Jansenismo: qué es y cuáles son sus características

Un resumen de esta doctrina teológica condenada por la Iglesia: el Jansenismo.

Jansenismo

A pesar del parecido de algunos aspectos de su doctrina teológica con la rama protestante, los jansenistas se consideraban católicos. De hecho, ellos ni siquiera se llamaban con este nombre; fueron sus enemigos, entre los que se incluían los jesuitas y la misma corona francesa, los que los bautizaron con el nombre de uno de sus impulsores, el teólogo neerlandés Cornelius Janssens (Jansenio para el ámbito hispánico).

¿Qué hacía de esta doctrina algo tan detestable, no solo para la Iglesia católica oficial, sino también para los dirigentes políticos? ¿Por qué Richelieu, Mazarino y el mismísimo Rey Sol persiguieron a los jansenistas y acabaron con el núcleo desde donde había irradiado su enseñanza (la abadía de Port-Royal des Champs)? En el artículo de hoy, hacemos un resumen de esta doctrina teológica condenada por la Iglesia: el jansenismo.

¿Qué es el jansenismo?

Como ya hemos apuntado, el jansenismo es una doctrina teológica enmarcada dentro del catolicismo, aunque diversos papas la rechazaron categóricamente y condenaron algunas de sus tesis. En realidad, y como veremos, las teorías jansenistas de la salvación del alma se acercaban peligrosamente a las sostenidas por los calvinistas, por lo que la Iglesia no veía con buenos ojos las ideas de sus seguidores.

¿Qué es el jansenismo y en qué se basa? A grandes rasgos, podemos decir que recoge principalmente las teorías de San Agustín de Hipona (354 - 430) sobre la gracia y la salvación, por lo que, a priori, no debería entrañar nada denunciable a ojos de la Iglesia oficial. De hecho, los jansenistas se adscriben a las tesis planteadas por el Concilio de Trento (1545-1563), como veremos, por lo que, una vez más, debería considerarse una corriente católica.

¿Qué es lo que la hace, pues, tan odiada por la Iglesia y por los gobernantes? ¿Qué suponía el jansenismo en el contexto de la época? Lo intentamos resumir a continuación.

El contexto: la Europa post Trento

Situémonos antes que nada en el contexto histórico. En 1517, el monje alemán Martin Luther (1483-1546) clavaba sus famosas 95 tesis en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg. Se iniciaba el movimiento imparable del protestantismo, que iba a significar un cisma irreconciliable de la Iglesia y que promovería, en 1545, el inicio en Trento de un concilio eclesiástico que iba a durar dos décadas.

El Concilio de Trento supuso un análisis de los dogmas de la Iglesia católica que, tras el torbellino protestante, necesitaba urgentemente una revisión. En este sentido, los jansenistas no se apartaban de la ortodoxia trentina y, además, tomaban como inspiración a uno de los padres de la Iglesia, San Agustín.

Desde Lutero había calado profundamente en los debates teológicos la cuestión de si el ser humano tenía realmente libre albedrío, y si, en consecuencia, tenía la facultad de salvar su alma a través de sus acciones o si, por el contrario, la salvación estaba sólo en manos de Dios. La máquina de la Contrarreforma (la propaganda católica post Trento) impulsó la idea de la libertad del ser humano y, por tanto, su capacidad de encaminarse hacia la salvación mediante las buenas acciones.

El odius teologicus

Así pensaba por supuesto la Compañía de Jesús, fundada en 1534 por Ignacio de Loyola. Sin embargo, no todos secundaban esta idea. En la Universidad de Lovaina, centro importante en nuestra historia, las corrientes teológicas se habían dividido en dos: por un lado, los jesuitas y su libre albedrío; por otro, los llamados agustinos, que, liderados por Michael Baius (1513-1589), eran partidarios de la limitación de la libertad humana en la salvación, tal y como sostenía Agustín de Hipona.

Este enfrentamiento, conocido como odius teologicus, trascendió fronteras y dibujó en Europa dos bandos irreconciliables: jesuitas y agustinos. Estos últimos representan la semilla de donde iba a surgir la teoría del jansenismo, espoleada por el teólogo Cornelius Janssens (1585-1638), de ahí su denominación. Pero Janssens no fue ni el único ni el más importante de sus creadores, como veremos.

El reformador: Cornelius Janssens o Jansenio

Cornelius Janssens (conocido en ámbito hispánico como Jansenio) era un teólogo neerlandés nacido en la provincia de Utrecht, en una familia católica de posición acomodada. En 1602, un joven Cornelius se traslada a Lovaina para estudiar en su universidad, justo en la época en que los dos bandos antes citados están ya inevitablemente enfrentados.

Pronto, Jansenio se siente atraído por las enseñanzas de Baius, inspiradas en San Agustín, y toma claramente partido por los agustinos. A él se une Jean Duvergier de Hauranne (1581-1643), otro futuro teólogo que llegaría a ser, además, abad de Saint-Cyran (cargo por el que sería más conocido). Los dos jóvenes se hacen inseparables y parten hacia París, donde, tras asistir a las charlas del teólogo Edmond Richer, deciden imbuirse del cristianismo primitivo y estudiar los escritos patrísticos, entre ellos, claro está, a San Agustín.

Esta lectura voraz de los textos agustinos conllevó un acercamiento a la idea de la gracia como motor de salvación, lo que acercaba a los dos amigos al calvinismo. Pero, antes de continuar, expliquemos brevemente en qué se basa esta teoría.

La gracia como (único) motor de salvación

La doctrina cristiana católica establece un libre albedrío para el ser humano, por lo que este es responsable de sus actos, que pueden encaminarse hacia el mal o hacia el bien. Lutero ya cargó tintas contra esta idea, a raíz de los abusos que se cometían a la hora de “comprar” indulgencias para la salvación del alma. Así, el reformador estipuló que solo Dios decidía quién se salvaba y quién no, y nada de lo que hiciera el ser humano (manchado para siempre por el pecado original) podía cambiar la decisión divina.

En esta línea, Jansenio y Duvergier recogían la idea de la gracia como único motor de salvación. La gracia divina era concedida por Dios de antemano, por lo que Dios conocía qué almas se iban a salvar y cuáles no. En esta doctrina, por tanto, no había lugar para el libre albedrío defendido por los jesuitas y por el credo católico oficial o, al menos, no se trataba del mismo grado de libertad.

Tanto Jansenio como Duvergier consideraban que el ser humano había perdido esta libertad tan preciada con el pecado original, a partir del cual se había originado una delectatio terrestris o un gozo por lo terrenal (es decir, por el pecado).

Para acceder a la delectatio coelestis (es decir, el camino del cielo o del Bien) era necesaria, pues, la gracia eficaz de Dios, el único auxilio posible para redirigir al ser humano hacia su salvación.

Auge y caída de los jansenistas

La gran obra del jansenismo es Augustinus, elaborada por Jansenio durante nada menos que quince años; obra que el teólogo nunca corrigió, quizá por miedo a ser perseguido. El libro fue publicado póstumamente, en 1640, cuando su autor ya llevaba dos años fallecido. El papado no tardó en atacar la obra.

Por su parte, el compañero intelectual de Jansenio, Duvergier, abad de Saint-Cyran, había contactado con la abadía cisterciense de Port-Royal des Champs, donde era abadesa Angélique Arnauld, mujer noble de la familia Arnauld, linaje que simpatizó rápidamente con la doctrina de Duvergier y Jansenio. La abadía se convirtió desde entonces en el epicentro desde donde irradiaba el pensamiento jansenista y, desde allí, se expandió al resto de Francia.

De hecho, el jansenismo llegó a ser muy popular entre la aristocracia francesa del XVII, hasta el punto que se convirtió en una mera moda. Mientras, los gobernantes franceses no veían con buenos ojos la expansión de la doctrina.

Richelieu primero y Mazarino después persiguieron a los jansenistas, pues veían en ellos un peligro para la estabilidad del estado. Cuando la doctrina se convirtió prácticamente en facción política, Luis XIV dio el golpe definitivo; en 1712 destruyó la abadía y el cementerio de Port-Royal des Champs y, con ellos, el centro jansenista por excelencia. Herida de muerte, la corriente de Jansenio y Duvergier todavía sobrevivió algunos años, para acabar luego desapareciendo. En su nómina de seguidores cuenta con nombres ilustres, entre ellos, nada menos que el filósofo y matemático Blaise Pascal (1623-1662).

  • Pamparacuatro Martín, J. (2020), Lenguaje y moral en el siglo XVII: la controversia entre jansenistas y jesuitas, publicado en Pensamiento, vol. 76, núm. 289, Universidad del País Vasco
  • Macias Fattoruso, R. (2016), Maestros de la Gracia. La Abadía de Port-Royal en el siglo XVII, Editorial Académica Española
  • Houdaille, C. & Sautreuil, P., ¿Qué es el jansenismo?, publicado en https://es.la-croix.com/, noviembre de 2021.

Periodista

Licenciada en Humanidades y Periodismo por la Universitat Internacional de Catalunya y estudiante de especialización en Cultura e Historia Medieval. Autora de numerosos relatos cortos, artículos sobre historia y arte y de una novela histórica.

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