La moral es un concepto que se ha estudiado desde hace miles de años, principalmente a través de la filosofía y más recientemente desde la psicología.

A día de hoy, se siguen proponiendo modelos que tratan de explicar este complejo modelo de la forma más eficiente. Es precisamente el objetivo de la teoría diádica de la moral, que será el elemento central de este artículo. Trataremos de arrojar luz sobre este modelo en las siguientes líneas.

¿Qué es la Teoría Diádica de la Moral?

La teoría diádica de la moral es un modelo que trata de explicar el funcionamiento de la moralidad desde una perspectiva muy particular. Aunque son varios los autores que han estado implicados en su elaboración, generalmente se le atribuye a los psicólogos sociales, Chelsea Schein y Kurt Gray.

Su planteamiento se basa en la existencia de dos elementos fundamentales para la percepción de cualquier transgresión de la moralidad, es decir, de una díada. Este es el motivo por el cual dicho modelo ha recibido el nombre de teoría diádica de la moral. La mente de los seres humanos utilizarían una especie de esquema para medir la moralidad, basado en estos dos elementos.

¿Cuáles son esas dos piezas clave? La del agente moral y la del paciente moral. El agente moral sería el que ejerce la acción cuya moralidad está en entredicho. Es la persona, colectivo, organización o cualquier otro ente perpetra la acción inmoral, y además lo hace de una manera intencional, según nuestra percepción.

Pero ante un agente moral siempre hay, necesariamente, según la teoría diádica de la moral, un paciente moral. En otras palabras, si alguien comete un acto inmoral, alguien está siendo víctima de dicha acción y por lo tanto está sufriendo sus efectos. Ese sería el paciente moral, la persona o grupo que está padeciendo la agresión del otro componente de la díada.

Cuadrante de moralidad

Partiendo de esta base, podríamos establecer un cuadrante, situando cada una de estas dimensiones en sendos ejes, y así poder clasificar a las personas o grupos en función de si únicamente tienen predisposición a actuar como agentes, es decir, tienen una alta capacidad de acción, o bien tienden a ser pacientes, pues sus características les hacen propicios para padecer.

Caben otras dos opciones, la de que dicha entidad puntúe alto en las dos variables, por lo que podría actuar pero también padecer, según el teoría diádica de la moral, y la cuarta opción, que consistiría en una baja predisposición a ser cualquiera de las dos opciones, es decir, ni actuar ni padecer.

El primero de los casos, el de tener una absoluta capacidad para actuar pero ninguna para padecer, se reserva solo a entidades muy poderosas, como una gran corporación. Si únicamente puede sufrir consecuencias pero no generarlas, estaríamos hablando de un ser como un niño o un animal indefenso.

El ser humano promedio, en cambio, se sitúa en el tercero de los niveles, el de poder tanto actuar como padecer. Por último, la cuarta opción que nos proporciona la teoría diádica de la moral, sería la de no tener ninguna de las dos capacidades, y para ello tendríamos que remitirnos únicamente a seres inertes.

Estas categorías son interesantes, porque existe una correlación entre ellas y otros elementos, como son los derechos y las obligaciones, tanto a nivel legal como también moral, que es el tema que nos ocupa. En esa línea, se observa que si una persona o entidad tiene una mayor capacidad de actuar que de padecer, tendría más obligaciones que derechos.

Por el contrario, aquel sujeto o grupo que sea más paciente que agente moral, verá a su favor más derechos que responsabilidades. En otras palabras, a los de la primera categoría se les asigna una responsabilidad moral, mientras que a los de la segunda, se les presuponen unos derechos morales.

¿Qué ocurre cuando la díada está incompleta?

Veíamos al principio que la teoría diádica de la moral implica la existencia en todos los casos, según el esquema mental que manejamos, de dos elementos fundamentales para considerar toda transgresión moral: la del que la ejerce y la del que lo padece. Pero, ¿qué ocurre cuando solo está presente una de las dos?

En ese caso, tendemos a caer en la presunción del otro elemento. Es decir, el ser humano parece tener una cierta predisposición para asignar el rol del elemento no presente a alguno que encaje en nuestros esquemas, para así completar el modelo de la teoría diádica de la moral. Como vamos a ver a continuación, este mecanismo funciona en dos direcciones.

En primer lugar, podemos estar ante una situación en la que observamos a un agente moral, es decir, alguien o algo que está ejerciendo una determinada acción que podríamos calificar de inmoral, según nuestros valores o ideales. Aunque no haya nadie presente que esté actuando como paciente moral, inevitablemente, vamos a tender a asignar esa categoría y completar así la díada.

De este modo, daremos por hecho que, si alguien está transgrediendo la moralidad de alguna manera, es evidente que alguien está siendo víctima de este hecho y por lo tanto padeciendo sus consecuencias, aunque objetivamente no tenga por qué ser así. Se trata de una cuestión automática, ocurre sin que podamos evitarlo.

Pero ya veíamos que no es la única manera en la que este mecanismo puede funcionar. La otra vía ocurre cuando encontramos a alguien que está padeciendo algún tipo de sufrimiento. En ese caso, la teoría diádica de la moral también hace que tendamos a completar la díada, pero en el otro sentido.

Es decir, lo que un observador, de manera automática, haría, sería dar por hecho que, como existe un paciente moral, ha de existir un agente moral que sea el causante del sufrimiento de esa persona o colectivo. Incluso para eventos tan ajenos a la moral como son los desastres naturales (huracanes, terremotos, etc.), al provocar un padecimiento en muchas personas, habrá quien atribuya la autoría a entidades como Dios o la propia naturaleza.

Catalogación a nivel moral

Otra cuestión que pone de manifiesto la teoría diádica de la moral es lo que los autores llaman encasillamiento moral. Este fenómeno se refiere a la tendencia que los seres humanos tenemos para darle la categoría a otra persona o grupo, bien de agente o bien de paciente moral.

La cuestión es que, al catalogar a un sujeto, por ejemplo de agente moral, lo que se está haciendo al mismo tiempo, y de forma automática, es negarle la condición de paciente moral, pues los observadores se mueven en extremos.

Por lo tanto, al considerar que una persona es transgresora de una norma moral, quedará encasillada en esa condición y será muy difícil que consideremos en algún momento que puede ser paciente moral, es decir, que pueda ser víctima de otro actor moral diferente.

El mecanismo es bidireccional, por lo que ocurre exactamente lo mismo con aquellos colectivos o individuos que han sido pacientes morales. En ese caso, ostentarán la condición de víctimas, y no consideraremos que puedan ser actores de transgresiones de la norma, pues les veremos únicamente como pacientes y nunca como agentes.

Si profundizamos en esta cuestión, podemos darnos cuenta de las consecuencias de este planteamiento que hace la teoría diádica de la moral. Y es que, en muchas ocasiones, corremos el riesgo de estigmatizar a personas, grupos u organizaciones, por un hecho concreto, por el que pasarán a ser potenciales transgresores morales con cada acción que realicen.

Por el contrario, también puede darse el fenómeno opuesto, y es que una entidad que en determinado momento haya padecido moralmente a causa de otros, puede conservar dicha categoría y de alguna manera atenuar o eximir cualquier posible agencia moral que en el futuro cometa hacia otros.

Esta apreciación es de gran relevancia y puede ayudarnos a ser más conscientes de juicios morales que realizamos de forma constante hacia personas y grupos, considerándolos actores o víctimas, en función de la catalogación que hayamos hecho sobre ellos en un principio.

Pero la realidad puede ser muy diferente y es posible que no nos estemos dando cuenta de que, por lo general, ni los actores morales son actores siempre, ni los pacientes morales son pacientes siempre. Por el contrario, lo normal es que toda persona sea, en ocasiones agente y en ocasiones paciente, sin tener necesariamente la misma condición en todo momento.

Como podemos observar, la teoría diádica de la moral sirve, entre otras cosas, para que seamos conscientes de este importante fenómeno, y podamos tenerlo en cuenta para adoptar una postura más objetiva en torno a la moralidad.

Referencias bibliográficas:

  • Gray, K., Young, L., Waytz, A. (2012). Mind perception is the essence of morality. Psychological Inquiry. Taylor & Francis.
  • Malo, P. (2019). La esencia de la moralidad: La Teoría Diádica de la Moral. Evolución y Neurociencias.
  • Schein, C., Goranson, A., Gray, K. (2015). The uncensored truth about morality. The Psychologist. The British Psychological Society.
  • Schein, C., Gray, K. (2018). The theory of dyadic morality: Reinventing moral judgment by redefining harm. Personality and Social Psychology Review.