Muchas terapias consisten, en la mayoría de casos, el indicar al paciente qué debe y qué no debe hacer, esperando que sea él o ella quien decida seguir estos consejos o, por el contrario, seguir realizando conductas que le llevan a malestar y un estilo de vida disfuncional.

Este no es el caso de la terapia de estímulo de la motivación, con la cual se pretende motivar un cambio desde dentro del paciente, es decir, hacer que sea él quien tome las riendas de su vida y que se anime para mejorar la situación en la que se encuentra.

Esta terapia, que pese a que estaría dentro de la psicología clínica toma conocimientos del ámbito social y de las organizaciones, ha dado resultados bastante prometedores con varios trastornos. Si se desea saber más sobre esta terapia, invitamos a seguir leyendo este artículo.

Terapia de estímulo de la motivación, ¿qué es?

La terapia de estímulo de la motivación (en inglés ‘motivational enhancement therapy’) es un tipo de tratamiento directivo, centrado en la persona que se encarga de poner el foco en conseguir incrementar la motivación del paciente hacia el cambio.

Habitualmente, las personas quienes llevan a cabo conductas autodestructivas, como pueden ser las adicciones, las autolesiones o comportamientos arriesgados, suelen manifestar una motivación ambivalente hacia el cambio, o directamente ninguna. Pese a ello, estas personas son conscientes, en la mayoría de los casos, que las conductas que están realizando les perjudican tanto a ellas mismas como a su entorno más cercano, además de dañar su salud.

Los terapeutas especializados en este tipo de terapia pueden ayudar al paciente a lograr una visión más objetiva sobre su propio comportamiento, lo cual puede contribuir a que, una vez analizadas las conductas problemáticas, sea más propenso al cambio por su propio pie.

Antecedentes históricos de esta terapia

La terapia de estímulo de la motivación fue una de las tres intervenciones aplicadas por primera vez en 1993 dentro del proyecto MATCH. Este proyecto estadounidense consistió en un ensayo clínico enfocado en obtener una mejor comprensión y mejorar los tratamientos existentes en el abordaje del alcoholismo.

Esta terapia se basa en los conocimientos obtenidos por ramas menos clínicas de la psicología, como son las organizaciones y el coaching. Así pues, la terapia de estímulo de la motivación toma aspectos propios de los recursos humanos, como son la entrevista motivacional, elaborada por William R. Miller y Stephen Rollnick, y lo adapta al ámbito terapéutico.

Objetivos y principios de este tratamiento

El principal objetivo de la terapia es conseguir motivar al paciente para que sea partícipe de su cambio, iniciándose así el proceso terapéutico. Motivándole para que pueda conseguir sus metas vitales y deje de lado o, preferiblemente, extinga sus conductas problemáticas, no solo conseguirá un mayor grado de bienestar, sino que además se irá alejando de aquello que le hacía daño a él y a su entorno más cercano.

A su vez, como el paciente ve que progresivamente es capaz de hacer más cosas y que solo era una cuestión de tomar la decisión de iniciar el cambio, se sentirá cada vez más confiado en sí mismo y en su capacidad para hacer frente a las adversidades. Esto no se consigue haciendo que el terapeuta diga al paciente qué y qué no debe hacer, sino retroalimentarle con comentarios que le animen a ir a por lo que se proponga.

La terapia de estímulo de la motivación se basa en cinco principios motivacionales, los cuales deben aplicarse y tenerse en cuenta durante la realización del tratamiento para garantizar los mejores resultados:

1. Expresar empatía

Es muy importante que se genere una buena relación profesional entre el paciente y el terapeuta ya desde la primera sesión de la terapia. Es necesario que ambas partes confíen en la otra, dentro de lo que lo que se considere terapéuticamente adecuado.

El paciente debe sentirse en un entorno seguro, en el que se sienta respetado, escuchado y aceptado.

2. Desarrollar discrepancia

El paciente discute con el terapeuta sus objetivos personales. El profesional se encarga de medir cuál es la distancia entre el objetivo que desea alcanzar el paciente y el estado o situación en la que se encuentra actualmente.

3. Evitar discusiones

Durante la terapia, no se debe tener discusiones con el paciente. En este punto, nos referimos a discusiones en el sentido moderado de la palabra, es decir, discutir sobre vivencias negativas que han hecho que el paciente se encuentre en consulta.

Así pues, durante esta breve terapia, más que confrontar al paciente con lo malo de su forma de comportarse, el terapeuta se encarga de ofrecer respuestas positivas y que ayuden a crecer al paciente como persona.

4. Adaptarse a la resistencia

De una u otra forma, a lo largo de la terapia aparecerán aspectos que serán resistentes al cambio. La terapia de este tipo acepta que hay cosas que en tan poco tiempo no se podrán superar; es por ello que tanto paciente como terapeuta deben aceptar la existencia de un poco de resistencia.

Este punto puede parecer contraintuitivo, pero lo cierto es que no es para nada recomendable enfrentarse a las resistencias del paciente en un principio, dado que de hacerlo este mostrará todo un repertorio de conductas defensivas, haciendo que la terapia se estanque.

5. Dar apoyo a la autoeficacia

Con autoeficacia nos referimos a la capacidad de cada persona de poder hacer frente a la adversidad y saber alcanzar de la forma más adecuada sus propios objetivos.

En esta terapia, se motiva al paciente a ser consciente de que él o ella es capaz de prácticamente cualquier cosa que se proponga, incluyendo el poder superar su adicción.

Duración y desarrollo de la terapia

Esta terapia suele ser muy breve, durando habitualmente unas cuatro sesiones. La primera sesión suele ser la de la entrevista con el paciente y las tres siguientes se corresponden con la terapia en sí.

A lo largo de la primera sesión, el terapeuta habla con el paciente sobre el problema que lo ha llevado a consulta, sea éste un problema de adicción a sustancias o cualquier otro trastorno psicológico. Una vez entendido cuál es el problema, se abordan cuáles son las metas que desea el paciente alcanzar. Así, terapeuta y paciente cooperan en la planificación del resto del tratamiento, no obstante, siempre con el rol directivo del profesional dado que es él el profesional de la salud mental. El resto de sesiones se centran en alcanzar los objetivos planteados.

Durante el establecimiento de las metas a alcanzar, es muy importante que el terapeuta no realice ningún tipo de confrontación con el paciente ni tampoco lo juzgue por el estado en el que se encuentra o lo que haya hecho en el pasado. El objetivo, como ya se ha dicho, es el de mejorar su vida, y para ello se busca que sea él quien se motive para realizar el cambio. También cabe decir que durante la terapia se prefiere evitar el uso de etiquetas diagnósticas y centrarse en conceptualizar el problema en términos más comprensibles para el paciente.

Durante la terapia, el terapeuta no da unas pautas concretas al paciente de lo que debe hacer para mejorar. La perspectiva detrás de la terapia de estímulo de la motivación es la de que cada paciente tiene los recursos necesarios para progresar, lo que sucede es que o bien no está lo suficientemente motivado para el cambio o, simplemente, no es consciente de sus capacidades.

Debido a su poca duración y a la forma en como es aplicada, esta terapia suele ir acompañada con la aplicación de otras. Suele servir para motivar a la persona antes de que se adentre en terapias más especializadas en según qué tipos de trastornos, como pueden ser los relacionados con el estado de ánimo o la ansiedad. Como ya hemos ido comentando, la motivación es un aspecto crucial para asegurar que el proceso terapéutico cumpla con los objetivos que uno se haya planteado.

¿Para qué trastornos se utiliza?

El principal grupo poblacional al que se le aplica esta terapia son personas quienes están sufriendo algún tipo de adicción a drogas, ya sea alcohol o sustancias ilegales como cocaína, marihuana y otros. El terapeuta trabaja para que el paciente desarrolle la voluntad propia de hacer frente a su drogadicción.

Con respecto a otras terapias en el ámbito de la deshabituación de sustancias, que suelen estar elaboradas de acuerdo a un programa por pasos, la terapia del estímulo de la motivación se centra en despertar el interés propio del paciente. Es decir, esta terapia pretende hacer que el cambio venga desde dentro del paciente.

Cabe decir que uno de los factores que influyen en su éxito es la voluntad del propio paciente al acudir a consulta. Normalmente, aquellos que visitan al terapeuta de forma totalmente voluntaria ya vienen motivados de por sí, esperando que el profesional sepa qué hacer para poder salir del túnel en el que las drogas los han metido. El terapeuta aprovecha esto para motivarlos todavía más, haciendo que vean cómo pueden controlar su propio proceso terapéutico y ser conscientes de qué hacer para superar la adicción.

De acuerdo con el Instituto Nacional sobre el Abuso de Alcohol y Alcoholismo de los Estados Unidos, este tipo de terapia se ha mostrado ser la mejor en términos de coste-eficacia para el tratamiento de los problemas con el alcohol.

Pero no solamente se ha aplicado con aquellas personas quienes sufren de algún tipo de adicción. Se ha mostrado especialmente útil en personas quienes sufren trastornos como, por ejemplo, desórdenes de conducta alimentaria, problemas con la ansiedad o, incluso, ludopatía. También, de acuerdo a la investigación, ha dado resultados con personas con el virus del VIH, fomentando cambios positivos en su vida pese a tener una enfermedad crónica y que, a día de hoy, sigue muy estigmatizada.

Referencias bibliográficas:

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