La negatividad puede cronificarse. Unsplash.

El cerebro humano procesa una cantidad ingente de pensamientos al día, cada hora y a cada minuto. Algunos de ellos son pensamientos conscientes, y otros automáticos o inconscientes; es decir, emergen a la consciencia de manera involuntaria. Entre los segundos algunos son pensamientos destructivos, que afectan a nuestra vida personal mucho más de lo que podamos llegar a imaginar. Un pensamiento destructivo adquiere tal categoría cuando se le da excesiva importancia, que puede terminar derivando en un mal hábito.

Para visualizar la problemática, imaginemos que tenemos un pensamiento negativo desde el primer momento en que abrimos los ojos. Si cuando nos despertamos tenemos en mente “lo mal que me va a ir el día” por alguna razón y, nos lo repetimos durante toda la jornada, ¿cuál será el resultado? Es una evidencia supina que nada irá bien. Ello derivará en un malestar general: apatía, cansancio, enfado o tristeza. El quid de la cuestión recae sobre la inconciencia de estos pensamientos pero, además, hay que tener en cuenta lo complicado que es eliminar estas imágenes mentales.

Los 4 pensamientos destructivos más comunes

A continuación presentaremos los 4 pensamientos destructivos más comunes.

1. Exigencia

Es una de las grandes variables del pensamiento negativo. La sociedad moderna requiere de una competencia atroz, de unos valores humanos basados en los logros profesionales. Cuando recurrimos al “debo” o “tengo que” obviando las consecuencias, es cuando el estrés, la ansiedad y la preocupación se instalan en nuestro sistema nervioso. Tenemos que dejar paso al “quiero” o “puedo”. Cada uno debería ser consciente de sus posibilidades y capacidades.

2. Generalización

Tener un punto de vista destructivo de la realidad que nos rodea es otro de los grandes dilemas. Cuando focalizamos nuestros pensamientos en afirmaciones tipo “qué mal me va todo” o “nunca hago nada bien”, tendemos a generalizar falsamente sobre lo malo en cualquier paso que damos. Tenemos que ahondar en los puntos positivos de nuestro día a día.

3. Etiquetas

Cuando nos etiquetamos a nosotros mismos, nos acabamos creyendo que somos de una manera u otra. “No se me da bien esto o lo otro”, “soy un vago”. La repetición de estas aseveraciones interiorizan nuestra manera de proyectar nuestra personalidad. Además, aunque nos lo digan los demás, tenemos que evitar hacer caso de ello. Es sumamente importante quererse a uno mismo y hacerse vale para poder ser felices.

4. Catastrofismo

Muchas personas padecen pensamientos negativos crónicos desde que se levantan hasta que se van a dormir. Ideas y creencias como “no voy a salirme con la mía” o “tengo mala suerte” no hacen más que agravar la situación. No es cuestión de poner buena cara al mal tiempo, pero sí de tratar de minimizar los daños y, especialmente, no adelantarse a los acontecimientos creándonos nuevos problemas allí donde no existen. La preocupación prematura imposibilita un buen desarrollo personal.

Las 5 claves para acabar con los pensamientos negativos

Muy a menudo los seres humanos reconocemos el problema que tenemos o los bloqueos mentales que sufrimos, pero más frecuente es todavía el no saber cómo afrontarlos. En las siguientes líneas repasaremos los cinco consejos más preciados para combatir los pensamientos destructivos.

1. Entorno sano

Todos los individuos nacen, crecen y se afianzan en un entorno familiar y social determinado. Las características de los mismos puede determinar de forma trascendental nuestra manera de ver las cosas. Si formamos parte de un tejido familiar, los amigos u grupúsculos donde reina el mal ambiente, costará mucho salir del bucle. Romper con estos lazos será el primer paso para vencer las dinámicas negativas.

2. Aceptar las dificultades cotidianas

En nuestra infancia y conforme avanza nuestra juventud hasta llegar a la edad adulta, siempre tenemos la percepción que todo se pone cuesta arriba. No es nada más que eso, una falsa percepción, puesto que en los primeros años de vida, en la mayoría de los casos, no nos esforzamos tanto para conseguir aquello que nos hace felices. Sin embargo, cuando nos hacemos mayores, tenemos que hacernos cargo de esas responsabilidades y dificultades imprevistas. Afrontar estas situaciones utilizando las estrategias adecuadas ayuda a prevenir los pensamientos destructivos.

3. Evitar la envidia

Es uno de los grandes problemas de los sentimientos negativos. Querer lo que tienen los demás, ya sean bienes materiales o inmateriales, es una clara señal de envidia, lo que lleva a la inseguridad y frustración. Hay que evitar el tipo de creencias que llevan hacia ella, ser más agradecido en la vida y, por encima de todo, ser realista y saber que siempre habrá alguien por encima de nosotros en alguna cualidad.

4. Reconocer nuestras debilidades

Tal y como suele suceder en todos los aspectos de la vida, el primer paso para resolver un problema, es identificar el punto débil de nosotros que expone el mismo. En este caso, la sociedad nos “obliga” a ocultar esta característica. Las sanciones sociales son muy acentuadas cuando exponemos estas carencias, pero debemos saber enfrentar estas situaciones para mejorar y no caer en la auto-humillación. La autoestima es fundamental en este aspecto, podemos reconocer el fallo y aún así combatir la negatividad.

5. Rehuir del hipercontrol

Desde pequeños nos educan a tenerlo todo controlado, y poco o muy poco se realizan esfuerzos en afrontar los imprevistos. Por eso, muy a menudo, nuestro esquema mental se desborda con tanta facilidad ante cualquier anomalía. Incluso una situación fuera de nuestro control, como podría ser la climatología, suele frustrarnos hasta el punto de tener un mal día. Esto no quiere decir que debamos tratar de restringir nuestra capacidad para sentir enfado, simplemente debe de durar el menor tiempo posible y experimentarlo de manera constructiva.