El entrenamiento cognitivo para personas de la tercera edad es un recurso terapéutico muy útil que permite frenar la caída de ciertas capacidades mentales.

Cuando entramos en la tercera edad, hay varios aspectos de nuestras capacidades psicológicas que pueden estar en uno de sus mejores momentos. El hecho de haber aprendido a partir de décadas de experiencia, si se sabe aprovechar, nos vuelve más sabios y con más criterio para muchas cosas.

Sin embargo, también es cierto que la vejez llega con limitaciones asociadas al paso del tiempo y sus efectos en nuestro cuerpo, incluido nuestro sistema nervioso.

El entrenamiento cognitivo para la tercera edad es precisamente una herramienta con la que los psicólogos ayudamos a amortiguar este desgaste mental. Porque si bien es cierto que prácticamente ninguna persona en edad de jubilación es tan ágil mentalmente como cuando tenía 20 años, la asistencia de los profesionales de la psicología puede tener un impacto muy positivo.

¿Qué es el entrenamiento cognitivo?

Llamamos entrenamiento cognitivo al conjunto de técnicas y estrategias utilizadas por los especialistas en intervención psicológica para ayudar a quien lo necesite a preservar capacidades cognitivas básicas.

Entre estas habilidades mentales encontramos el uso del lenguaje, la memorización, la capacidad para diferenciar entre estímulos, la capacidad de concentración, la escritura, el sentido de la orientación, etc. Es decir, todas aquellas facultades que nos permiten solucionar problemas concretos, decidir las mejores opciones de actuación y aprender de lo que nos ocurre.

El entrenamiento cognitivo puede utilizarse en pacientes de casi todas las edades, pero su aplicación a las personas de la tercera edad resulta especialmente frecuente, porque las personas de edad avanzada se benefician especialmente de sus efectos. Con este tipo de pacientes, el objetivo es frenar en la medida de lo posible el debilitamiento de estas habilidades cognitivas.

Es por este motivo, entre otras cosas, que una de mis principales líneas de trabajo es el entrenamiento cognitivo para las personas de la tercera edad: el simple paso del tiempo hace que prácticamente todo el mundo que supera el umbral de la jubilación pueda experimentar ventajas en su rendimiento mental y comunicativo al pasar por varias sesiones de este tipo de intervención.

¿Por qué las habilidades cognitivas decrecen con la edad?

Tal y como hemos visto, en las personas que se han adentrado en la etapa de la vejez, el entrenamiento cognitivo es útil independientemente de si han sido diagnosticadas con una afección o un síndrome concreto, dado que el declive de las capacidades cognitivas en general se asume como algo normal en estas edades. Ahora bien… ¿por qué se produce esta pérdida de habilidades psicológicas?

Envejecimiento del cerebro

El envejecimiento puede observarse directamente en los tejidos del cerebro, del mismo modo en el que puede verse en la piel de las personas. Este cambio de apariencia, por el que la corteza cerebral se encoge un poco, refleja cambios a nivel funcional en el sistema nervioso: las neuronas ya no trabajan con la misma eficiencia por los cambios metabólicos y estructurales en las células nerviosas, y por la muerte de muchas neuronas.

Tendencia al sedentarismo

Otro de los aspectos a tener en cuenta es que las personas mayores tienden a ser menos activas físicamente que el resto de grupos de edad, por falta de energía y por limitaciones físicas como el dolor en las articulaciones o la pérdida de masa muscular. Esto hace que se caiga con mayor facilidad en una vida sedentaria, en la que no hay una gran variedad de estímulos y por consiguiente la persona raramente se encuentra con retos cognitivos.

Adopción de un estilo de vida cómodo

En la línea de lo que hemos visto en el párrafo anterior, las personas mayores tienden a seguir hábitos de vida que encajan con lo que ya saben y con lo que pueden hacer. Una de las causas de esto es que a medida que crecemos, vamos encontrando entornos y contextos que encajan con nuestras potencialidades innatas, aquello que por herencia genética no nos cuesta mucho hacer.

Por ejemplo, si alguien tiene facilidad para la creatividad, es muy posible que llegue a la jubilación utilizando buena parte de su tiempo libre para pintar, y contando ya con una familia y unos amigos que aprecian y apoyan estas iniciativas. Esto no es malo de por sí, evidentemente, pero no deja de ser una manera de mantenernos alejados de aquello que nos supone un reto, algo nuevo para nosotros. El entrenamiento cognitivo para las personas de la tercera edad rompe con esta lógica de “zona de confort”.

¿Cómo se realiza la intervención psicológica?

¿Cuál es la metodología que usamos los psicólogos al intervenir con entrenamiento cognitivo para pacientes de la tercera edad? En mi trabajo, las 3 fases en las que se desarrolla este proceso son las siguientes.

1. Evaluación

En primer lugar hay que evaluar a la persona para determinar hasta qué punto el desgaste cognitivo producido por la vejez afecta significativamente a sus capacidades. Con este objetivo, aplico un test previo que sirve para establecer la línea base de la actuación, el estado del paciente previo al entrenamiento mental al que se va a someter.

Además, esto no solo sirve para saber en qué habilidades falla más y qué capacidades están más preservadas (y en qué medida lo están), sino que también permite hacer un seguimiento del progreso, para comprobar si se está llegando a los objetivos fijados.

2. Sesiones de intervención psicológica

Si la etapa anterior se caracterizaba por la recopilación de información, en esta se interviene en el o la paciente. Para ello, en mi caso se programan visitas semanales a CECOPS, lugar en el que atiendo directamente a la persona que necesita intervención profesional; estas visitas pueden ser hechas de manera individual o en sesiones colectivas, dependiendo de las necesidades específicas de cada uno.

Es importante destacar que en las sesiones de entrenamiento cognitivo para la tercera edad los psicólogos no nos limitamos a dar información: esto no sería un verdadero entrenamiento, sino una charla informativa. Si bien el hecho de transmitir la teoría de lo que ocurre es importante, lo fundamental son las actividades de carácter psicológico que son llevadas a cabo por los pacientes, bajo supervisión del psicólogo.

Estas actividades pueden estar enfocadas a diferentes dominios de la cognición humana: la memorización, el uso del lenguaje, el uso de pautas para saber qué hacer en cada momento, etc.

3. La práctica en casa

Aunque las sesiones de intervención psicológica en la consulta del psicólogo son muy importantes, es necesario no “desconectar” de lo aprendido allí entre sesión y sesión. Hay que aprender esos días para consolidar y reforzar esos aprendizajes.

Por eso, otra de las funciones que tenemos los psicólogos es motivar e informar a los pacientes para que encuentren momentos para aplicar ciertos ejercicios psicológicos en su día a día. Esto no es muy diferente de lo que ocurre cuando queremos progresar en la escuela o en la universidad: hay que estudiar independientemente de si ese día hay clases o no las hay.

Por otro lado, como profesionales del bienestar psicológico, a los psicólogos también nos gusta contar con una comunicación constante y fluida con el entorno cercano de los pacientes expuestos a situaciones de una cierta vulnerabilidad; normalmente, estas personas son miembros de su familia. Gracias a esto, conseguimos que en su hogar también exista un contexto que anime a la persona a seguir progresando, y que le puede ayudar a llegar a sus objetivos.