En más de una ocasión habremos oído la frase “además de inteligente, hay que ser listo para prosperar en esta vida”. Otras veces nos habrá pasado que habremos usado las palabras “listo” e “inteligente” como si fueran sinónimas, pero en realidad no lo son.

No se trata de un sutil matiz entre sus definiciones, sino que la cosa va mucho más allá. Ser listo y ser inteligente son formas de ser muy diferentes, tanto que la única cosa que parecen compartir es que ambas se relacionan, de una u otra forma, con aspectos cognitivos.

A continuación veremos cuáles son las diferencias entre ser listo y ser inteligente, además de comprender en su máxima profundidad la definición de estos dos conceptos y cómo se relacionan entre sí.

Las principales diferencias entre ser listo y ser inteligente

A todos nos ha pasado en más de una ocasión estar usando las palabras “listo” e “inteligente” indistintamente. Unos creen que saben cuál es el matiz que permite distinguir entre ambas, pensando que es tan sutil que no vale la pena ser muy quisquilloso y usar una o la otra en función de lo que quiera decir exactamente.

Otros, en cambio, creen que ser inteligente tiene que ver con algo más innato, que se es o no se es, mientras que ser listo es algo que se puede aprender, más relacionado con los conocimientos adquiridos en vida. Y no van mal encaminados.

¿Qué es ser inteligente?

La definición de ser inteligente es bastante sencilla a primera vista. Un individuo es inteligente cuando posee un cociente intelectual (CI) por encima de la media, especialmente si supera los 130 puntos de CI, siendo considerado superdotado o persona con altas capacidades. La psicología lleva años investigando si tener alto CI es un factor que determine el éxito en la vida, pero esto parece que no es así. Si bien poseer un bajo CI predispone a tener empleos de mala calidad, ser muy inteligente no es garantía de triunfar en la vida.

Una persona inteligente es aquella que posee gran capacidad para entender, pensar y manejar la información. Tiene facilidad para resolver problemas de gran dificultad, en los que, por regla general, requiere un alto nivel de lógica. Analiza segmentando los retos que se le plantean, hasta encontrar una solución ideal para los mismos. Tiene visión a largo plazo y hace de lo complejo algo más sencillo y manejable. Los sujetos inteligentes tienen una visión más a largo plazo a la hora de resolver sus problemas.

Las investigaciones han intentado esclarecer qué se entiende por inteligencia, un constructo que ha estado ampliamente en el centro del debate en psicología. No son pocos los teóricos que han considerado que la inteligencia, lejos de ser un único factor y generalista, se puede subdividir en varias inteligencias especializadas. Hay diferentes modelos, cada uno con su propuesta sobre cuáles son las inteligencias que se pueden encontrar en el ser humano, pero entre ellos destacan, especialmente, el de Howard Gardner y el de Daniel Goleman.

El psicólogo Howard Gardner, en su libro Estructuras de la mente: La teoría de las inteligencias múltiples (1983) afirma que no existe un único tipo de inteligencia, sino siete (posteriormente serían ocho), que explica en detalle en su Teoría de las Inteligencias Múltiples. Entre estas inteligencias encontramos las dos tradicionalmente evaluadas en el aula, la inteligencia lingüístico-verbal (p. ej., comprensión oral y escrita) y la lógico-matemática (p. ej., asignaturas de matemáticas, física y química), acompañadas de las seis siguientes:

  • Visual-espacial: navegación y rotación de objetos.
  • Musical-auditiva: capacidades musicales.
  • Corporal-kinestésica: movimientos corporales.
  • Individual: reconocer los sentimientos de uno mismo.
  • Interpersonal: reconocer los sentimientos de los demás, tener empatía.
  • Naturalista: percibir las relaciones que existen entre varias especies.

Sin embargo, Daniel Goleman fue un paso más allá de Gardner, poniendo en duda el hecho de que la inteligencia fuera un factor que no predecía éxito en la vida. Desde luego, la inteligencia lógico-matemática y la lingüístico-verbal, que son las más evaluadas en las escuelas, no tienen por qué predecir lo bien que lo va a hacer la persona en la vida cotidiana. Sin embargo, las inteligencias emocionales (intra e interpersonal) además de hábitos propios de personas inteligentes sí que parecen ayudar en su éxito vital.

Goleman considera que ser inteligente también incluye poseer unas aptitudes emocionales, cognitivas y conductuales que también se pueden encontrar en las personas listas, en mayor y menor medida. Serían estas aptitudes el punto en común, la línea ambigua, entre ser inteligente y ser listo. Entre estas aptitudes podemos encontrar las siguientes.

1. Emocionales

Identificar y etiquetar sentimientos Expresar sentimientos Evaluar la intensidad de los sentimientos Controlar sentimientos Demorar gratificación Controlar impulsos Reducir estrés Conocer la diferencia entre los sentimientos y las acciones

2. Cognitivas

Hablar con uno mismo: mantener un diálogo interno para afrontar una situación. Saber leer e interpretar indicadores sociales Dividir en pasos el proceso de toma de decisiones y de resolución de problemas Comprender el punto de vista de los demás Comprender las normas de conducta

3. Conductuales

¿Qué es ser listo?

Ser inteligente es una capacidad que no se puede cambiar. Si bien la investigación científica ha apuntado que la inteligencia puede disminuir o aumentar en la adolescencia sin que haya un factor externo que lo explique, esa variación en la inteligencia no tiene que ver con el esfuerzo que haya hecho la persona por cambiarlo. El rendimiento de algunas personas aumenta, mientras que el de otras disminuye, sin seguir un patrón establecido que permita extraer una explicación clara de ello.

Tener talento para algo se considera un rasgo propio de las personas inteligentes. En la misma línea de la teoría de las inteligencias múltiples, tener más desarrollada una determinada inteligencia hace que se posea mayor facilidad para dominar una determinada área de la vida. Por ejemplo, disponer de inteligencia musical significa tener facilidad para tocar instrumentos, reconocer una nota nada más oírla, entender partituras rápidamente...

Por otro lado, consideramos a una persona lista aquella cuyo comportamiento la lleva a tender al éxito en la vida, dado su contexto y su situación de partida. Es aquella persona que, ante una situación cotidiana, sabe cómo hacerle frente, sacándole el máximo provecho y obteniendo gran beneficio. Las personas listas se caracterizan por estar muy pendientes de cualquier nuevo estímulo, cerciorándose de que aprenden de él para que, en caso de que vuelva a aparecer, puedan dar una respuesta eficiente. Si ser listo estuviera dentro de la teoría de las inteligencias múltiples se le podría llamar inteligencia operativa.

Ser listo tiene poco que ver con tener un buen rendimiento académico. No son pocas las personas que disponen de esta cualidad que estando en el colegio o en el instituto no sacaban muy buenas notas pero que, igualmente, sí que podían hacer un poco de todo y tiraban para adelante. Son más generalistas que las personas inteligentes, es decir, saben de varias cosas pero sin destacar de forma natural en ninguna de ellas. Si quieren destacar, tendrán que ponerle ganas, practicar y estudiar, pero se les da bien aprender por su cuenta.

Más que una capacidad cognitiva, ser listo es casi un estilo de personalidad. Las personas listas tienen como rasgos distintivos ser rápidas mentalmente, intuitivas, sagaces, astutas, prácticas, perspicaces, despiertas, sutiles, atentas a lo que sucede y canalizadoras de la información. Afrontan con gran rapidez situaciones diarias puesto que saben aprovechar sus conocimientos y aplicarlos a su día a día, resultándole mucho más fácil que al resto. En caso de que se les presente una situación nueva, tratarán de extraerle el máximo jugo. Las personas listas suelen invertir sus esfuerzos en obtener resultados a corto plazo.

Ser listo es una capacidad que se puede cambiar. Como hemos comentado, las personas listas lo son porque saben responder muy eficientemente a situaciones cotidianas. Sin embargo, esas situaciones cotidianas en algún momento fueron nuevas y la persona lista tuvo que aprender todo lo necesario para poder saber qué hacer en caso de volverse a repetir. Así pues, la persona lista va adquiriendo nuevos conocimientos y estrategias para ser exitosa en la vida. Es decir, se va volviendo cada vez más lista.

Relacionado con esto mismo, podemos decir que ser listo no significa poseer talento para una determinada habilidad, puesto que el talento es algo innato. Sin embargo, las personas listas, en tanto que son individuos que se esfuerzan para aprender, en caso de querer destacar en una determinada habilidad, practicarán y tratarán de aprender todo lo necesario para poder dominarla. Por ejemplo, a una persona lista puede que no se le dé bien tocar la guitarra al principio pero, a base de esfuerzo, llegará a tocar el instrumento mejor que nadie.

¿Es mejor ser listo o ser inteligente?

Lo ideal sería ser listo e inteligente, como probablemente lo fue Albert Einstein. Sin embargo, en esta vida no lo podemos tener todo: unos nos tenemos que conformar con ser listos, otros con ser inteligentes y algunos, desgraciadamente, tienen la mala suerte de no ser de ninguno de los dos tipos. Cada característica favorece poder hacer frente a determinados tipos de situación así que, en función del tipo de empleo nos conviene ser o listos o inteligentes.

Las personas inteligentes son buenas en situaciones nuevas y de gran dificultad. Por ejemplo, en empleos como la física teórica es necesario tener una muy desarrollada inteligencia lógico-matemática, además de una gran capacidad de inventiva y creatividad. Otro ejemplo sería en el mundo del deporte, en donde se requiere ser muy consciente de la postura corporal y de cómo trabajan los músculos para poder hacer una llave en artes marciales o chutar la pelota con la fuerza necesaria para que llegue a la portería.

Las personas listas son más eficientes en situaciones que ya conocen, especialmente aquellas que se presentan en su día a día. Si se da algún imprevisto, como ya tienen mucha experiencia en ello, sabrán cómo responder. Ser listo es una buena cualidad en prácticamente cualquier empleo. Por ejemplo, siendo profesor de instituto es ideal ser listo, aprendiendo y sabiendo cómo enseñar el contenido. Es gracias a repetir el contenido cada año que el profesor aprende cómo enseñarlo según las características del grupo clase.

Conclusión

Las diferencias entre ser listo y ser inteligente son muchas. Ser listo es más bien un rasgo de personalidad, propio de personas que aprenden ante situaciones nuevas y que saben responder a situaciones que ya han vivido. Es una capacidad modificable, centrada en obtener resultados a corto plazo, pendiente de cualquier estímulo nuevo que pueda aparecer para aprender del mismo y constituyendo un factor que predice el éxito en la vida. Una persona lista no tiene por qué tener buen rendimiento académico.

En cambio, ser inteligente es el hecho de tener talento dado para una o varias áreas de la vida, pudiendo hacer frente a una situación novedosa mediante el ingenio y el razonamiento. La inteligencia no es un constructo unitario y tampoco es un aspecto que se pueda modificar a voluntad. Las personas inteligentes están centradas en obtener resultados a largo plazo, y aunque es deseable poseer una alta inteligencia, esta no es garantía de tener éxito en la vida. Ser inteligente sí que se relaciona con tener buen rendimiento académico.

Referencias bibliográficas:

  • Gardner, H. (1997). Estructuras de la mente. La teoría de las inteligencias múltiples. México: Fondo de Cultura Económica (1ª ed. en inglés: 1983).
  • Gardner, H. (1998). Mentes creativas: una anatomía de la creatividad vista a través de las vidas de S. Freud, A. Einstein, P. Picasso, I. Stravinsky, T.S. Elliot, M.Graham, M.Gandhi. Barcelona: Paidós.
  • Gardner, H. (1998a). Mentes líderes:una anatomía del liderazgo. Barcelona: Paidós.
  • Gardner, H. (1999). Inteligencias Múltiples. La teoría en la práctica. Barcelona:Paidós. Gardner, H. (1999a). Inteligencias múltiples. Investigación y Ciencia. Temas, 17, 14-19.