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5 buenos hábitos para el verano

Estos hábitos pueden ayudarte a experimentar las vacaciones de verano con todas sus opciones.

5 buenos hábitos para el verano

Llega el verano y la mayoría de las personas nos tomamos unos días de vacaciones.

En este periodo del año solemos encontrarnos cansados de las tareas cotidianas que hemos realizado durante los meses anteriores. Reservamos las vacaciones con la esperanza de que sean días felices, sin preocupaciones.

Hábitos recomendados para el verano

Os propongo aquí 5 hábitos que favorecen que estos días fuera de la rutina nos resulten satisfactorios.

1. Preparar las vacaciones

Con la mayor antelación posible preguntarnos qué nos apetece durante las vacaciones de este año, en lugar de dar por hecho que lo que siempre ha servido es la única posibilidad (siempre la playa o siempre un viaje al extranjero, por ejemplo). Fantasear distintas opciones, comentarlas con nuestros seres queridos, darnos tiempo para cambiar de opinión y ajustarnos a nuestra realidad de este momento. Todas estas acciones ayudan a que sintonicemos con unas vacaciones buenas para nosotros.

Para esta preparación ayuda tener en cuenta al conjunto de personas implicadas y las circunstancias en que nos encontramos: llegar a acuerdos en lugar de imponer o dejarse imponer las condiciones de las vacaciones y tener en cuenta la situación económica son aspectos fundamentales de esta preparación.

2. Prestar atención a cómo están siendo esos días

Cuando nos encontramos ya en las merecidas vacaciones, las cosas pueden no resultar como las teníamos previstas. En ocasiones “ponemos el piloto automático” y no nos permitimos sentir que la realidad está bastante alejada de lo que soñamos inicialmente. La propuesta es ser honestos con nosotros mismos y, antes de que la situación resulte insostenible, valorar con las personas de nuestro entorno los cambios que habría que hacer para que todos los implicados puedan disfrutar de unos días de descanso.

Otras veces es al contrario, lo que vivimos supera nuestras expectativas y es importante poder reconocer y valorar esta posibilidad también.

3. Tener en cuenta los días inmediatamente después

Con frecuencia nos olvidamos que al regresar de las vacaciones necesitamos unos días para acostumbrarnos de nuevo a la rutina, este es un proceso normal que cuando no se tiene en cuenta se vive con un alto nivel de estrés.

Los días posteriores a las vacaciones los ritmos horarios ya no son los mismos, aunque tampoco son los habituales. También están en ese territorio intermedio, además de los ritmos horarios, las personas con quienes nos relacionamos, la forma en que comemos, en que descansamos, etc. Es necesario tener en cuenta que unos días de adaptación forman parte de la normalidad.

Asimismo, anticipar la importancia de estos días posteriores nos permitirá retener los aspectos positivos, nutritivos, que hayamos vivido durante las vacaciones durante mucho más tiempo.

4. Atender lo que nos gusta, lo que nos apetece

Con esto me refiero, de nuevo, a dejar de lado los automatismos y permitirnos explorar qué nos motiva en este momento de nuestra vida. Lo que nos apetecía hace un año puede ser muy diferente de lo que nos gusta actualmente. La disponibilidad para escuchar lo que de verdad es importante para nosotros nos ayuda a crear las condiciones para que se dé en nuestra vida.

En ocasiones identificamos con claridad lo que de verdad nos apetece y la dificultad se encuentra en la comunicación y la negociación con el entorno. Cuando evitamos expresar nuestros deseos, generalmente para eludir el conflicto, estamos paradójicamente abonando el terreno para que se produzca.

5. Poner límite a lo que nos inquieta

Siempre hay elementos de preocupación en la vida. Cuando estas preocupaciones no son extremas, ayuda atenderlas, dentro de lo posible, antes de las vacaciones. De esta manera, los elementos no resueltos – siempre los hay – no serán de tanta importancia y habrá menos posibilidades de que estemos durante el tiempo de descanso ocupados tratando de resolver los problemas que seguirán existiendo al volver. Se trata de asumir la importancia del descanso y confiar en nuestras capacidades resolutivas tras los días de disfrute.

Cuando las preocupaciones son extremas y nos marchamos de vacaciones, hemos de asumir que, de alguna manera, se vendrán con nosotros. Tener claro que esto será así puede ayudar a gestionar los momentos en que no se puede desconectar de las situaciones difíciles de una manera más tolerante y agradable.

Concluyendo…

Con estos cinco aspectos, los días que estemos en ese lugar especial con las personas que hemos elegido, siempre dentro de los márgenes que permite la vida, se verán beneficiados. Se proponen aquí aspectos que ayudan a plantearse las vacaciones de manera realista, al mismo tiempo que abren la posibilidad de atender a lo que se sale de la rutina, provocándonos interés. Podemos así beneficiarnos de unos días mejor conectados con nuestro momento vital actual, siempre teniendo en cuenta a las personas con quienes nos relacionamos y las circunstancias de nuestra vida.

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