La timidez llega a ser un problema que afecta a cientos de miles de personas, muchas veces con consecuencias negativas que van más allá del simple malestar. Sin embargo, ser tímido no significa tener un trastorno psicológico; se trata, más bien, de un rasgo de personalidad que puede presentarse en diferentes grados de intensidad.

Algo muy diferente ocurre con la fobia social, que sí es un trastorno y pone a la persona en serias dificultades a la hora de intentar mantener una buena calidad de vida.

En este artículo veremos en qué consisten estos dos fenómenos psicológicos y qué se hace desde la terapia psicológica para ayudar a las personas que sufren por alguno de ellos.

La fobia social y la timidez: diferencias

Estos dos conceptos se parecen en varias cosas, pero merece la pena distinguirlos.

La timidez, como ya hemos visto, es un rasgo de personalidad ligado a las previsiones pesimistas acerca de cómo nos verán los demás. La idea de ser una persona con problemas para ser aceptada o apreciada por el resto alimenta las inseguridades personales, y es por eso que quienes son tímidos evitan ser el centro de atención, y prefieren no exponerse mucho a situaciones en las que pueden ser valoradas por desconocidos.

De este modo, aunque siempre hay excepciones, en términos generales las personas tímidas suelen no tener grupos grandes de buenos amigos, tienden a salir menos a socializar, y son de hábitos más individuales e introspectivos.

Por otro lado está la fobia social, también conocida como trastorno de ansiedad social. En este caso, la ansiedad generada por la posibilidad de experimentar burlas o rechazo por parte de los demás es tan intensa que la persona evita de manera obsesiva esta clase de situaciones, en la medida de sus posibilidades. Además, al exponerse a contextos en los que llama mucho la atención de varias personas, apenas puede disimular la ansiedad, y su prioridad es salir de ese lugar (aunque haciendo esto esté llamando más la atención, paradógicamente).

En este caso hablamos de un trastorno psicológico del grupo de las fobias, y por ello puede generar síntomas tan intensos que son de relevancia clínica; es decir, que son motivo suficiente como para buscar ayuda en profesionales de la salud. Cuanto más tiempo pasa sin haber intervenido sobre esta tendencia a desarrollar momentos de alta ansiedad, más consecuencias negativas se acumulan: renuncia a puestos de trabajo con buenas condiciones, práctica imposibilidad de hacer amigos o encontrar pareja, etc.

¿Qué se hace en terapia para superar estos problemas?

Tanto los problemas derivados de la fobia social como de la timidez muy acentuada pueden ser abordados en psicoterapia, a pesar de que ser alguien tímido sea bastante menos grave que tener una fobia.

En el caso de la timidez, al tratarse más bien de un rasgo de personalidad, la terapia no hará que desaparezca, pero sí ayuda a que se exprese de maneras mucho más adaptativas, e incluso a que no se note en momentos clave, como actuaciones frente al público. Por otro lado, en el caso de la fobia social, el malestar producido por el hecho de exponerse a personas desconocidas rara vez desaparece completamente, pero sí puede llegar a debilitarse tanto que no limita el bienestar ni impide llevar una vida normal.

¿Cómo se consigue esto? Existen diferentes maneras de impulsar el cambio terapéutico, y el objetivo global de la intervención de los psicólogos apunta a la necesidad de promover otras maneras de interpretar la realidad y diferentes formas de interactuar con los demás. De esta manera, se interviene tanto en las acciones físicas como en los procesos mentales, tanto en los cognitivos como en los que atañen a las emociones.

Algunas de las técnicas utilizadas en terapia para ayudar a estas personas son las siguientes, aunque siempre se adaptan al caso particular de cada paciente:

⦁ Exposición en vivo a situaciones sociales ⦁ Desensibilización sistemática ⦁ Psicoeducación, para desprenderse de preocupaciones innecesarias ⦁ Reestructuración cognitiva para cuestionar creencias limitantes ⦁ Ejercicios de mejora de las habilidades expresivas ⦁ Ejercicios de mejora de la comunicación no verbal ⦁ Creación de pautas de socialización a hacer entre las sesiones ⦁ Trabajo en colaboración con familiares (si es necesario y posible)

Conclusión

Los profesionales de la psicología especializados en psicoterapia utilizamos recursos como la terapia cognitivo-conductual, la Terapia de Aceptación y Compromiso, las técnicas de liberación emocional y otros medios creados científicamente para ir facilitándole al paciente el tránsito a esa nueva manera de relacionarse con el resto de las personas.

Eso sí, es necesario que quien acude a terapia llegue a comprometerse con este proceso de cambio a mejor, dado que los psicólogos no imponemos nada ni transformamos a los individuos si esto no ponen de su parte.

Referencias bibliográficas:

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