Algunas personas viven durante años con un estado de ánimo bajo que nunca termina de desaparecer. Cuando esa tristeza se mantiene en el tiempo y empieza a afectar a distintos ámbitos de la vida, puede tratarse de un trastorno depresivo persistente.
En este artículo explicamos cómo se define este trastorno en el DSM-5, qué criterios se utilizan para diagnosticarlo, cómo se evalúa y cuál es su pronóstico. Si buscas una explicación más general sobre cómo se vive, en qué se diferencia de la depresión y qué tratamientos existen, puedes leer nuestra guía sobre la distimia.
¿Qué es el trastorno depresivo persistente?
Anteriormente etiquetado como distimia o trastorno distímico, el último volumen del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V) lo rebautiza como trastorno depresivo persistente.
El trastorno depresivo persistente es una categoría diagnóstica que introdujo el DSM-5 en 2013 y que mantiene el DSM-5-TR (2022). Agrupa dos diagnósticos que antes se consideraban por separado: el trastorno distímico o distimia, y el trastorno depresivo mayor crónico. Lo que tienen en común, y lo que define el trastorno, es la persistencia: un estado de ánimo depresivo que se mantiene durante al menos dos años.
La intensidad de los síntomas puede variar mucho de una persona a otra. Algunas presentan síntomas depresivos leves pero continuos, mientras que otras cumplen los criterios de un episodio de depresión mayor durante todo ese tiempo. Por eso el DSM-5 incluye especificadores que permiten describir cada caso, como se explica más adelante.
Aunque su origen no está claramente establecido se cree que existe un componente genético, es decir, hereditario, el cual, unido a elementos psicosociales como el desapego o la carencia de estimulación y recompensas durante la infancia, predispone a la persona a sufrir este trastorno depresivo persistente.
Síntomas
El síntoma central es un estado de ánimo depresivo que se mantiene la mayor parte del día, la mayoría de los días. En niños y adolescentes puede manifestarse como irritabilidad más que como tristeza. Es frecuente que la persona tenga una visión negativa de sí misma, de los demás y del futuro, y que viva sus síntomas como parte de su forma de ser, lo que suele retrasar la búsqueda de ayuda.
Cuando este trastorno aparece en niños o adolescentes, las manifestaciones pasan de ser un estado de ánimo depresivo a ser irascible o colérico; y debe durar como mínimo un año.
Asimismo, la persona debe presentar dos o más de estos síntomas durante la mayor parte del tiempo:
- Sensación de desesperanza
- Falta de sueño o sueño excesivo
- Falta de energía o fatiga constante
- Baja autoestima
- Falta de apetito o exceso de sensación de hambre
- Poca concentración
Es habitual que las personas con trastorno depresivo persistente sufra de un autoconcepto negativo, así como una visión pesimista de su futuro, de los demás y de prácticamente todo lo que le rodea; por lo que les cuesta resolver cualquier tipo de problema o conflicto.
Causas
Las causas del trastorno depresivo persistente no se conocen del todo, pero se sabe que intervienen factores genéticos, rasgos de temperamento, experiencias adversas en la infancia y situaciones de estrés crónico. Según el DSM-5, alrededor del 0,5 % de la población adulta presenta distimia en un año determinado, y alrededor del 1,5 % una depresión mayor crónica. Es más frecuente en mujeres que en hombres.
- Puedes leer más sobre sus causas en nuestra guía sobre la distimia.
Es frecuente que se acompañe de trastornos de ansiedad o de consumo de sustancias, y que muchas personas presenten, además, episodios de depresión mayor.
Diagnóstico
Para realizar un diagnóstico efectivo del trastorno depresivo persistente, el profesional de la salud pertinente debe realizar una historia clínica en la que se evalúe tanto el estado de ánimo como el resto de síntomas asociados a esta afección.
Además de la entrevista clínica, el médico puede pedir análisis para descartar causas físicas que pueden provocar síntomas parecidos, como el hipotiroidismo, la anemia o los efectos de algunos medicamentos. Un correcto diagnóstico de este trastorno deberá tener en cuenta las siguientes condiciones clasificatorias establecidas por el DSM-V:
1. Estado de ánimo crónicamente depresivo
La persona debe manifestar un estado de ánimo depresivo durante la mayor parte del día y en la mayoría de los días durante al menos 2 años. Este puede ser referido directamente por la paciente u observado por las personas que le rodean.
2. Presencia de dos o más de estos síntomas
- Pérdida o incremento del apetito
- Insomnio o hipersomnia
- Falta de energía o fatiga
- Baja autoestima
- Déficits de concentración o dificultades para tomar decisiones
- Sentimientos de desesperanza
3. Duración de 2 años
Durante esos dos años, la persona nunca ha estado más de dos meses seguidos sin síntomas.
4. Puede haber episodios de depresión mayor
Los criterios de un episodio depresivo mayor pueden estar presentes de forma continua durante esos dos años. Es precisamente lo que permite incluir en este diagnóstico la depresión mayor crónica.
5. No hay episodios maníacos o hipomaníacos
La persona nunca ha tenido un episodio maníaco o hipomaníaco, y no se cumplen los criterios del trastorno ciclotímico.
6. No aparece durante un trastorno psicótico
Los síntomas no aparecen de manera exclusiva en un trastorno psicótico crónico como la esquizofrenia o el trastorno delirante.
7. Los síntomas no son causados por drogas u otras enfermedades
Los síntomas no pueden explicarse por los efectos fisiológicos del consumo de sustancias o por alguna enfermedad médica.
8. Malestar significativo
La sintomatología provoca un malestar clínicamente significativo en la persona. Este malestar genera un deterioro laboral, social o de cualquier otra áreas importante del paciente.
Especificadores
El DSM-5 permite concretar el diagnóstico con varios especificadores. Según la intensidad de los síntomas en los dos últimos años, el trastorno puede presentarse:
- Con síndrome distímico puro: no se han cumplido los criterios de un episodio de depresión mayor en ese periodo.
- Con episodio de depresión mayor persistente: se han cumplido durante todo el periodo.
- Con episodios de depresión mayor intermitentes: se cumplen en algunos momentos, pero no en otros.
También se especifica si el inicio es temprano, antes de los 21 años, o tardío.
Diagnóstico diferencial
El profesional debe distinguir el trastorno depresivo persistente de otros cuadros que pueden parecerse, como un episodio de depresión mayor que dura menos de dos años, el trastorno bipolar o la ciclotimia, los trastornos de ansiedad, los efectos de sustancias o medicamentos y algunas enfermedades físicas. También es importante valorar si hay riesgo de suicidio.
Tratamiento y pronóstico
El trastorno depresivo persistente es una afección de carácter crónico. Sin embargo, la persona puede beneficiarse de un tratamiento que se compone de terapia farmacológica con antidepresivos y de intervención con psicoterapia.
A pesar de que la medicación antidepresiva funcione mejor en la depresión mayor que en el trastorno depresivo persistente, existen una serie de fármacos que pueden aportar una mejoría de los síntomas en el paciente. Estos son:
- Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) como la fluoxetina o el citalopram.
- Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y noradrenalina (ISRSNA)
- Bupropión
- Antidepresivos tricíclicos e inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO)
Los ISRS suelen ser la primera opción. Los antidepresivos tricíclicos y los IMAO se reservan para casos concretos, por sus efectos secundarios. Por lo que respecta la psicoterapia utilizada en estos casos, lo más importante es que la persona sea capaz de exteriorizar sus sentimientos y pensamientos, así como aprender a gestionarlos.
Para ello existen una serie de terapias muy efectivas:
- Terapia conductual cognitiva (TCC)
- Intervenciones psicodinámicas
- Grupos de apoyo
El trastorno depresivo persistente tiende a ser duradero, y cuanto antes empieza y más tiempo pasa sin tratamiento, más difícil puede resultar la recuperación. Sin embargo, con un tratamiento adecuado, muchas personas mejoran de forma significativa y algunas llegan a la remisión completa. La mejoría suele ser más gradual que en un episodio depresivo agudo, y a menudo se recomienda mantener el tratamiento durante un tiempo prolongado para prevenir recaídas. Esto no significa que haga falta terapia de por vida: la duración se decide con el profesional según la evolución de cada persona.









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