La verdad sobre las cosas dormita tras el velo de las apariencias, en un lugar al que solo se puede acceder mediante el salvoconducto del pensamiento. Desde tiempos inmemoriales los seres humanos han aspirado a conocerla, con el fin de desentrañar el misterio de la vida y de la realidad.

La búsqueda de incógnitas sobre lo humano y lo mundano ha sido, desde el albor del tiempo, un elemento distintivo entre nuestra especie y otros animales; así como la prueba más sólida en lo relativo a la existencia de una razón, que habita entre las cisuras y las circunvoluciones de tan refinado sistema nervioso central.

Por tanto, los pensamientos son un fenómeno que depende de estructuras cerebrales y que "conecta" directamente con la experiencia y la orientación vivencial de quienes los esgrimen, por lo que es muy difícil desligar los resultados de pensar del proceso que en última instancia permite alcanzarlos.

En esta coyuntura se encuentra la corriente filosófica sobre la que tratará este artículo: el psicologismo. Sus implicaciones ontológicas y epistemológicas son de un enorme calado, y por ello supusieron un motivo de gran conflicto entre los pensadores del s.XIX.

¿Qué es el psicologismo?

El psicologismo es una corriente filosófica que surge de la ontología y la epistemología, que versa sobre nuestra capacidad para apresar la verdad de las cosas y que ha sido objetivo de grandes polémicas desde su concepción. Esta perspectiva fue particularmente defendida por pensadores empiristas, y postulaba que todos los conocimientos podrían ser explicados por los postulados de las ciencias psicológicas (o reducidos a ellos). Tal forma de acercarse a la realidad implica que el conocimiento filosófico depende del sustrato emocional, motivacional, mnésico, cognoscitivo y creativo de los seres humanos que piensan sobre ella; inhibiendo el acceso a la raíz ideal de la misma (al principio de lo que son).

Dicho de otra manera, todo contenido sobre el que se piensa está sometido a los límites de la mente que lo concibe. Así, todas las cosas se entenderían a través del filtro de los procesos de análisis informacional y los mecanismos de la cognición, siendo la única vía para trazar tal lógica.

De hecho, el psicologismo plantea una analogía con el logicismo clásico, a través del cual se pretendía reducir cualquier teoría a las leyes universales de la lógica, pero postulando a la Psicología como el vértice fundamental de esta jerarquía. En tal sentido, la lógica pasaría a ser una parte más de la Psicología, pero no una realidad independiente de ella, ni tampoco un método con el que trazar conclusiones más allá de lo accesible mediante los sentidos y los procesos de la propia reflexión.

El psicologismo es un prisma teórico que parte del antropocentrismo al entender las cosas de la realidad, y que se ha aplicado a muchas de las preguntas universales planteadas desde la Filosofía. Sus influencias se han expandido a numerosas áreas del saber, como la ética o la didáctica; pero también a las matemáticas, la historia y la economía.

Supone una modalidad de positivismo científico, pero reconoce que el saber potencial no es ajeno a las limitaciones perceptivas del que lo contempla, de lo que se desprende una contradicción teórica difícil de resolver.

En definitiva, el psicologismo emerge en la confluencia de la Filosofía, el positivismo científico y la epistemología; y la conexión con la lógica partiría del debate ideológico alemán (s.XIX) entre Gottlob Frege y Edmund Husserl (del cual más adelante se ofrecerán pequeñas pinceladas).

Pese a que existe cierta polémica al respecto, se considera que el concepto de psicologismo fue acuñado por Johann E. Erdmann en el año 1870, aunque sus rudimentos elementales son anteriores a tal momento histórico. También se ha propuesto que pudo ser abanderado por el filósofo Vincenzo Gioberti en su obra sobre la ontología (similar al idealismo platónico y en la que se aspiraba a explicar el origen mismo de las ideas mediante una reflexión intuitiva de la esencia de estas), en la que se empleaban los conceptos de psicologismo y/o psicologicismo para contrastar el alcance de su visión con un hipotético opuesto (la ontología italiana frente al psicologismo).

En definitiva, el psicologismo reduce todos los elementos "inteligibles" de la realidad (que son el objeto de estudio de todas las ciencias y de la Filosofía) a lo sensible, esto es, a lo que se puede percibir a través de los sentidos.

Es por ello que no podría entenderse el conocimiento en ausencia de un sujeto que lo observa, ni de los procesos mentales que se despliegan ante la situación de interacción entre el observador y lo observado. El sentido subjetivo impondría límites insuperables al potencial de conocer la realidad, aun a riesgo de confundir el producto del pensamiento con la herramienta mediante la que se obtiene el conocimiento filosófico (ya que no son equivalentes).

En las líneas sucesivas profundizaremos en la obra de algunos autores que defendieron o se opusieron al psicologismo. Muchos de ellos se enfrentaron encarnizadamente a los del bando contrario, representando una de las polémicas dialécticas más notables en toda la historia del pensamiento contemporáneo.

Defensa del psicologismo

Quizá uno de los defensores del psicologismo más relevantes sea David Hume, un filósofo e historiador escocés que se halla entre los más populares empiristas. De su extensísima obra se desprende la voluntad por reducir cualquier posible forma de conocimiento a lo que acuñó como "psicología empírica", y que implicaba la comprehensión de lo sensible a través de los distintos órganos sensitivos. En su Tratado de la naturaleza humana (una ópera cumbre del autor) se reducía o simplificaba la metafísica, la ética y la teoría del conocimiento a ciertos parámetros psicológicos; al entender que tales dominios resultaban básicos para determinar la experiencia directa con las cosas del mundo tangible.

En sus escritos Hume describió dos formas de expresión para tal psicologismo: gnoseológico y moral. El primero de ellos planteaba que los problemas del conocimiento (su origen, límites y valor) habrían de ser comprendidos como formas de reacción de la mente ante la acción de lo exterior, resumiendo toda la objetividad a un epifenómeno de la vida mental. El segundo entendía que la totalidad de las nociones de la ética se explicarían solo como construcciones teóricas, pues en sus inicios no eran más que respuestas subjetivas ante la atestiguación de interacciones sociales más o menos justas.

Otro pensador partidario del psicologismo fue John Stuart Mill, filósofo inglés (pero de origen escocés) que defendió la idea de que la lógica no era una disciplina independiente de la rama psicológica de la Filosofía, sino que dependía de esta en sentido jerárquico. Para este autor, el razonamiento sería una disciplina dentro de la Psicología mediante la cual llegar a conocer el sustrato de la vida mental, y la lógica solo la herramienta con la que alcanzar este objetivo. A pesar de todo ello, la extensa obra del autor no clarificó definitivamente su postura sobre el extremo, hallándose discrepancias en distintos momentos de su vida.

Por último, resulta reseñable también la figura de Theodor Lipps (filósofo alemán centrado en el arte y la estética), para el cual la Psicología sería el fundamento esencial de todo saber en las disciplinas matemáticas/plásticas. Así, esta sería el suministro de todo precepto lógico que sustentara la capacidad de conocer elementos de la realidad.

Oposición al psicologismo

El principal opositor a la corriente psicologista fue, sin duda, Edmund Husserl. Este filósofo y matemático de origen alemán, uno de los más notorios fenomenólogos de todos los tiempos, se manifestó contrario a esta forma de pensar (la consideraba vacía). Su obra analiza de un modo profundo sus ventajas e inconvenientes, aunque parece mostrarse más partidario (tal y como evidencia explícitamente en numerosos pasajes de sus textos) a su oposición. El autor distingue dos tipos concretos de problemas en el psicologismo: los que se relacionan con sus consecuencias y los que más bien se vinculan a sus prejuicios.

En lo concerniente las consecuencias, Husserl mostró su preocupación por la igualación de lo empírico con lo psicológico, al entender que el uno y el otro tenían objetivos y resultados muy distintos. También consideraba que los hechos de la lógica y la Psicología no debían ubicarse en el mismo plano, pues ello implicaría que los primeros habrían de asumir el carácter mismo de los segundos (que son generalizaciones de valor, pero no hechos demostrados según una terminología lógica). De facto, remarcaba que ningún fenómeno mental podía explicarse con las leyes convencionales de un silogismo.

En cuanto a los prejuicios, Husserl subrayaba la necesidad de diferenciar la "lógica pura" del hecho de pensar (basado en reglas), ya que la finalidad de la primera sería lograr evidencias de hechos objetivos y la del segundo descifrar la naturaleza de las construcciones subjetivas y personales sobre uno mismo y el mundo.

La principal implicación de ello sería discernir una estructura epistemológica objetiva junto a otra de tipo subjetivo, complementarias en el plano de las experiencias internas y de las ciencias, pero distinguibles al fin y al cabo. Para el autor la evidencia sería una vivencia de la verdad, lo cual se traduce en que lo interno confluiría con lo externo en el marco de representaciones de los hechos que alcanzarían valor de realidad.

Referencias bibliográficas:

  • Gur, B. & Wiley, D. (2009). Psychologism and Instructional Technology. Educational Philosophy and Theory. 41, 307 - 331.
  • Lehan, V. (2012). Why Philosophy Needs Logical Psychologism. Dialogue, 51(4), 37-45.