A mediados del siglo XX surgió el conductismo filosófico, un movimiento cuyo objetivo principal era denunciar los errores de la filosofía y de la psicología derivados del constructo “mente”, al que se atribuye una veracidad no avalada por los análisis científicos. Los dos autores fundamentales en este desarrollo fueron Gilbert Ryle y Ludwig Wittgenstein.

En este artículo describiremos el origen histórico y los planteamientos principales del conductismo filosófico. Nos detendremos especialmente en describir dos de las aportaciones clave de estos autores: la crítica a los conceptos de “mente” y “lenguaje privado”, que se oponen a muchas de las ideas mentalistas vigentes en la época y en la actualidad.

¿Qué es el conductismo?

El conductismo es un conjunto de aproximaciones al análisis del comportamiento de los humanos y el resto de animales que se focaliza en la conducta observable. Ésta se entiende como el resultado de la interacción entre el organismo, incluyendo su historia individual, y los estímulos relevantes en una situación determinada.

Desde esta orientación se da un papel más importante al ambiente que a la herencia en la génesis del comportamiento. Cabe destacar en particular el papel de los procesos de reforzamiento y de castigo, que aumentan o disminuyen la probabilidad de que una conducta concreta vuelva a ejecutarse en circunstancias similares a las de la situación de aprendizaje.

Entre los autores que influyeron de forma clave en esta orientación encontramos a Edward Thorndike, a Ivan Pavlov, a John B. Watson y Burrhus F. Skinner. Sus aportaciones se enmarcan en un contexto histórico en que el psicoanálisis dominaba nuestra disciplina; el conductismo fue ante todo una reacción al mentalismo desbocado de la psicología de la época.

En la actualidad la rama más relevante del conductismo es el análisis de conducta aplicado, que forma parte del paradigma skinneriano del conductismo radical. Desde esta perspectiva los procesos mentales se conciben como fenómenos equivalentes al resto de comportamientos y se estudian como tales; en cambio, en el conductismo metodológico se obviaban.

Origen y planteamientos del conductismo filosófico

A mediados del siglo XX surgió un movimiento filosófico focalizado en una concepción del lenguaje diferenciada de la que defendían las tradiciones empírica y racionalista. Los dos autores principales en esta corriente, que es llamada en ocasiones “movimiento del lenguaje ordinario”, fueron Ludwig Wittgenstein y Gilbert Ryle.

Los planteamientos clásicos de la filosofía tienden a focalizarse en el lenguaje y en los constructos artificiales que se derivan de éste. No obstante, según el movimiento del lenguaje ordinario tales objetos de estudio son erróneos debido a que no es posible tomar las palabras como modelos creíbles de la realidad; por tanto, tratar de hacerlo es un fallo metodológico.

Muchos de los temas que han estudiado la filosofía y la psicología requieren que se conciban como acertados conceptos como “conocimiento”, “intención” o “idea”. Algo similar sucede con dicotomías clásicas como la distinción entre cuerpo y mente. Presuponer de entrada que este tipo de planteamientos son legítimos lleva a analizarlos desde una base equivocada.

La falacia del lenguaje privado

Aunque Wittgenstein, Ryle y los autores que los siguieron no niegan la existencia de los procesos mentales, sí afirmaron que no podemos conocer la experiencia psicológica de otras personas. Usamos las palabras para hacer referencia a experiencias internas abstractas, de manera que nunca las transmitimos de forma fiel o completa.

Según Ryle, cuando expresamos nuestros contenidos mentales en realidad estamos haciendo referencia al propio acto de exteriorizarlos. Del mismo modo, hablamos de causas de forma sistemática para describir el mismo fenómeno que la supuesta consecuencia; esto sucede, por ejemplo, al decir que alguien se comporta de forma amable porque es amable.

El propio concepto del “lenguaje privado” resulta problemático para el conductismo filosófico. Aquellos contenidos a los que hacemos referencia con palabras como “pensamiento” son, en realidad, una serie de sensaciones y procesos internos que no pueden ser traducidos en palabras, sino que tienen un carácter mucho más amplio y dinámico.

Por estos motivos, y dada la dificultad para extrapolar los constructos psicológicos manejados por una persona al resto de seres humanos, desde esta perspectiva se niega la utilidad del análisis del propio yo, lo cual incluye los métodos de análisis de tipo introspectivo. El “lenguaje privado”, en caso de ser accesible, lo sería tan sólo al propio individuo.

El problema del dualismo mente-cuerpo

Gilbert Ryle afirmó que la concepción de los fenómenos mentales y de la conducta observable como procesos independientes supone un error categorial. Esto significa que el debate se plantea como si uno funcionara sin la intervención del otro y como si fuera posible separar su base biológica, cuando en realidad esta dicotomía no es más que una falacia.

De este planteamiento se deriva la comprensión de la mente como carente de consciencia verdadera. Para Ryle, el término “mente” hace referencia a un amplísimo conjunto de fenómenos, principalmente de dos tipos: comportamientos observables desde el exterior y predisposiciones conductuales no observables, generadas a través del condicionamiento.

Según este autor, por tanto, la mente sería sólo una ilusión filosófica que hemos heredado de la filosofía de René Descartes. No obstante, desde un punto de vista lógico se trata de un concepto equivocado; en consecuencia también lo serían las aportaciones de la llamada “filosofía de la mente”, en la que se englobarían un gran número de propuestas de la psicología.