¿Podría ser que los estados depresivos nos predispongan a ser creativos? Unsplash.

En más de una ocasión habremos oido hablar de que existe un estrecho vínculo entre la creatividad (e incluso la genialidad) y la psicopatología. Muchos grandes exponentes de diferentes artes tales como la pintura, la literatura o la poesía han sido conocidos por manifestar síntomas de diferentes trastornos psiquiátricos.

Cuando se habla de artes como la pintura o la escultura, por lo general se hace referencia al padecimiento de cuadros maníacos o brotes psicóticos, en los que se produce una ruptura con la realidad (siendo dicha ruptura la que facilita la creación de algo nuevo). Pero también la depresión se ha asociado a la creatividad y a grandes obras. Es por ello que en este artículo vamos a hablar sobre la relación entre la creatividad y la depresión, una relación sobre la que no se suele hablar con tanta frecuencia como con otras patologías.

¿Qué es depresión?

Antes de entrar directamente a hablar de la relación entre creatividad y depresión, puede ser de utilidad hacer un breve repaso de los conceptos de los que estamos hablando.

Se entiende como depresión mayor a un trastorno mental o psicopatología caracterizada por la presencia de un estado de ánimo triste y/o anhedonia o dificultad para sentir placer o satisfacción durante la mayor parte del tiempo durante al menos dos semanas, junto a otros síntomas tales como alteraciones del sueño (pudiendo haber insomnio y despertares nocturnos o hipersomnia) y del apetito (generalmente causando una pérdida de este), enlentecimiento mental o bradipsiquia, agitación o retraso psicomotores, fatiga, sentimientos de inutilidad, desesperanza y posibles pensamientos de muerte y suicidio (si bien no todos estos síntomas son necesarios).

Se trata de un trastorno que genera un elevado nivel de sufrimiento, en el que se producen sesgos cognitivos que a su vez provocan la existencia de una tríada cognitiva; pensamientos sobre sí mismo, el mundo y el futuro negativos y desesperanzadores y en el que hay una afectividad negativa elevada y una baja afectividad positiva y energía. Tiene graves efectos en la manera de ver el mundo, y suele generar una gran limitación en los diferentes ámbitos vitales.

La persona suele estar centrada en sus pensamientos depresógenos, perder las ganas y motivación de actuar, perder capacidad de concentración, y tiende a aislarse (si bien inicialmente el entorno se vuelve protector y presta más atención al sujeto, a la larga se suele producir un cansancio de la situación y un alejamiento progresivo).

¿Y la creatividad?

En lo que respecta a la creatividad, esta es entendida como la capacidad de elaborar nuevas vías y opciones para hacer las cosas, generar nuevas estrategias para llegar a una finalidad. Requiere de diferentes habilidades, tales como memoria y capacidad de pensamiento divergente. Especialmente, requiere de imaginación para realizar una vinculación entre la realidad y los elementos a crear. A nivel artístico, una de las formas de creatividad más reconocidas y consideradas puras, también requiere de introspección y autoconciencia, así como una gran sensibilidad para captar las emociones. Suele relacionarse también con la intuición.

El arte también se ha visto relacionado, a menudo, con el sufrimiento. Este hace al sujeto reflexionar y profundizar en qué es, cómo se siente y cómo siente el mundo. Autores como Freud relacionan la creatividad del artista con patologías y traumas infantiles, siendo una manera de abrirse a los conflictos y a los deseos y fantasías presentes en el inconsciente.

La relación entre creatividad y depresión

La vinculación entre depresión y creatividad no es algo reciente: ya desde la antigüedad, Aristóteles proponía que filósofos, poetas y artistas suelen tener un carácter melancólico.

Esta idea ha ido evolucionando y persistiendo a lo largo de la historia, encontrándose que algunos grandes pensadores, filósofos, inventores y artistas tenían características propias de los sujetos deprimidos con trastornos del estado del ánimo (incluyendo también el trastorno bipolar). Dickens, Tennesse Williams o Hemingway son, entre otros muchos, ejemplos de ello. Y no solo en el mundo del arte, sino también en la ciencia (siendo Marie Curie un ejemplo de ello).

Pero esta relación no se fundamenta solo en la suposición o en ejemplos concretos: se han realizado múltiples estudios científicos que pretendían valorar esta relación. Los datos de gran cantidad de estos estudios analizados en el metaanálisis realizado por Taylor del que parte este artículo, muestra que efectivamente existe una relación entre ambos conceptos.

Dos visiones de esta relación

Lo cierto es que si analizamos la sintomatología presente en una gran parte de las depresiones (falta de ganas, anhedonia, enlentecimiento psíquico y motor…), la relación entre depresión y creatividad (que supone cierto nivel de activación mental y el hecho de crear) puede parecer extraña y contraintuitiva. Pero, a su vez, hemos de pensar que también implica una centración en lo que uno piensa y siente (aunque dichos pensamientos sean negativos), así como a fijarse en detalles de aquello que nos perturba. Asimismo, es habitual que las obras creativas se realicen en un momento de recuperación o vuelta al funcionamiento habitual tras pasar por un episodio.

Sin embargo, que exista esta relación tiene una doble lectura: es posible que la persona con depresión vea potenciada su creatividad, o bien que las personas creativas tiendan a padecer depresión.

Lo cierto es que los datos no apoyan en gran medida la primera de las opciones. Las personas con depresión mayor mostraron en diferentes ensayos tener una mayor creatividad en aspectos como la pintura (curiosamente, la creatividad artística es la más asociada a este tipo de trastornos). Sin embargo las diferencias eran relativamente modestas y en muchos casos no se consideraban estadísticamente significativas.

En lo que respecta a la segunda de las opciones, es decir el hecho de que personas creativas suelen tener mayor nivel de depresión, los resultados son mucho más claros y evidentes: reflejan que existe una relación entre moderada y elevada entre depresión y creatividad (si bien al parecer la relación es mayor con el trastorno bipolar). Las personas con mayor nivel de sensibilidad, incluyéndose la sensibilidad artística que a menudo se asocia a la creatividad, son proclives a la depresión. Tienden a sentir con mayor intensidad las emociones y a fijarse más en los detalles, siendo más afectados por lo general por los sucesos y pensamientos.

Eso sí, esta relación ocurre con trastornos depresivos mayores, en que aparecen episodios depresivos que terminan por superarse (si bien pueden reaparecer en el futuro). Trastornos como la distimia, en que no se produce un episodio depresivo en sí que termine por superarse, no se relacionan con mayor creatividad. Un posible motivo para ello es el hecho de que el padecimiento de un trastorno del estado del ánimo facilita la introspección y la centración en cómo nos sentimos e interpretamos el mundo, algo que otras personas no suelen plantearse en la misma medida. Y estas reflexiones pueden ser plasmadas en diferentes tipos de obras, tales como la literatura, la poesía o la pintura, despertando la creatividad.

El efecto Sylvia Plath

Esta vinculación entre enfermedad mental y creatividad, especialmente en el ámbito de la poesía. Se ha encontrado, en el estudio de diferentes autores a través de la historia, que de media las personas que se dedican a la poesía (y especialmente mujeres) tienden a morir más jóvenes, a menudo teniendo por causa el suicidio. De hecho, el porcentaje de suicidios pasaba del 1% al 17%. Esto fue bautizado por el doctor James Kauffman como efecto Sylvia Plath o efecto Plath.

El nombre en cuestión proviene de una famosa poetisa, quien padecía depresión (si bien hoy en día se especula que pudo padecer un trastorno bipolar), que terminó suicidándose a los treinta años de edad tras varios intentos a lo lo largo de su vida y en cuyas obras a menudo pueden verse reflexiones vinculadas a la muerte.

Referencias bibliográficas:

  • Taylor, C.L. (2017). Creativity and Mood Disorder: A Systematic Review and Meta-Analysis. Perspectives on Psychological Science. 12 (6): 1040-1076. New York
  • Kaufman, J.C. (2001). The Sylvia Plath Effect: Mental Illness in Eminent Creative Writers. J Creative Behaviour, 35:37-50.