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Trauma emocional: qué es y cómo detectarlo

Veamos cómo nos afecta el trauma emocional, sus síntomas, y cómo identificarlo.

Trauma emocional: qué es y cómo detectarlo

Solemos escuchar mucho hablar de trauma, en la vida cotidiana, en el cine, en la literatura. Pero, ¿qué es realmente el trauma emocional?

Cuando escuchamos la palabra “trauma” por lo general pensamos en guerras, asaltos, violaciones o catástrofes naturales. Sin embargo, el trauma puede abarcar mucho más que eso y generarse a raíz de eventos -en apariencia- de menor impacto.

La generación del trauma no depende en sí mismo del evento, sino de cómo percibimos e interpretamos ese evento. Y cada persona responde de manera distinta ante un mismo evento. Un evento que para unos puede generar un trauma emocional, para otros puede pasar sin dejar consecuencias.

¿Qué es el trauma y cuáles son sus tipos?

Comencemos definiendo qué es el trauma y cuáles son sus particularidades. Trauma es la respuesta emocional y fisiológica frente a un evento que percibimos como amenazante para la vida, o la integridad física o psicológica.

A veces, son eventos únicos, inesperados, impredecibles y abrumadores, como catástrofes naturales, accidentes o asaltos. Otras veces son eventos constantes y predecibles, pero igualmente abrumadores, como el caso de violencia doméstica o violencia de género.

Sin embargo, hay otro tipo de trauma que es más silencioso y que, por lo tanto, no resulta tan evidente. Se trata del trauma de apego.

Cuando crecemos en ambientes invalidantes, en los que nuestras necesidades no son vistas ni tomadas en cuenta, con demasiado estrés y maltrato (físico o emocional) o negligencia, se ve afectada la forma en la que respondemos frente al mundo. Entonces quedan afectadas todas las áreas de nuestra personalidad, pues lo que se supone que debería de ser una fuente de seguridad y estabilidad se convierte en la fuente de peligro y amenaza.

Los seres humanos somos seres sumamente sociales y dependemos de nuestras figuras de apego durante mucho tiempo. Como seres sociales, regulamos nuestro mundo interno en el contacto con los otros.

El sistema nervioso de los bebés y niños se regula en el contacto con otros seres humanos seguros, estables y protectores. Si esto falla, el niño no logra establecer un apego seguro y busca maneras de regularse por sí mismo, pero al no tener todavía los recursos y herramientas necesarios, suele fallar esta autorregulación. Es por esto que este tipo de trauma es mucho más difícil de superar.

¿Qué secuelas deja el trauma en nuestras vidas?

Ahora bien, para entender mejor las secuelas del trauma, es importante entender cómo funciona nuestro sistema nervioso autónomo.

Nuestro sistema nervioso está constantemente escaneando el ambiente en busca de amenazas, pues su prioridad es nuestra supervivencia.

Cuando percibimos una situación de amenaza (evento traumático), nuestro sistema nervioso simpático pone en marcha una serie de procesos que nos preparan para afrontarlo; secreta hormonas como la adrenalina y el cortisol que nos preparan para luchar o huir.

En caso de que la lucha y la huida no sean posibles, como es el caso del maltrato o abuso en la infancia, se activa el sistema nervioso parasimpático con otras estrategias de supervivencia, como la inmovilización y la sumisión. Si estos eventos son recurrentes, y no se tiene el apoyo para superarlos, el sistema de supervivencia permanece constantemente activado, dejando secuelas importantes en nuestra memoria y otras áreas de nuestra vida.

Nuestro sistema nervioso queda hiper-alerta, activándose frente a estímulos que podrían parecer inocuos para otras personas.

Es por esto que, aunque hayan pasado muchos años del evento o eventos traumáticos, nuestro sistema nervioso sigue alerta, activándose, reaccionando frente a amenazas inexistentes como si fueran peligros inminentes y actuales, desregulándonos emocional y fisiológicamente.

Es como si nuestro cuerpo y mente reviviera los eventos traumáticos pasados en el presente; como si el trauma quedara “congelado”.

¿Cómo procesamos experiencias?

Merece entonces la pena entender que nuestro cerebro está constantemente procesando todas las experiencias que vivimos.

Cuando una experiencia es procesada de manera exitosa, porque tenemos las herramientas y los recursos para hacerlo, la información es almacenada de manera sana y apoya el crecimiento y aprendizaje.

Pero cuando vivimos una experiencia traumática (adversa o muy difícil), nuestro cerebro no puede procesarla de manera sana; entonces, la información que viene de esa experiencia queda “encapsulada”, esos recuerdos se guardan intactos, con mucha carga somática y emocional.

A estas memorias que no fueron procesadas adecuadamente se les llama memorias patógenas. Y son éstas las que generan síntomas como la depresión, ansiedad, ataques de pánico, adicciones, desregulación emocional etc.

Hagamos un símil con nuestro sistema digestivo. Cuando comemos, nuestro sistema digestivo procesa lo que comemos, se queda con aquello que nos sirve para darnos energía y nutrirnos y desecha lo que no nos sirve. Pero, ¿qué pasa cuando comemos algo que está descompuesto o que tiene demasiada grasa o especias? Probablemente se nos inflame el estómago, nos duela o incluso vomitamos o nos da diarrea.

Lo mismo pasa con nuestro procesamiento de la información que viene de las experiencias que vivimos. Un procesamiento sano es aquel que nos deja aquello que nos ayuda a tomar mejores decisiones y desecha lo que no es necesario

¿Cómo puedo saber si tengo trauma emocional?

Cuando se produce un trauma emocional, ese procesamiento queda incompleto, y la información emocional no se acomoda en nuestro sistema como debería. Y es entonces que se producen las secuelas que no permiten que podamos vivir nuestra vida con plenitud, respondiendo de manera inadecuada a aquellos estímulos que disparan la memoria del evento traumático.

Aquí te detallo algunos síntomas que pueden tener su origen en un estado de trauma emocional.

  • Dificultad para sentirte seguro o segura, confiar en los demás y establecer relaciones significativas.
  • Dificultad para regular tus emociones y tus impulsos. Por ejemplo, ataques de ira frecuentes.
  • Recurrir al alcohol, drogas, comida en exceso, juego (o videojuegos) compulsivo cuando se presenta una alguna emoción intensa.
  • Tener conductas de riesgo, por ejemplo, manejar bajo la influencia de alcohol o droga, o conductas sexuales inseguras.
  • Presentar depresión, ansiedad o ataques de pánico.

La esperanza de superar este problema

La buena noticia es que los seres humanos no somos estáticos, estamos en constante cambio.

Todos los días aprendemos cosas nuevas, conocemos personas que nos hacen sentir queridos y seguros, y vivimos experiencias agradables.

La evidencia científica reciente avala que terapias como la Terapia EMDR (Terapia de reprocesamiento del trauma) y la Terapia Cognitivo-Conductual Centrada en Trauma pueden ser de gran ayuda para aliviar el sufrimiento causado por el trauma.

En el tratamiento del sufrimiento emocional, no estás solo, no estás sola/o. Recuerda que siempre es posible pedir ayuda.

Te dejo con una frase de Judith Herman, psiquiatra norteamericana especialista en trauma que me gusta mucho, pues toca la importancia de las relaciones humanas para la recuperación.

"La recuperación de trauma solo puede tener lugar dentro del contexto de las relaciones interpersonales, no puede suceder en aislamiento".

Psicoterapeuta

Ciudad de México

Bernarda Perez Conde es Licenciada en Universidad Iberoamericana especializada en problemas emocionales, trauma, Mindfulness y desarrollo personal. Dispone de más de 20 años de trayectoria profesional en este ámbito.

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