Era domingo por la mañana. José Manuel llevaba tres días consumiendo y estaba sentado en su coche, buscando en el móvil algún sitio donde ingresar que pudiera pagar. Entre anuncios de clínicas inalcanzables apareció el de un terapeuta especialista en adicciones. Le llamó. Fue un profesional quien le escuchó aquel día y quien le habló, entre otros recursos, de los grupos de autoayuda.
Hoy, con 57 años y siete años y medio limpio, este chef es el portavoz de Narcóticos Anónimos en España. Y lo primero que aclara es que ellos no son terapeutas, pero forman una red de apoyo igual de indispensable para superar la adicción.
Todo el mundo conoce Alcohólicos Anónimos. ¿Por qué hizo falta Narcóticos Anónimos?
Nació en Estados Unidos hacia 1953, en paralelo a Alcohólicos Anónimos, cuando allí empezaban a extenderse de forma importante las drogas. Es el mismo modelo: un programa de doce pasos, con las mismas tradiciones, pero dirigido a más adicciones que el alcohol. Somos un grupo de autoayuda, nada más.
¿En qué consiste ese programa?
Los doce pasos son una introspección, una forma de mirar hacia dentro a través de preguntas que vas contestando: qué has tenido en tu vida, qué factores te han llevado hasta aquí. Todo es voluntario. En los primeros pasos reconocemos nuestra locura, porque si haces algo que sabes que te está matando y sigues haciéndolo, está claro que hay algo mentalmente que no funciona. Pero reconocerlo no es lo mismo que tratarlo. Eso le corresponde a un profesional.
Es un complemento. Lo que aporta el grupo es compañía en momentos concretos.
¿Qué relación tiene el programa con la salud mental?
Mucha. En los primeros pasos reconocemos nuestra locura. Si haces algo que sabes que te está matando y sigues haciéndolo, está claro que hay algo mentalmente que no funciona. Asumirlo es el punto de partida.
Ustedes no tienen psicólogos en las reuniones. ¿Qué son, entonces? Somos adictos que nos ayudamos mutuamente, nada más. No damos terapia, ni individual ni grupal, ni somos terapeutas. Esto hay que dejarlo muy claro, porque a veces genera discusiones desde fuera. No sustituimos al psicólogo, ni mucho menos. Creemos que tenemos que estar unidos a los profesionales.
Entonces, ¿qué lugar ocupa el grupo?
El de un complemento. Yo mis primeros años hacía terapia con un psicólogo y además iba a las reuniones. Lo que aporta el grupo es compañía en momentos concretos. Si un día a las once de la noche tengo ganas de consumir, mi psicólogo estará en su casa con su familia, pero yo puedo llamar a un compañero y decirle lo que me está pasando. Eso ayuda a aguantar ese momento. Pero el trabajo de fondo, entender por qué consumía y cambiarlo, lo hice en consulta.
- Artículo relacionado: "Historias de éxito en la lucha contra las Adicciones"
¿Le bastaron las reuniones cuando llegó por primera vez?
No. Estuve casi un año limpio y volví a recaer. Todavía no me había rendido del todo. La diferencia llegó cuando uní las dos cosas: seguí con el programa, pero haciendo un trabajo serio con un psicólogo, durante unos dieciocho meses. Él me diagnosticó distimia crónica, una depresión leve y continua que yo llevaba años tapando con el consumo. Llevé las dos cosas en paralelo durante bastante tiempo. Ahora solo asisto a Narcóticos Anónimos, pero porque antes hice ese trabajo profesional.
Antes de eso ya había pasado por centros de tratamiento.
Sí. Primero por Proyecto Hombre, que dejé quince días antes del alta, convencido de que ya podía solo. Después por un centro privado, con unos seis meses de internamiento y unos dos años de terapia en total. La terapia me funcionó: estuve seis años y medio sin consumir. El problema fue que, tras el alta, salí sin todas las herramientas que necesitaba y dejé de estar acompañado. Por eso insisto en la continuidad del tratamiento profesional. El internamiento o la terapia no son un trámite; hay que completarlos y, cuando hace falta, prolongarlos.
El estigma es la principal barrera para llegar a un tratamiento. Yo me sentía observado hasta en un centro comercial.
¿Qué le aporta hoy el grupo?
Una manera de vivir la recuperación más que la enfermedad. La enfermedad sabemos que siempre está ahí, pero aquí aprendo a vivir desde la recuperación: ponerme objetivos, valores. Un espacio donde compartir con gente que ha pasado por lo mismo, y que me ha ayudado a volver a socializar. Antes me costaba muchísimo por la vergüenza, por el qué pensarán. También hago servicio, que es voluntario, y eso me mantiene en contacto con la enfermedad. Pero llegué a este punto después de un tratamiento. El grupo me acompaña en el día a día; la base la puso la terapia.
¿Por qué cree que muchas personas se acercan antes a un grupo de apoyo que a una consulta?
Porque es un programa libre. Entras y sales cuando quieres; si quieres venir a la reunión, vienes, y si no, no. En una terapia o en un centro te marcan horarios, normas, límites. Te dicen que estés sin móvil, que vayas acompañado a ciertos sitios. Son cosas que funcionan, pero al adicto le cuesta aceptarlas y a lo mejor eso le echa para atrás. Aun así, ese marco profesional es necesario.
¿Hay barreras que dificulten llegar a ese tratamiento?
Muchas. El dinero, porque algunos centros son extremadamente caros y los recursos públicos tienen listas de espera. Y el estigma. Yo me sentía observado hasta en un centro comercial. En las mujeres es todavía peor: se las juzga de una forma mucho más fea, las llaman malas madres, tienen miedo a perder a sus hijos, y muchas lo sufren en silencio en casa. Hay que hacerles ver que no son malas personas, que tienen una enfermedad y necesitan ayuda profesional.
- Artículo relacionado: "7 mitos sobre las adicciones que todavía mucha gente cree"
¿Qué falta a nivel social?
Visibilizar y humanizar esta enfermedad. No somos bichos raros: es una enfermedad mental, física y espiritual. Y creo que todos los recursos deberían ir muy de la mano: los psiquiátricos, los psicológicos, los sociales y, como complemento, los grupos de autoayuda. Cada uno en su lugar.
Para terminar: ¿qué le diría a quien piensa que con acudir a las reuniones es suficiente?
Que el grupo es una gran ayuda, pero no es un tratamiento. Nosotros ofrecemos una red de apoyo, compañía, experiencia compartida. Lo que no podemos dar es lo que da un profesional. A mí el psicólogo me puso nombre a lo que me pasaba, me diagnosticó y me dio pautas que luego llevé a mi trabajo en el programa. Por eso mi consejo es claro: busque un psicólogo especialista en adicciones o una clínica, y si quiere, complemente ese tratamiento con un grupo de autoayuda. El apoyo psicológico para mí fue indispensable. Las dos cosas juntas son las que me han salvado.
José Manuel prefiere omitir su identidad, porque es el portavoz en España de Narcóticos Anónimos, cuyo principio básico es preservar el anonimato. No lo hace por vergüenza o estigma, toda esa etapa ya la superó y cree que su testimonio puede ayudar ahora a muchas personas con conducta adictiva y a sus familias a dar el primer paso para buscar ayuda.















