El concepto “demencia senil” se utiliza para hacer referencia a enfermedades degenerativas que afectan al funcionamiento cognitivo, particularmente de la memoria, y que se producen en edades avanzadas. Por contra, hablamos de demencia precoz o presenil cuando los síntomas se dan de forma más temprana de lo que cabría esperar, generalmente en la madurez.

En este artículo describiremos las 7 fases de la demencia senil y de la precoz de forma indistinta, puesto que el desarrollo del deterioro cognitivo sigue las mismas líneas generales aproximadas independientemente de la edad a la que empiecen a manifestarse los síntomas.

Las 7 fases de la demencia

Existe un gran número de enfermedades que pueden provocar demencia; algunas de las más habituales y conocidas son la de Alzheimer, la de Lewy y los accidentes cerebrovasculares recurrentes. Cada trastorno de este tipo afecta inicialmente a regiones distintas del cerebro, aunque las diferencias sintomáticas se reducen en etapas avanzadas.

Aunque los síntomas de la demencia dependen de la alteración específica de cada paciente, el progreso general que siguen estas enfermedades se ha dividido en siete fases en función del grado de deterioro cognitivo que presente la persona en un momento dado.

1. Ausencia de deterioro cognitivo

La primera etapa del deterioro cognitivo se corresponde con la ausencia de éste; por tanto, la mayor parte de personas se encuentran en esta fase, que se puede englobar junto con las dos siguientes en la categoría “pre-demencia”, caracterizada por un funcionamiento cognitivo normal o prácticamente normal.

Se considera que una persona se encuentra en la fase 1 cuando no presenta síntomas cognitivos significativos que puedan ser atribuibles a un deterioro del cerebro, como pérdidas de memoria más relevantes que las que se producen a causa de la falta de energía o de atención, entre otros factores comunes.

2. Déficits de memoria asociados a la edad

El envejecimiento, y en particular la llegada de la senectud, se asocia de forma natural a pequeñas pérdidas de memoria que se manifiestan principalmente en el olvido de nombres o de localizaciones de objetos. La segunda fase del deterioro cognitivo se caracteriza por la presencia de estos déficits de forma más o menos habitual.

Si bien en muchos casos la aparición de olvidos puntuales no es más que una consecuencia de la edad, en algunas ocasiones las pérdidas de memoria pueden indicar un futuro deterioro severo de la cognición, sobre todo si la frecuencia de estas es elevada y si la persona es relativamente joven como para tener olvidos típicos de la vejez.

3. Deterioro cognitivo leve

El concepto “deterioro cognitivo leve” se utiliza para describir casos en que aparecen signos notables de deterioro de la memoria y en la realización de tareas cotidianas. En esta fase los déficits cognitivos son más marcados de lo que se esperaría para la edad de la persona, incluso teniendo en cuenta el envejecimiento.

Las personas con deterioro cognitivo leve tienen un mayor riesgo de desarrollar demencia que las que no lo presentan, si bien con frecuencia el progreso de los déficits se detiene en esta etapa. Es habitual que quienes sufren este tipo de deterioro tengan problemas para retener información, para recordar palabras, para concentrarse o para orientarse.

4. Demencia leve o temprana

La cuarta fase se corresponde con el inicio de la demencia como tal. En esta etapa, que suele durar aproximadamente dos años, empiezan a aparecer cambios en la personalidad y en el estado de ánimo. Dado que las habilidades sociales también se deterioran, es muy frecuente que disminuya la frecuencia de la interacción social.

Los problemas cognitivos se vuelven mucho más evidentes a partir del inicio de la demencia. Los pacientes normalmente tienen cierta conciencia de su enfermedad cuando alcanzan esta etapa, si bien la demencia también afecta a este reconocimiento. Además tienden a negar sus síntomas como mecanismo de defensa.

5. Demencia moderada

Durante la etapa intermedia de la demencia las personas afectadas empiezan a necesitar la ayuda de otras personas para llevar a cabo tareas cotidianas. A medida que la enfermedad avanza se deterioran capacidades como utilizar dinero, teléfonos o instrumentos de cocina, leer y escribir, recordar información sobre uno mismo e incluso vestirse.

6. Demencia moderadamente severa

En esta fase los problemas de memoria y de cognición se han agravado hasta el punto de que interfieren en la realización de un gran número de actividades; éste seguirá incrementándose a medida que la demencia progresa. Lo más frecuente al llegar a esta etapa es que la persona necesite supervisión constante de uno o más cuidadores.

En cuanto a los síntomas y signos más habituales, además del agravamiento de los problemas de memoria (que incluyen ya el reconocimiento de personas cercanas) encontramos la aparición de sentimientos de ansiedad y agitación, problemas para dormir, deambulación, conductas obsesivas y repetitivas, delirios o agresividad.

7. Demencia severa o avanzada

La duración media de la etapa final de la demencia es de aproximadamente dos años y medio. La demencia avanzada se caracteriza por la pérdida generalizada de habilidades psicomotoras, incluyendo las que son necesarias para hablar, caminar, comer o utilizar el cuarto de baño.

Aunque el progreso de cada caso de demencia depende de la enfermedad que la causa, todos son muy similares durante el periodo final debido a que el deterioro estructural se ha extendido a todas las regiones del cerebro.