Un síndrome con implicaciones médicas y psicológicas. Pixnio.

El síndrome de Lesch-Nyhan es un trastorno genético y metabólico que afecta a los niños desde su nacimiento y provoca graves trastornos neurológicos, alteraciones cognitivas y distintos problemas de conducta.

En este artículo se aborda este síndrome, sus síntomas, cómo se diagnostica y los principales tratamientos disponibles.

¿Qué es el síndrome de Lesch-Nyhan?

El síndrome de Lesch-Nyhan es una enfermedad hereditaria, descrita en 1964, que afecta al metabolismo de las purinas (compuestos nitrogenados que forman, junto con otros nucleótidos como las pirimidinas, los ácidos nucleicos como el ADN y el ARN), y cuya causa es una mutación de un gen localizado en el cromosoma X, de herencia recesiva (lo que significa que ambos genes deben ser anormales para causar el trastorno).

El error genético que produce este síndrome genera un déficit de la enzima - hipoxatina- guanina - fosforibosil - transferasa (HPRT), cuya consecuencia más prominente a nivel metabólico es una marcada sobreproducción de los niveles de ácido úrico en el organismo, así como toda una serie de problemas neurológicos y comportamentales.

La prevalencia del síndrome de Lesch-Nyhan se ha estimado en torno a 1 de cada 380.000 y 1 de cada 235.000 recién nacidos. Esta enfermedad afecta, principalmente, a los hombres, aunque las mujeres heterocigotas (que presentan dos alelos del gen distintos) también son portadoras (y, por lo general, asintomáticas).

El inicio del trastorno se produce en la infancia y, hasta ahora, se han descrito dos formas de la enfermedad: el LNS (la variante más grave), que provoca una ausencia total de HPRT) y variantes de Lesch-Nyhan, cuya consecuencia es un déficit parcial de la enzima. La variante LNS produce urolitiasis (presencia de cálculos en riñones o vías urinarias) y gota, asociadas a la sobreproducción de ácido úrico, además de trastornos neurológicos graves, alteraciones hematológicas y conductas autolesivas.

En la forma menos grave de LNS, también conocida como síndrome de Kelley-Seegmiller, aunque se producen la mayoría de las manifestaciones clínicas del síndrome de Lesch-Nyhan, las conductas autolesivas no están presentes y los pacientes presentan una esperanza de vida normal.

Síntomas

El síndrome de Lesch-Nyhan se caracteriza por presentar tres síntomas principales: problemas neurológicos, trastornos cognitivos y sobreproducción de ácido úrico.

Uno de los primeros síntomas de esta enfermedad es la aparición de cristales de ácido úrico, de color anaranjado, que suelen empapar el pañal del niño afectado. La sobreproducción de este compuesto provoca, posteriormente, la formación de cálculos en los riñones, la uretra o la vejiga, que se depositan en las articulaciones y, con el tiempo, producen artritis y otras afecciones (gota, dolores articulares, etc.).

Otro de los síntomas más habituales en este trastorno es la conducta autolesiva que presentan los pacientes, que necesitan morderse compulsivamente las yemas de los dedos y los labios; un comportamiento muy similar a las compulsiones que se dan en el trastorno obsesivo-compulsivo. Estos síntomas de automutilación pueden exacerbarse por el estrés.

Los niños con síndrome de Lesch-Nyhan presentan, asimismo, retraso psicomotor, que se suele hacer evidente entre los 3 y los 6 meses de edad: se retrasa la sedestación, no pueden sostener la cabeza, presentan hipotonía y movimientos de tipo atetoide. Este trastorno también provoca que los niños no puedan ponerse de pie y caminar, ni realizar movimientos involuntarios desencadenados por actos voluntarios (coreoatetosis y balismo).

También es frecuente que los pacientes sufran de disartria (dificultad para articular sonidos), disfagia (alteraciones al tragar alimentos) y problemas de tipo muscular, como los opistótonos. La espasticidad, la hiperreflexia o el signo de Babinski (la extensión dorsal del dedo gordo del pie, acompañado de la apertura en abanico del resto de dedos) suelen aparecer de forma tardía.

Diagnóstico

Se suele sospechar de un posible síndrome de Lesch-Nyhan cuando el niño presenta retraso psicomotor, con elevados niveles de ácido úrico en sangre y orina. Como la actividad de la enzima HPRT es indetectable en la sangre periférica o en células sanas (eritrocitos o fibroblastos), el diagnóstico se suele realizar mediante pruebas genéticas de tipo molecular.

El diagnóstico prenatal es posible si la mutación genética también se ha identificado en la familia, ya que la herencia es de tipo recesivo y está ligada al cromosoma X. En este sentido, el consejo genético es importante.

Por otra parte, a la hora de realizar el diagnóstico diferencial de esta enfermedad, deben tenerse en cuenta los siguientes trastornos: parálisis cerebral, distonía, otras causas de déficit intelectual, autismo, síndrome de Tourette, síndrome de Cornelia de Lange, déficit intelectual idiopático y trastornos psiquiátricos graves.

Tratamiento

Los trastornos neurológicos y los problemas de conducta que provoca el síndrome de Lesch-Nyhan generan, en el niño y su familia, problemas importantes a nivel motor, ya que el niño no va a poder mantenerse en pie, ni gatear o desplazarse, como tampoco agarrar o sujetar objetos con peso, con las consecuencias que esto acarrea. Esto puede tratarse con un experto en psicomotricidad y con fisioterapia.

Como el síndrome puede provocar discapacidad intelectual, esto puede dificultar que el niño sea capaz de fijar correctamente su atención, generando así graves problemas de aprendizaje, al verse comprometida su capacidad de análisis y comprensión. En este sentido, es necesario que intervenga un terapeuta ocupacional y se haga un abordaje logopédico y educacional.

El seguimiento médico también es importante. Normalmente, el tratamiento farmacológico se suele hacer con alopurinol, un medicamento que se utiliza para tratar la hiperuricemia y sus complicaciones.

También es imprescindible poner el acento en las necesidades afectivas y sociales, que deben ser correctamente atendidas. Los niños afectados por el síndrome de Lesch-Nyhan necesitan constante supervisión y alguien que los oriente para hacerles más llevadero su día a día. También es importante que se atienda y se acompañe a los familiares, ya que el impacto sobre su funcionamiento cotidiano va a ser considerable.

Por último, en lo que respecta a la escolarización, suele ser complicado poder incluir a estos niños en un colegio ordinario. Los niños afectados presentan necesidades educativas especiales que no pueden abordarse en el marco de las medidas de atención a la diversidad de los centros ordinarios, por lo que es habitual que se proponga escolarizar al niño en un centro de educación especial o en un centro similar.

Referencias bibliográficas:

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