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Puede que la pregunta que encabeza este texto resulte sorprendente para algunos, pero lo cierto es que es una duda que en muchas ocasiones asalta a las personas que estudian psicología, especialmente durante sus primeros años de universidad o antes de decidirse por esta carrera. Y sí, hay una lógica detrás de este clase de preocupaciones.

A fin de cuentas, el estudio de la cognición y de los mecanismos psicológicos, históricamente, ha estado más relacionado con el ateismo que otros ámbitos de conocimiento. Por ejemplo, el ateísmo de figuras como  Sigmund Freud y de B. F. Skinner es bien conocido a pesar de ser raro en su época, y en la actualidad dos de los cinco grandes representantes de la ausencia de fe en lo divino son investigadores de la mente: Sam Harris y Daniel Dennett.

Por otro lado, existen incicios que indican que el pensamiento analítico, necesario en cualquier ámbito de la ciencia y por consiguiente también en psicología, debilita la fe en Dios. En términos más generales, además, se ha visto que los psicólogos que dan clases en universidades estadounidenses son el grupo menos religioso de profesores. ¿Qué ocurre?

¿Profesionales de la psicología y creyentes consecuentes?

A fin de cuentas, una de las grandes fuentes de fe religiosa es la idea de que la propia mente y la propia consciencia existen al margen del mundo material. Es muy fácil asumir de manera natural que "la mente" es algo separado del cerebro, algo espiritual o con origen en una realidad extra-terrenal. Ahora bien, los psicólogos se encargan de descubrir cómo funciona la mente y qué reglas la guían, y lo hacen tal y como un geólogo estudiaría un peñasco: a través del método científico.

Es decir, que para un psicólogo ningún dios entra en la ecuación de cómo funciona la mente. ¿Significa esto que no se puede ser psicólogo y creyente a la vez? En este artículo no trataré de resolver la incógnita de si existe una inteligencia superior o no (eso depende enteramente de lo que uno mismo elija creer), sino que reflexionaré sobre el modo en el que la religión se relaciona con el trabajo de los psicólogos en su ámbito profesional y sobre el modo en el que esto se puede mezclar con las creencias personales.

El debate del ateísmo y el agnosticismo en la ciencia

Si nos fijamos de cera en la clase de inquietud de la que partimos, nos daremos cuenta de que realmente el debate es más amplio. Cuando nos preguntamos si los psicólogos pueden ser creyentes, en realidad nos estamos preguntando si los científicos en general pueden ser creyentes.

El motivo es que uno de los pilares del progreso científico es lo que se conoce como principio de parsimonia, según el cual, en igualdad de condiciones, la explicación más simple (es decir, la que deja menos cabos sueltos) es mejor. Y, en lo que respecta a la religión, la creencia en un dios específico puede llegar a ser tremendamente difícil de sostener sin generar más preguntas de las que se trata de responder.

Aunque la idea de que el universo, los seres humanos y aquello que algunas personas llaman "psique" sean la creación de una inteligencia superior no es una idea totalmente descabellada y rechazable por parte de la ciencia como tal, lo que sí es prácticamente imposible de defender desde la ciencia es que ese dios cumple con una serie de características concretas que vienen escritas en textos sagrados. Es por eso que se considera que los científicos, durante sus horas de trabajo, deben ejercer como si fuesen agnósticos o ateos.

Es decir, que la creencia religiosa no puede ocupar un papel relevante en las teorías y las hipótesis con las que se trabaja, porque la religión se basa en la fe, no en un razonamiento derivado de las deducciones acerca de qué clase de explicaciones son más útiles para describir la realidad con lo que y se sabe y se ha comprobado. La fe se basa en ideas que creemos a priori, mientras que en la ciencia cualquier idea puede ser revisada o descartada si al contrastar ideas con la realidad aparecen explicaciones mejores. Esto se aplica también a la psicología.

¿Creencias o hechos comprobados?

Según lo que hemos visto acerca de cómo se trabaja en ciencia, si defender la idea de que nuestras mentes son en realidad entidades creadas dentro de una simulación realizada por un gran ordenador del tamaño del universo ya supone comprometerse, basar las ideas con las que se trabaja en la psicología en la creencia de que no solo existe ese dios, sino que además es tal y como se describe en la Biblia (que nos vigila para ver si actuamos bien o mal, que nos ama, etc.) resulta tremendamente desafortunado.

Y es desafortunado porque, científicamente, dar por buenas ideas muy rebuscadas sobre cómo nos comportamos sin tener pruebas que las respalden es un ejercicio de deshonestidad intelectual. Por ejemplo, proponer soluciones a un paciente basándonos en la idea de que ciertos actos harán que un dios recompense a esa persona "sanándola" no solo es una violación del código ético del psicólogo, sino que además es totalmente irresponsable.

Ahora bien, ¿Acaso creer en un dios y envolverse en su religión no implica hacerlo durante las 24 horas del día? Para algunas personas puede que esto sea así; como he dicho, cada uno vive su religión como se quiere. Sin embargo, lo importante es tener en cuenta que la religión, al basarse en creencias que uno decide abrazar por decisión propia, no puede ser impuesta a los demás. Y la ciencia, que es un esfuerzo colectivo por crear conocimiento que no dependa enteramente de la fe y las creencias, no puede verse distorsionada por la influencia de la religión.

No hay una sola forma de creer

Así que a la pregunta de si los psicólogos pueden creer o no en dios, hay que responder: depende de cómo se crea.

Para quien creer en dios signifique creerse literalmente los dogmas religiosos y actuar en consecuencia todo el rato, la respuesta será no, porque la psicología, como ciencia, consiste en cuestionar todas las ideas y no dar por sentada ninguna explicación sobre el funcionamiento y el origen de los procesos mentales, todo ello sin hacer juicios de valor basados en textos religiosos sobre ciertos comportamientos y tendencias (homosexualidadpoligamia, etc.).

Quien, por el contrario, tenga claro que ninguna acción derivada de la creencia en un dios puede perjudicar a los demás, la religiosidad no tiene por qué suponer un problema. Puede que la  disonancia cognitiva de dejar a un margen unas creencias que se creen fundamentales y estructuradoras de la propia identidad sea incómodo, pero se trata de un sacrificio sin el cual no puede existir el progreso en este ámbito científico.

La idea, en definitiva, es la siguiente: en las horas de trabajo los psicólogos deben mantener la religión (que no la moral) totalmente al margen. Si crees que no puedes haer eso porque te supone una gran disonancia cognitiva al creer que hay que ser devoto siempre y sometiendo todas las ideas a la fe, la psicología no es para ti.