Las benzodiacepinas son fármacos generalmente utilizados para tratar los trastornos de ansiedad y problemáticas asociadas.

Estos fármacos tienen efectos sedantes, hipnóticos y relajantes sobre el sistema nervioso, siendo como una suerte de remedio químico que nos brinda tranquilidad artificial.

Sin embargo, existe una excepción: el triazolam. Este fármaco, que pertenece al grupo ya mencionado, debido a sus particularidades químicas es utilizado para el tratamiento de los problemas del sueño, sobre todo insomnio agudo.

Veamos por qué es una benzodiacepina tan peculiar y en qué se diferencia del resto.

¿Qué es el triazolam?

El triazolam es un medicamento, perteneciente al grupo de las benzodiacepinas, que tiene efecto depresor sobre el sistema nervioso central. Fue patentada en 1970 y aprobada su venta en los Estados Unidos a partir del 1982, teniendo un amplio uso y apoyo a nivel mundial hasta principios de los 90’.

Este fármaco, al igual que los otros medicamentos pertenecientes al grupo anteriormente mencionado, posee efectos relajantes, anticonvulsionantes, hipnóticos, sedantes y amnésicos. Sin embargo, se diferencia de este grupo de medicamentos por el hecho de que normalmente se indica para problemas de sueño más que en trastornos de la ansiedad.

Mecanismo de acción

El triazolam es un ansiolítico benzodiacepínico de acción muy corta. Su forma de actuar sobre el organismo consiste en incrementar la actividad del GABA, un neurotransmisor inhibidor del sistema nervioso, facilitando su unión con el receptor GABA-érgico.

Al encontrarse mayor cantidad de esta sustancia en el espacio sináptico, se genera una mayor sensación de calma y se induce el sueño.

Administración

El triazolam se comercializa en forma de tabletas. En adultos sanos se recomienda cantidades entre 0,125 y 0,250 mg diarios. En el caso de personas ancianas, pacientes debilitados o con algún tipo de problema hepático la dosis no debería sobrepasar los 0,125 mg.

El fármaco se toma antes de acostarse y nunca acompañado de alimentos, dado que puede verse reducido su efecto. Al cabo de poco rato de haber consumido el medicamento, se empieza a sentir mucho sueño, estando dormido entre 7 y 8 horas.

El consumo de triazolam se realiza durante períodos cortos, de entre 7 y 10 días, nunca debiéndose alargar el tratamiento por más de 2-3 semanas. El motivo de ello es que, a partir de la semana de haber iniciado el consumo de esta benzodiacepina, el organismo va desarrollando tolerancia, disminuyéndose sus principales efectos terapéuticos.

Indicaciones

El principal uso de esta benzodiacepina es el tratamiento a corto plazo del insomnio agudo, además de los trastornos del ciclo circadiano como el jet lag. La indicación para el insomnio es solamente cuando el trastorno del sueño es severo, discapacitante o causa agotamiento extremo.

Su uso es ideal para este tipo de problema debido a que actúa muy rápidamente y tiene una vida media corta, haciendo que la persona que lo ha consumido se duerma en un tiempo no superior a la hora y media. Cabe destacar que el triazolam induce el sueño, pero no lo mantiene debido a que, al poseer una vida media muy corta, es metabolizado muy rápidamente.

Otro de los usos que tiene el triazolam es en procedimientos médicos, en los que se requiere anestesia, gracias a su potente poder hipnótico. También se puede utilizar para reducir sintomatología ansiógena en situaciones puntuales, como pueden ser los viajes aéreos de corta y media distancia, concretamente si la persona lo pasa especialmente mal en este tipo de trayectos.

Efectos adversos

Entre los efectos secundarios más comunes que manifiestan los pacientes de triazolam se encuentran: somnolencia, mareos, aturdimiento, dolores de cabeza, hormigueo en la piel, problemas de coordinación, nerviosismo, náuseas y vómitos.

Si se manifiesta uno de los siguientes síntomas, considerados como menos comunes y más serios para la salud, se debe hablar de inmediato con el profesional de la salud que haya recetado el fármaco: sarpullido, urticaria, hinchazón en los ojos, la cara, la lengua o la garganta, euforia, taquicardia, cansancio, calambres, depresión, problemas visuales comezón, sensación de que se cierra la garganta, dificultades al respirar y deglutir y ronquera.

Aunque no son más comunes que los síntomas anteriormente mencionados, también se pueden dar: estreñimiento, cambios en el sentido del gusto, diarrea, sequedad de boca, sueños y pesadillas, parastesia, tinnitus, disestesia, debilidad y congestión.

El triazolam, aunque es una benzodiacepina de acción corta, puede causar ciertos efectos a la mañana siguiente de ser tomada. El paciente puede sentirse como si tuviera resaca, sintiéndose somnolencia, descoordinación motora y funciones cognitivas disminuidas. También puede darse confusión y amnesia, siendo ésta especialmente llamativa dado que la persona puede hacer acciones cotidianas pero después no acordarse para nada de lo que ha estado haciendo.

Contraindicaciones y precauciones de uso

Entre las principales contraindicaciones encontramos algunas que están compartidas con otras benzodiacepinas, como lo es clordiazepóxido:

  • Alergias a benzodiacepinas.
  • Miastenia gravis.
  • Insuficiencia respiratoria
  • Glaucoma en el ángulo estrecho
  • Apnea del sueño
  • Insuficiencia hepática
  • Intoxicación etílica aguda
  • Coma
  • Síncope

El motivo por el que está contraindicado para la miastenia y la insuficiencia respiratoria es, principalmente, por su capacidad relajante sobre la musculatura, haciendo que se empeoren estas condiciones médicas.

Se debe tener especial cuidado en los casos en que el paciente presente historial de adicciones a drogas, dado que el uso prolongado de triazolam o su administración en dosis elevadas puede generar dependencia física y psicológica.

Este fármaco es eliminado mayormente por vía renal, es por ello que en caso de padecer insuficiencia renal se debe vigilar la dosis con la que se administra este fármaco o, si es posible encontrar una mejor opción hipnótica, recetarla.

1. Interacciones con otras sustancias

El triazolam puede interactuar con otras sustancias. Cabe destacar que esta sustancia es metabolizada ampliamente en el hígado y eliminada por vía renal.

Los fármacos que tengan algún tipo de acción hepática, como es el caso de los anticonceptivos orales, puede hacer que se incrementen los niveles plasmáticos de la benzodiacepina, incrementándose su efecto y toxicidad.

Deben tomarse precauciones si el paciente está tomando antagonistas del calcio, antifúngicos azólicos, antibióticos macrólidos, cimetidina, indinavir, isoniazida, nefazodona y omeprazol.

Se ha visto que la combinación alcohol y triazolam contribuye en la potenciación de los efectos depresores del fármaco sobre el sistema nervioso central.

Las benzodiacepinas tienen efectos inhibitorios sobre la levodopa, fármaco utilizado para el Párkinson.

Como particularidad destacable, está contraindicado el consumo de zumo de pomelo si se está bajo tratamiento con triazolam, dado que esta fruta incrementa los niveles plasmáticos del fármaco al actuar sobre el hígado.

2. Dependencia

Con el uso prolongado se puede desarrollar dependencia. Además, la interrupción brusca del tratamiento puede ocasionar el síndrome de abstinencia, pudiéndose manifestar ansiedad, agitación, agresividad, temblor, espasmo muscular e insomnio.

Si durante el tratamiento se habían administrado dosis altas, su abandono súbito puede hacer que se manifiesten delirios y convulsiones.

Es por este motivo que la interrupción del tratamiento se debe hacer de forma progresiva, disminuyendo las dosis de forma controlada durante un período entre las 4 y 8 semanas.

3. Sobredosis

Al igual que sucede con otras benzodiacepinas, la sobredosificación de esta sustancia implica efectos depresores potenciados sobre el sistema nervioso central. En sí, no suelen ser peligrosos, a no ser que se hayan combinado con consumo de alcohol.

Entre los síntomas más leves que puede manifestar la persona están somnolencia, confusión y letargia.

En casos más serios, se puede dar hipotonía, ataxia, hipotensión, depresión respiratoria, coma en muy rara situación y muerte en casos extremadamente poco probables.

Para tratar la sobredosis con triazolam, al igual que con otras benzodiacepinas como el clordiazepóxido, se usa como antídoto el flumazenilo.

4. Embarazo y lactancia

Se ha sugerido que el consumo de este fármaco durante la gestación puede producir malformaciones congénitas en el feto. También, una vez nacido el bebé, éste puede sufrir temblores e irritabilidad asociados a la benzodiacepina.

En estudios animales con ratas, se ha visto que el triazolam y sus metabolitos se excretan a través de la leche. Es por ello que se recomienda no darle el pecho al bebé en caso de estar en tratamiento o suspender el mismo.

Referencias bibliográficas:

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  • Vademecum. (2016). Triazolam.