Moral heterónoma: qué es, características y funcionamiento en la infancia

La moral heterónoma forma parte de la manera de pensar de los niños y niñas; veamos cómo es.

Nahum Montagud Rubio

Nahum Montagud Rubio

Moral heterónoma

Los niños y niñas no juzgan igual que nosotros, algo que es obvio pero ¿cómo se plantean lo que está bien y lo que está mal? Realmente no se lo plantean, sino que lo aprenden. Se les inculca unas normas sociales y aceptan que deben cumplirlas.

Antes de los 9 años los niños piensan en términos de moral heterónoma, es decir, su moral se basa en la aceptación de unas normas externas que consideran que, en caso de infringirlas por el motivo que sea, es indudablemente un acto que debería traer consigo consecuencias.

Tratar de resumir en unas pocas frases introductorias lo interesante que es la moral heterónoma es algo complicado y por ello invitamos a seguir leyendo para entenderla más a fondo.

¿Qué es la moral heterónoma?

La moral heterónoma es la forma que adopta la ética de los niños durante sus primeros años de vida. Esta moral se basa en la aceptación de normas externas como si fueran absolutas, en vez de establecer un código de conducta propio, basado en sus opiniones y experiencias como es el característico que se adopta en etapas más maduras de su desarrollo.

Los niños y niñas de edades inferiores a 9 años consideran que las normas que les son impuestas desde fuera deben cumplirse sin ponerlas en duda. Ven a las normas como algo sagrado, inmodificable y a obedecer al margen de cual sea su contenido.

En este tipo de moral los niños y niños que la manifiestan evalúan los actos no por su naturaleza o ética detrás, sino por la necesidad de obedecer a la autoridad de los adultos. Los sujetos con este tipo de moral que se deben obedecer las normas que imponen los adultos porque consideran que es bueno lo que les mandan y malo lo que les prohíben. En definitiva, la moral heterónoma es la moral que se da en individuos que no se cuestionan las normas que proceden de una determinada autoridad.

La moral heterónoma fue estudiada por primera vez por el psicólogo suizo Jean Piaget, quien se interesó en descubrir por qué los niños se comportaban de la manera en cómo lo hacían. Dentro de este objeto de estudio se encontró también su interés por la forma en cómo entendían la moral, preguntándose cómo los niños entienden las normas, qué piensan sobre la responsabilidad individual y qué concepto de justicia tenían.

Filósofos, psicólogos y otros investigadores han estado especialmente interesados en el desarrollo de la moral. Se cree que entendiendo la forma en cómo se desarrolla nuestra moral y de dónde procede, cómo cambia en los niños a medida que van creciendo, nos pueden ayudar a comprender nuestra propia ética y la manera en la que aparecen las normas morales en la sociedad una vez ya somos adultos.

Moral en la infancia

¿Cómo surge este tipo de moral?

La moral heterónoma es la que se da en la mente de los niños y niñas cuando comienzan a reflexionar sobre el funcionamiento del mundo, y se mantiene hasta los 9 años aproximadamente aunque suele desaparecer entre los 6 y 8 años.

Antes de alcanzar esa edad, los niños no se cuestionan lo válidas o justas que son las normas y las reglas sociales que han heredado de sus padres, sino que las aceptan de forma ciega.

Está relacionada con el realismo moral que, de hecho, se considera un patrón de pensamiento derivado de este tipo de moralidad. Los niños creen que las obligaciones y los valores de una persona están determinados por la norma, sin tener en cuenta factores tales como el contexto y las posibles intenciones que hayan implicado realizar una determinada conducta, aunque esta implique algún tipo de infracción o violación de una norma.

Esta forma de entender lo moral y lo que es correcto tiene que ver con el hecho de que todavía no hayan desarrollado la capacidad de ponerse en el lugar de los demás (mentalismo) y, por lo tanto, los niños no pueden comprender qué motivos pueden haber hecho que una persona se salte algunas normas. En su mente, quien no cumple una norma es alguien que ha hecho algo malo, y eso no es debatible.

Añadido a esto, en esta época no disponen de un sentido crítico, con lo cual no son capaces de cuestionar las palabras de sus padres y otros referentes. Esto se traduce en que consideran que todo lo que dicen los adultos es correcto, debe respetarse y no hacerlo tiene que suponer siempre consecuencias negativas. Aceptan ciegamente lo que les dicen porque creen que las personas mayores son infalibles. No conciben la idea de que una persona adulta tan importante como su padre, su madre, su maestra o sus abuelos puedan errar.

Son todos estos rasgos característicos de los niños menores de 9 años los que nos sirven como claves para entender por qué surge la moral heterónoma, una moral que como su nombre sugiere “viene de fuera”, les es introducida.

Sin embargo, al cumplir la década de edad empiezan a darse cambios en las estructuras de pensamiento que hacen que el niño deje de ver las reglas como algo inflexible y absoluto. Por ello, pre-adolescentes y adolescentes sí cuestionan las normas, entendiendo que las reglas no son verdades absolutas sino imposiciones sociales, siendo este el nacimiento de la moral autónoma.

Las características de la moral heterónoma

La moral heterónoma difiere mucho de la autónoma, siendo la primera la propia antes de cumplirse los 9-10 años de edad y la segunda la que viene después. Son varias las características del realismo moral que podemos destacar.

1. Aceptación de normas externas

El rasgo más distintivo de la moral heterónoma es el hecho de que los niños y niñas aceptan de forma automática todas las normas y creencias que les son impuestas, sobre todo si se las inculcan sus padres, maestros, tutores legales o cualquier otro adulto de referencia.

Esto es debido a que en la infancia vemos a nuestros padres como verdaderas autoridades, personas que nunca se equivocan y que tienen un poder natural sobre sus hijos. Sus palabras no se ponen en duda y es por ese motivo que todo lo que digan los adultos será tomado como una regla absoluta e incuestionable.

2. Castigo como consecuencia de la infracción

A diferencia de la moral autónoma, en la que quien la posee se preocupa más de si una acción es éticamente justificable o no, en los niños con moral heterónoma lo habitual es que se preocupen de obedecer para evitar el castigo a toda costa. A estas edades los niños interpretan que saltarse una norma o hacer algo que les han dicho que es malo implica siempre consecuencias negativas.

Cuanto más severo sea el castigo, peor será vista la acción que les han dicho que está mal. En este tipo de pensamiento no se tiene en cuenta los posibles motivos que hayan hecho que una persona haya cometido una infracción, sino el hecho de que haya cometido esa infracción.

En la etapa de la moral heterónoma se ve al castigo como algo automático y natural. Los niños y niñas entienden la justicia como una especie de venganza, algo que se basa en el principio de retribución más básico como el “ojo por ojo”.

Por ello, si alguien comete una infracción, una persona que piense en términos de moral heterónoma creerá que deberá ser castigado inevitablemente, sin plantearse en ningún momento la posibilidad de librarse de cualquier consecuencia negativa.

3. Escasa relevancia en la intencionalidad

Los niños con moral heterónoma no toman como relevante la intencionalidad que pueda haber detrás de la comisión de una determinada infracción. La principal medida de la gravedad de cómo de incorrecta ha sido la infracción es lo dañina que haya sido esa propia infracción. Es decir, cuanto mayor sea la infracción, más moralmente reprobable será.

Para que lo entendamos: un niño de 8 años verá como mucho peor que su hermanito haya roto la vajilla de porcelana de la abuela de forma accidental que no que su otro hermano haya cogido un plato y lo haya roto a posta. Al niño de 8 años la intencionalidad le da igual, lo importante es cuántos platos rotos haya.

Esta mentalidad de no valorar el hecho de que haya sido un accidente o no es porque todavía no es capaz de ponerse en el lugar de la otra persona. No puede valorar sus intenciones ni tampoco el peso que tiene sobre lo que hace.

Los niños en etapa de moral heterónoma consideran que el castigo debe ser proporcional al daño producido, al margen de si ha habido intencionalidad o no. No obstante, pasados unos años y entrados en la etapa de moral autónoma, la intencionalidad toma más peso a la hora de juzgar las acciones ajenas y, por lo tanto, se toma como factor importante a la hora de considerar si un castigo es oportuno o no.

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