La selección natural basa su mecanismo evolutivo en un concepto clave concreto: todos los seres vivos tienen como fin primero y último el reproducirse, pues dejar impronta genética en futuras generaciones es siempre más importante que la propia vida del individuo.

Bajo este dogma operan todas las especies presentes en el planeta (menos el ser humano), pues la supervivencia, la propia existencia, solo se concibe como el intervalo de tiempo entre episodios reproductores. Un animal no existe porque disfrute de ello (al menos que sepamos), sino que maximiza su permanencia en la Tierra únicamente con el fin de dejar más descendencia.

Estos conceptos iniciales nos dejan clara la importancia de la reproducción en la naturaleza, pero, ¿sabes qué tipos existen en el mundo animal, vegetal y microscópico? ¿Conoces hasta qué punto dan la vida los animales por su descendencia? Veamos cuáles son los tipos de reproducción de los seres vivos, pues te aseguramos que algunas estrategias evolutivas te sorprenderán.

Tipos de reproducción: vivir por y para la descendencia

Podemos definir a la reproducción, de forma general, como un proceso biológico que permite la creación de nuevos seres vivos a partir de uno o más progenitores, con el fin de perpetuar su linaje en el tiempo. Estamos ante un fenómeno primal, tanto es así que, hasta ahora, no existe ser vivo en condiciones naturales que no se reproduzca de alguna forma.

Desde un punto de vista evolutivo, la reproducción promueve diversos mecanismos tanto comportamentales como fisiológicos en los seres vivos, pues por ejemplo, la selección sexual (una variante de la selección natural) impulsa la competición entre individuos de la misma especie para alcanzar la quimera de cualquier ser vivo: dejar su impronta genética en posteriores generaciones.

A continuación veremos los distintos tipos de reproducción divididos en dos bloques (sexual y asexual), con ejemplos concretos y sus implicaciones evolutivas. Vamos allá.

1. Reproducción asexual

La reproducción asexual es aquella en la que se produce un ser vivo a partir de una sola célula o un grupo de células. Desde un punto de vista más general, podemos definirla como la reproducción más “básica”, pues en general no requiere de células especializadas (gametos). En la mayoría de los casos, una célula madre da lugar a dos o más células hijas. Así de simple. A continuación, te presentamos los distintos eventos comprendidos dentro de la reproducción asexual.

1.1 Fisión binaria

Seres tan primales como las bacterias y las arqueas la llevan a cabo. En este caso, el ADN de la célula progenitora se duplica y su citoplasma se divide, con el fin de dar lugar a dos células hijas iguales.

1.2 Gemación

Estamos ante un concepto similar al anterior, pero en este caso, la división es desigual. Este mecanismo reproductor se basa en la surgencia de prominencias en el organismo progenitor las cuales, con el tiempo necesario y crecimiento, dan lugar a entes autónomos que pueden separarse del organismo parental (o quedarse unidos a él). Un ejemplo de esto es la especie Hydra oligactis, un hidrozoo de unos pocos milímetros con tentáculos.

1.3 Esporulación

Típica de algunos hongos y bacterias. En estos casos, se generan esporas (ya sean unicelulares o pluricelulares) que pueden ser liberadas al medio y que, en su interior, contienen la información genética necesaria para dar lugar a un nuevo individuo.

1.4 Fragmentación

Estamos ante un caso fascinante, pues el progenitor puede dividirse en segmentos y, a partir de estos, surgen descendientes autónomos. Estas escisiones corporales pueden producirse por accidente (arquitomía) o de forma espontánea (paratomía). Las planarias y diversas estrellas de mar presentan este tipo de reproducción, por ejemplo.

1.5 Poliembrionía

Entramos en terrenos más complejos, y por lo tanto, a partir de ahora observaremos estos tipos de reproducción en grupos de vertebrados, entre otros seres vivos. La poliembrionía es el primer mecanismo de reproducción que vamos a ver que sí que requiere de células sexuales (aunque sea un método de reproducción parcialmente asexual).

En este caso, dos o más embriones se desarrollan a partir de un solo cigoto. De forma estricta este proceso requiere de un componente sexual (pues el cigoto se produce por la fecundación de un óvulo), pero, más tarde, este se divide de forma asexual. Los gemelos univitelinos en humanos son un claro ejemplo de este proceso.

1.6 Partenogénesis

La partenogénesis es la última forma de reproducción asexual, en la cual un óvulo da lugar a un ser vivo completamente funcional sin necesidad de una fecundación previa. Especies como la lagartija Cnemidophorus neomexicanus están compuestas únicamente por hembras partenogenéticas, pues no requieren de machos para dar lugar a descendencia.

2. Reproducción sexual

La reproducción sexual implica obligatoriamente la singamia, es decir, la fusión de gametos masculinos y femeninos para que se produzca un cigoto, a partir del cual se desarrollará un embrión.

A diferencia del caso contrario, en este fenómeno la progenie es un resultado de la combinación de la información genética del padre y la madre, pues una célula diploide tiene un número doble de cromosomas (2n), donde uno proviene del óvulo de la madre (n) y otro del espermatozoide del padre (n). La clave de la reproducción sexual es, por tanto, la variabilidad genética de los descendientes.

En general, no se suelen distinguir tipos de reproducción sexual de la misma forma que en la variante asexual, pero según las características morfológicas de los gametos, podemos apreciar dos variantes diferentes. Te las contamos a continuación.

2.1 Isogamia

Los dos gametos que se unen para dar lugar al cigoto son exactamente iguales en estructura, tamaño y fisiología interna. Por esta razón, no se puede realizar una distinción entre “gameto femenino” y “gameto masculino”. Es típica de algunas plantas, hongos y protozoos.

2.2 Anisogamia

Es la reproducción sexual típica y más extendida. Existen dos gametos de diferente forma y tamaño (un óvulo y un espermatozoide) que darán lugar al cigoto mediante el proceso de fecundación.

Claves diferenciales a nivel evolutivo

Más allá de un criterio clasificatorio, nos vamos a permitir cerrar este espacio con una serie de divagaciones biológicas que, desde luego, son de suma importancia para conocer el porqué de la variabilidad de estrategias reproductoras en la Tierra.

La reproducción asexual es ciertamente más sencilla que la sexual: es rápida y simple, ya que no tienen que producirse (en la mayoría de los casos) células sexuales especializadas. Por otro lado, un solo individuo puede llegar a dar lugar a descendencia completamente funcional, es decir, no requiere de gastos energéticos para encontrar y cortejar a otro conespecífico. Desde luego, tendría sentido que todos los seres vivos optaran por ella, ¿verdad?

A pesar de que no se puede comprobar experimentalmente y explicar el origen del sexo es extremadamente complejo, el mantenimiento del mismo en la evolución de los seres vivos se puede explicar, en parte, por la necesidad de adaptación. La selección sexual está claramente sesgada, pues los individuos que se reproducen son los más aptos y, por tanto, aportarán sus características ventajosas a las siguientes generaciones.

Así pues, una serie de caracteres que han surgido como mutaciones independientes en diversos seres vivos pueden acabar juntándose en uno solo tras varias generaciones por medio de este mecanismo. Desde luego, el objetivo intrínseco de este proceso es aumentar la aptitud biológica de la especie, acumulando mutaciones beneficiosas y desechando las deletéreas.

Además de todo esto, la reproducción sexual permite una enorme variación genética a nivel individual, lo que promueve una mayor adaptabilidad ante diversos cambios ambientales a nivel poblacional.

Por muy claro que todo esto pueda parecer, explicar el mantenimiento del sexo a largo plazo es un verdadero rompecabezas. Esto se debe a que, a pesar de los beneficios genéticos que esto conlleva, las generaciones de los individuos asexuales crecen mucho más rápido y también pueden presentar mutaciones genéticas (aunque no se produzca recombinación). Esto, en un marco teórico, haría que la reproducción asexual siempre “gane” desde un punto de vista de optimización de recursos.

Además, si la reproducción asexual fuera realmente deleterea por la falta de variabilidad genética que esta conlleva, ¿por qué siguen existiendo especies que la practican desde hace miles de años, las cuales no se han extinguido? Desde luego, otorgar una respuesta inalienable con respecto a este tema es, a día de hoy, una labor imposible.

Resumen

Como hemos podido ver en estas líneas, la reproducción encierra un mundo apasionante de términos, consideraciones e hipótesis evolutivas que encandilan desde a profesionales etólogos hasta a la población general. El sexo y la descendencia son el propio motor de la vida, y por tanto, todos los seres vivos se adecúan y actúan en consecuencia a esta necesidad primal a lo largo de sus ciclos vitales.

Referencias bibliográficas:

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