Hasta hacía relativamente poco los trastornos autistas recibían diferentes nombres en función de las características cognitivas, emocionales, relacionales y sociales de cada individuo.

Además del síndrome de Asperger, el síndrome de Kanner fue uno de los trastornos autistas que se diagnosticaron, hasta que los cambios en los manuales diagnósticos acabaron con su concepto.

Hoy vamos a descubrir un poco más a fondo lo que es el síndrome de Kanner, quien lo descubrió, en qué se diferencia del Asperger, la historia de su descubrimiento y conceptualización teórica además de comprender por qué ya no se diagnostica.

¿Qué es el síndrome de Kanner?

El síndrome de Kanner es uno de los nombres con los que se conoció el autismo clásico, en contraposición con el síndrome de Asperger. Si en el Asperger hablaríamos de un autismo altamente funcional a nivel cognitivo, en el síndrome de Kanner hablaríamos de niños con problemas en diferentes habilidades intelectuales, además de problemas sociales, relacionales y de empatía. Este trastorno fue descrito por primera vez por el mismo que le dio su apellido, el doctor Leo Kanner.

Aunque hoy en día los diferentes síndromes y trastornos asociados al autismo se han englobado dentro de la categoría de los Trastornos del Espectro Autista, sí que es cierto que siguen teniendo mucha importancia los nombres de síndrome de Kanner y síndrome de Asperger. Cada persona con autismo es un mundo y, en función de cada caso, será necesario tener en cuenta como de afectadas están las capacidades cognitivas, además de las emocionales y comunicativas.

Síntomas de este síndrome

El principal síntoma del síndrome de Kanner o autismo clásico es un desarrollo anormal o deficiente de la interacción y comunicación sociales. Las personas que padecen este síndrome dan la impresión de que se muestran indiferentes a las reacciones de otros seres humanos, incluso ante las personas que forman parte de su círculo más cercano, sean adultos o sean niños. Al igual que puede observarse en el síndrome de Asperger, la persona apenas tiene empatía y afecto.

Lo normal es que los bebés sin psicopatología sonrían ante una cara humana móvil, además de mostrar interés y curiosidad por otras personas. Muy pronto llegan a prestar atención en aquello que los demás están haciendo. En cambio, los niños que padecen el síndrome de Kanner muestran un desmesurado interés por los objetos inanimados, dejando muy de lado a las personas en sí. Pueden pasarse horas y horas haciendo conductas ritualistas, como puede ser hacer girar una peonza o jugar o hacer saltar una pelota.

Las personas con síndrome de Kanner no suelen establecer contacto visual con otras personas, y en caso de que lo hagan parece que estén mirando a través de ellas. Además, presentan problemas a nivel comunicativo, con un elevado deterioro lingüístico o con retraso de la adquisición del lenguaje. Su forma de hablar es muy anómala, con voz chillona, monotónica y metálica. Hay casos de adultos que manifiestan afasia global, es decir, una restricción total del habla, aunque también los hay discapacidad lingüística.

También presentan trastornos del lenguaje, como ecolalia retardada, inversión pronominal y otros fenómenos lingüísticos, actividades de juego repetitiva y estereotipadas, mayormente desarrolladas en solitario. El propio Kanner denominaba a estos fenómenos ritualistas “insistencia en la identidad”.

Además, las personas diagnosticadas con este síndrome se caracterizarían por una importante carencia de imaginación, buena memoria mecánica y no presentar deformidades o problemas a nivel motor o físico. Kanner hizo hincapié en que estos rasgos eran ya visibles en la primera infancia, queriendo destacar sus diferencias con otros trastornos “autísticos” de inicio más tardío, como era el caso de la esquizofrenia.

Entre los síntomas más graves que encontramos en el síndrome de Kanner encontramos aquellos que provocan la aversión de los demás. Entre estos síntomas encontramos conductas como el balanceo intenso, los golpes en la cabeza, conducta agresiva aleatoria y automutilación. También se puede observar hipersensibilidad e hiperreactividad ante estimulación sensorial, lo cual hace que las personas con síndrome de Kanner lo expresen a través de gritos, huir, taparse los oídos ante un sonido o no tolerar el tacto.

Historia de este concepto en psiquiatría

Ya desde los principios de la psicología y la psiquiatría se ha visto al autismo como una forma concreta de psicosis infantil.

El síndrome de Kanner fue primeramente descrito en 1943 por el doctor Leo Kanner, quien trabajaba en el Hospital John Hopkins. Realizó sus hallazgos apenas un año antes de que otro importante doctor en el campo, el señor Hans Asperger, describiera su archiconocido síndrome. La primera definición del síndrome de Kanner se corresponde con la idea tradicional del autismo, es decir, personas que desde bien pequeñas muestran problemas relacionales, de empatía y discapacidad cognitiva.

En 1956 Kanner publicó un trabajo sobre el síndrome que había conceptualizado junto con su colega Leon Eisenberg, conocido por ser el inventor de la etiqueta diagnóstica del TDAH. Es a partir de entonces en que el autismo va adquiriendo una mayor importancia en las investigaciones científicas, planteándose nuevos trastornos autistas y expandiéndose cada vez más el conocimiento acerca este tipo de problema psicológico en el ámbito pediátrico.

Numerosos autores, como Lorna Wing, Michael Rutter y van Krevelen describieron casos de autismo que diferían de lo visto por Kanner, pese a que los síntomas principales de falta de empatía y problemas relacionales seguían estando presentes. Vieron que habían diferentes niveles de afectación cognitiva, haciendo que se popularizara, sobre todo en los ochenta, la dicotomía Kanner-Asperger para diferenciar entre autismo cognitivamente disfuncional del que era funcional.

Igualmente, cabe decir que el síndrome de Kanner no ha sido una expresión tan popular para referirse al autismo clásico, puesto que se prefiere ese término antes que el de Kanner. Kanner conceptualizó su síndrome cuando ya existía la definición del autismo propuesta por Eugen Bleuler a principios del siglo XX. Bleuler definió a los sujetos autistas como personas que se retiraban activamente en su mundo de fantasía. Kanner relacionó esta definición con la esquizofrenia, con lo cual prefirió hablar del síndrome de Kanner como algo diferente a la idea de autismo, aunque en esencia coincide.

Tanto el síndrome de Kanner como el Asperger y demás trastornos relacionados han sido definidos con cierta subjetividad y vaguedad en la nomenclatura. Otros estudiosos del autismo, como Lorna Wing o Van Krevelen tuvieron algunos problemas a la hora de definir objetivamente cada trastorno autista, lo cual puso en duda la solidez de estos problemas como constructos independientes.

Es por todo esto que no sorprende que los trastornos del espectro autista hayan acabado uniéndose en una misma categoría. En la actualidad las etiquetas de “autismo”, “síndrome de Asperger” y “síndrome de Kanner”, entre otras, están recogidas en la relativamente nueva categoría introducida en el DSM-5 (2013), “Trastornos del Espectro Autista”.

El síndrome de Kanner fue conceptualizado en una época en la que la psicología infantil, la psiquiatría y la pediatría clínica eran disciplinas poco maduras. Los métodos científicos para demostrar sus constructos todavía eran un tanto rudimentarios, además de haber el problema de que los propios investigadores podían tener un elevado sesgo a la hora de interpretar sus resultados y no había tanto control como hoy en día.

Independientemente de los errores que pudiera cometer el doctor Kanner, este psiquiatra tiene el mérito de ser pionero en investigaciones sobre el autismo tradicional, su conceptualización y su tratamiento, además de expandir el conocimiento de la psiquiatría infantil. En aquella época los niños que no eran como el resto, independientemente de qué síntomas en específico tuvieran, podían acabar en un orfanato o ingresados en un psiquiátrico sin recibir atención especializada, algo que cambió con el estudio científico del autismo y sus variedades.

Reflexión y conclusión

El síndrome de Kanner es una etiqueta diagnóstica que, debido a los cambios en el relativamente reciente DSM-5. Ahora los trastornos autistas están englobados bajo una misma etiqueta y, si bien se siguen teniendo en cuenta las diferencias entre las personas con problemas relacionales, emocionales y de empatía en función de si son o no funcionales cognitivamente, se coincide en que son, en esencia, autistas.

El autismo clásico coincide con la definición dada de este síndrome por Kanner. Hoy en día no se daría, al menos de forma oficial, un diagnósitco con este síndrome, pero desde luego el tipo de intervención que se aplicaría a la persona coincidiría con el del resto de personas autistas, enfocado en saber intepretar las pistas emocionales de la cara y control de conductas autolesivas y repetitivas.

Aunque el término esté obsoleto, no cabe duda que las investigaciones llevadas a cabo por Kanner y otros estudiosos del autismo han contribuido ha tener una visión más científica y humanitaria de las personas que sufren este trastorno. Se ha pasado de ver a los niños autistas como imposibles de “corregir” o “curar” a irlos, poco a poco, incluyéndolos en todo tipo de actividades y situaciones en las que pueden relacionarse con niños sin psicopatología alguna, aunque, claro está, con limitaciones.

Referencias bibliográficas:

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