Los poemas cortos más inspiradores. George Henry Harlow.

La palabra “poesía” viene del latín poiesis, que significa “cualidad de crear, hacer o producir”. Se trata de un acto creativo en donde se manifiestan la estética y la belleza a través de la palabra. La poesía es un género literario asociado a la capacidad expresiva y la sensibilidad artística que toma la forma de un verso, o en ocasiones de prosa.

En este artículo encontrarás una selección de poemas cortos de autores famosos y anónimos.

Los mejores Poemas cortos

Son innumerables los poetas y las poetisas que nos han regalado parte de su sensibilidad artística a través de maravillosos textos.

En este artículo encontrarás poemas cortos de famosos autores latinoamericanos y españoles, así como de algunos poetas anónimos.

1. Aquí (Octavio Paz)

Mis pasos en esta calle

Resuenan

En otra calle

Donde

Oigo mis pasos

Pasar en esta calle

Donde

Sólo es real la niebla.

2. A un general (Julio Cortázar)

Región de manos sucias de pinceles sin pelo

de niños boca abajo de cepillos de dientes

Zona donde la rata se ennoblece

y hay banderas innúmeras y cantan himnos

y alguien te prende, hijo de puta,

una medalla sobre el pecho

Y te pudres lo mismo.

3. Cada vez que pienso en ti (Anónimo)

Cada vez que pienso en ti,

mis ojos rompen en llanto;

y muy triste me pregunto,

¿por qué te quiero tanto?

4. Síndrome (Mario Benedetti)

Todavía tengo casi todos mis dientes

casi todos mis cabellos y poquísimas canas

puedo hacer y deshacer el amor

trepar una escalera de dos en dos

y correr cuarenta metros detrás del ómnibus

o sea que no debería sentirme viejo

pero el grave problema es que antes

no me fijaba en estos detalles.

5. En las noches claras (Gloria Fuentes)

En las noches claras,

resuelvo el problema de la soledad del ser.

Invito a la luna y con mi sombra somos tres.

6. Deletreos de armonía (Antonio Machado)

Deletreos de armonía

que ensaya inexperta mano.

Hastío. Cacofonía

del sempiterno piano

que yo de niño escuchaba

soñando... no sé con qué,

con algo que no llegaba,

todo lo que ya se fue.

7. Despedida (Alejandra Pizarnik)

Mata su luz un fuego abandonado.

Sube su canto un pájaro enamorado.

Tantas criaturas ávidas en mi silencio

y esta pequeña lluvia que me acompaña.

8. Desvelada (Gabriela Mistral)

Como soy reina y fui mendiga, ahora

vivo en puro temblor de que me dejes,

y te pregunto, pálida, a cada hora:

«¿Estás conmigo aún? ¡Ay, no te alejes!»

Quisiera hacer las marchas sonriendo

y confiando ahora que has venido;

pero hasta en el dormir estoy temiendo

y pregunto entre sueños: «¿No te has ido?»

9. Rima LX (Gustavo Adolfo Bécquer)

Mi vida es un erial,

flor que toco se deshoja;

que en mi camino fatal

alguien va sembrando el mal

para que yo lo recoja.

10. Recuerdo que dejo (Nezahualcoyotl)

¿Con qué he de irme?

¿Nada dejaré en pos de mi sobre la tierra?

¿Cómo ha de actuar mi corazón?

¿Acaso en vano venimos a vivir,

a brotar sobre la tierra?

Dejemos al menos flores

Dejemos al menos cantos

11. Tus ojos son lucero (Anónimo)

Tus ojos son luceros,

tus labios, de terciopelo,

y un amor como el que siento,

es imposible esconderlo.

12. La montaña rusa (Nicanor Parra)

Durante medio siglo

La poesía fue

El paraíso del tonto solemne.

Hasta que vine yo

Y me instalé con mi montaña rusa.

Suban, si les parece.

Claro que yo no respondo si bajan

Echando sangre por boca y narices.

13. Cuando el mar sea redondo (Anónimo)

Cuando el mar sea redondo

y el sol deje de brillar,

ese será el día

en que te pueda olvidar.

14. América, no invoco tu nombre en vano (Pablo Neruda)

AMÉRICA,

no invoco tu nombre en vano.

Cuando sujeto al corazón la espada,

cuando aguanto en el alma la gotera,

cuando por las ventanas

un nuevo día tuyo me penetra,

soy y estoy en la luz que me produce,

vivo en la sombra que me determina,

duermo y despierto en tu esencial aurora:

dulce como las uvas, y terrible,

conductor del azúcar y el castigo,

empapado en esperma de tu especie,

amamantado en sangre de tu herencia.

15. Las seis cuerdas (Federico García Lorca)

La guitarra

hace llorar a los sueños.

El sollozo de las almas

perdidas

se escapa por su boca

redonda.

Y como la tarántula,

teje una gran estrella

para cazar suspiros,

que flotan en su negro

aljibe de madera.

16. Mi árbol pequeño (Antonio García Teijeiro)

Mi árbol tenía

sus ramas de oro.

Un viento envidioso

robó mi tesoro.

Hoy no tiene ramas

Hoy no tiene sueños

mi árbol callado

mi árbol pequeño.

17. Crisis (Francisco Gálvez)

Tu voz parece de otro tiempo,

ya no tiene aquel tono cálido

de antes, ni la complicidad

de siempre, sólo son palabras

y su afecto es ahora discreto:

en tus mensajes ya no hay mensaje.

18. Yo no soy yo (Juan Ramón Jiménez)

Yo no soy yo.

Soy este

que va a mi lado sin yo verlo,

que, a veces, voy a ver,

y que, a veces olvido.

El que calla, sereno, cuando hablo,

el que perdona, dulce, cuando odio,

el que pasea por donde no estoy,

el que quedará en pie cuando yo muera…

19. Menos tu vientre (Miguel Hernández)

Menos tu vientre,

todo es confuso.

Menos tu vientre,

todo es futuro

fugaz, pasado

baldío, turbio.

Menos tu vientre,

todo es oculto.

Menos tu vientre,

todo inseguro,

todo postrero,

polvo sin mundo.

Menos tu vientre,

todo es oscuro.

Menos tu vientre

claro y profundo.

20. Fe mía (Pedro Salinas)

No me fío de la rosa

de papel,

tantas veces que la hice

yo con mis manos.

Ni me fío de la otra

rosa verdadera,

hija del sol y sazón,

la prometida del viento.

De ti que nunca te hice,

de ti que nunca te hicieron,

de ti me fío, redondo

seguro azar.

21. El poeta es un fingidor (Fernando Pessoa)

El poeta es un fingidor.

Finge tan completamente

que hasta finge que es dolor

el dolor que en verdad siente,

Y, en el dolor que han leído,

a leer sus lectores vienen,

no los dos que él ha tenido,

sino sólo el que no tienen.

Y así en la vida se mete,

distrayendo a la razón,

y gira, el tren de juguete

que se llama corazón.

22. Al oído de una muchacha (Federico García Lorca)

No quise.

No quise decirte nada.

Vi en tus ojos

dos arbolitos locos.

De brisa, de risa y de oro.

Se meneaban.

No quise.

No quise decirte nada.

23. Amo, amas… (Rubén Darío)

Amar, amar, amar, amar siempre, con todo

el ser y con la tierra y con el cielo,

con lo claro del sol y lo oscuro del lodo:

amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.

Y cuando la montaña de la vida

nos sea dura y larga y alta y llena de abismos,

amar la inmensidad que es de amor encendida

¡y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!