nuestro entorno.

3. Mejora el estado anímico

Factores como tener una ocupación, la motivación, los vínculos sociales o disponer de un espacio de confianza donde poder expresar las opiniones y experiencias sin ser juzgado propiciarán el bienestar emocional de la persona.

4. Aumenta la socialización y círculo de amistades

Entre las personas mayores es muy común el aislamiento debido a la pérdida de amistades, cambios de residencia o afectación del estado anímico.

La pertenencia a un grupo de personas con las que se tiene características en común y se comparten momentos de inspiración y aprendizaje ayuda a crear vínculos sociales y genera sensación de bienestar y seguridad.

5. Refuerza y aumenta la autoestima

Los motivos que minan la autoestima de nuestros mayores son diversos: pérdida de capacidades, mayor dependencia, cambio de residencia, pérdida de amistades o cónyuge, etc… En el taller dotamos de protagonismo a cada uno de los participantes, otorgando valor a sus experiencias y logros, ayudándoles a mantenerse activos y fomentando su toma de decisiones.

6. Aumenta su propia autonomía

Confiar en ellos y dejar que realicen sus actividades diarias, siempre manteniendo su seguridad, es vital para fortalecer su autonomía. Aunque sea de forma más lenta o con supervisión, si fuera necesaria, es positivo que sean ellos quienes realicen las actividades o al menos las partes que sean capaces de hacer.

Desde el taller, el mantenimiento de las funciones cognitivas conlleva a su vez una mayor autonomía en las rutinas cotidianas, trabajando por ejemplo la secuenciación de poner una lavadora u organizar un viaje.

7. Evita el estrés causado por el deterioro cognitivo

Ver disminuidas nuestras funciones cognitivas, así como las dificultades que éstas comportan en nuestro día a día, genera una impotencia y una frustración en la persona que pueden derivar en irritabilidad, problemas de conducta o incluso depresión. Buscar ayuda e iniciar una estimulación que ayude a frenar este deterioro es un primer paso. Realizar estimulación cognitiva estimula las zonas cerebrales encargadas de experimentar emociones como empatía, satisfacción o alegría.

Concluyendo

Recomiendo encarecidamente la decisión de tener un estilo de vida saludable, haciendo ejercicio regularmente y realizando una estimulación cognitiva de calidad. Nunca es tarde para proponernos objetivos que beneficien a nuestro organismo.

Recordando a Lao Tse, “Un viaje de mil millas comienza con un primer paso”.

Autora: Elba Egea Senabre, neuropsicóloga, responsable del área de Neuropsicología de Psicotools.