¿Es cierto que algunos animales pueden suicidarse? Pexels.

El suicidio es una de las causas de muerte no natural más comunes y traumáticas, cobrándose una gran cantidad de víctimas cada año. Se trata de un tipo de conducta autodestructiva que ha preocupado al ser humano desde la antigüedad, generando una profunda investigación al respecto desde ámbitos como la psicología o la medicina, buscando las causas y las maneras de evitar que el ser humano busque de manera activa su propia muerte. Pero este tipo de conducta no se ha visto solo en seres humanos.

Se han documentado numerosos casos de animales que han provocado de algún modo su propia muerte. ¿Estas muertes son producto de la voluntad de morir? ¿Existe el suicidio en animales? En este artículo vamos a hacer una breve reflexión al respecto.

Causar la propia muerte

Se entiende como suicidio la realización de una conducta o serie de conductas que tienen como objetivo provocar la propia muerte. Generalmente quien lo lleva a cabo tiene la intención de evitar el sufrimiento ante una situación ante la que no se ven con suficientes recursos para manejar, si bien los motivos por los que alguien decide quitarse la vida pueden ser múltiples.

El suicidio es una acción que supone la voluntad del propio ser para propiciar el fin de su existencia, habiendo intención activa de que la conducta emitida conduzca a la muerte. Es necesario tener en cuenta el concepto de muerte, saber que podemos morir y que tenemos la capacidad de autogenerarnosla. Por lo tanto supone cierto nivel de abstracción, y también de planificación. También supone la existencia de un yo que quiere morir, es decir de algún tipo de autoconciencia de uno mismo como ser.

Estos aspectos a menudo han hecho dudar a los expertos de la posibilidad de que exista o no el suicidio en el mundo animal, al no existir evidencia de que posean todas estas capacidades. Sí que se ha observado que múltiples especies reaccionan a la muerte de sus semejantes con angustia y pesar, pero se desconoce si son conscientes de su propia mortalidad y que su conducta puede llevar a ella.

¿Existen casos de suicidio en animales?

Existen numerosos casos de suicidios animales a lo largo de la historia, o al menos de fenómenos que se han identificado como tales. Ya desde la antigüedad, podemos ver como diferentes escritos documentan el fallecimiento de perros por inanición tras la muerte de sus dueños (algo que sigue sucediendo hoy en día).

En tiempos más recientes, en 1845 se publicó en la Illustrated London News un caso en el que un perro, que había dado muestras de un comportamiento decaido con anterioridad, se había lanzado al agua de un parque sin pretender nadar, dejando las patas quietas con el supuesto fin de hundirse. El can fue rescatado, pero tras ello volvió a intentarlo. Tras varios intentos finalmente el perro se hundió y murió. El mismo tipo de conducta se ha observado en otros animales, como en patos o pingüinos que han perdido a sus parejos o delfines que han dejado de respirar (en estos seres la respiración no es semiconsciente como en nosotros sino consciente y voluntaria).

Otro de los ejemplos típicos es el de los lemmings, de los cuales se ha documentado un supuesto suicidio en masa cuando existe superpoblación. Sin embargo, lo cierto es que dicho suicidio masivo no es tal sino que es algo que podría producirse de manera accidental al intentar estos animales migrar de forma masiva hacia zonas con disponibilidad de alimento y toparse con diferentes accidentes geográficos. Estarían intentando encontrar alimento, avanzando con dicho propósito y no con la idea de matarse. De hecho, se especula que en realidad la imagen que todos tenemos de estos roedores despeñándose por un precipicio fue un montaje, no estando clara su fiabilidad.

Por último, la muerte de ballenas varadas en la orilla de la playa también es considerada por muchos como suicidio, si bien puede deberse a enfermedades.

Muertes autogeneradas

Independientemente de qué consideremos suicidio o de que valores que los animales pueden llegar a practicarlo o no, lo cierto es que hay evidencia de que múltiples seres vivos han practicado diferentes acciones que les han llevado a la propia muerte.

El ejemplo más claro y conocido es el caso de muchas mascotas que, tras la muerte de su dueño, dejan de comer hasta morir de inanición. Este tipo de comportamiento se ha observado desde la antiguedad, existiendo relatos referentes a esta reacción en los animales.

Lo mismo ocurre en ocasiones con algunos animales en libertad, que actúan de este modo a causa del fallecimiento de su pareja. La pena ante la muerte de un ser querido puede generar graves daños psicológicos también en animales, estando documentada la presencia de sintomatología ansiosa y depresiva en diferentes especies. Como consecuencia de este hecho, pierden el apetito. En el caso de mascotas muy unidas a su dueño, se han reportado casos en que han permanecido junto a la tumba de éste hasta su propia muerte.

Otro comportamiento de este tipo lo encontramos en animales en cautividad y/o en una situación de elevado estrés. Concretamente, muchos animales cometen diferentes actos autolesivos que pueden terminar causando daños severos o incluso la muerte. Un ejemplo lo encontramos en los golpes que diferentes cetáceos se dan contra los márgenes de su recinto.

Otro tipo de muerte autogenerada en animales es la que se emplea con el fin de proteger a otro ser, generalmente la prole de la criatura. Por ejemplo, el progenitor puede servir de distracción para que sus crías huyan o atacar al agresor para defenderlas aunque ello pueda causarle muerte. Sin embargo en este caso no es un suicidio en sentido estricto ya que el objetivo no es morir, sino proteger al otro aún a costa de la propia vida.

También se pueden encontrar animales que generan su propia muerte a través de mecanismos de defensa biológicos. Por ejemplo, existen algunos tipos de hormigas que en presencia de enemigos se tensan y generan la ruptura de determinadas glándulas que terminan provocando la explosión de su cuerpo. Este tipo de suicidio termina con la muerte del enemigo o depredador, pero también del propio sujeto.

Por último, algunos parásitos y hongos son conocidos por generar comportamientos suicidas en diferentes animales. Es lo que ocurre con las hormigas ante diferentes hongos del género Cordyceps, que terminan buscando el tallo de una hoja para morderla y esperar la muerte mientras el hongo de desarrolla. En este caso estaríamos hablando de un suicidio inducido, en el que el animal realmente no planea ni desea morir. Otras bacterias generan comportamientos que pueden llevar a conductas suicidas tales como acercarse o perder el miedo a depredadores.

Argumentos de quienes defienden su existencia

Prácticamente hasta hace unos pocos siglos, una gran parte de la población consideraba que únicamente el ser humano era consciente de sí mismo, capaz de tener pensamiento abstracto y de reflexión. Por lo tanto, bajo este tipo de pensamiento estaríamos ante la única especie animal que sería capaz de provocarse la muerte voluntaria y conscientemente.

Sin embargo, la investigación realizada ha demostrado que esto no es así. Monos, delfines, cuervos, loros, ratas y otras especies han manifestado en diferentes experimentos poseer capacidades que van más allá del mero instinto.

Existen múltiples especies que han manifestado la capacidad de identificarse a sí mismos, como ocurre con primates y delfines, y que manifiestan la capacidad de deprimirse y sentir ansiedad (algo visible en mascotas y animales en cautividad, pero también en animales en libertad). También han dado muestras de inteligencia y de capacidad para secuenciar acciones, así como de comunicarse (existiendo incluso casos de animales que han aprendido lengua de signos) y establecer planes.

También se ha visto que muchos animales pueden alcanzar la comprensión de que sus acciones pueden o no tener un efecto sobre las situaciones que viven. Un ejemplo ampliamente conocido se dió en los experimentos que originaron la teoría de la indefensión aprendida, realizados con perros que ante la presencia de descargas eléctricas de las que originalmente no podían huír dejaban de buscar evitarlas aún cuando en otra situación solo tenían que moverse a otro lado de la jaula.

Sin embargo, se desconoce si tienen las mismas capacidades en imaginación, proyección de futuro y nivel de abstracción que el ser humano, o un nivel suficiente que les permitiera hacerse capaces de procurar su propio fallecimiento.

Argumentos de quienes niegan su existencia

Quienes consideran que los animales no tienen la capacidad de suicidarse consideran que los comportamientos asociados a la autólisis son en realidad involuntarios, no existiendo en realidad la intención de quitarse la vida como tal.

Las autolesiones antes comentadas, por ejemplo, podrían explicarse como autolesiones dirigidas a cambiar estados de ansiedad o estrés, o buscar liberarse de algún tipo de sufrimiento (lo que por otra parte las asemeja a los principales motivos que suelen llevar al suicidio). La muerte por inanición puede estar causada por la pena, pero ello no implica que exista una voluntad de morir. En este caso se propone que el sufrimiento y la pena experimentados ocupan la mente del animal, haciendo que se olvide de comer. El suicidio como mecanismo de defensa sería una reacción instintiva y emocional que no buscaría realmente la muerte sino la defensa de la colonio o la prole.

Por último, el caso de las infestación por parte de parásitos u hongos no se relaciona a un deseo de muerte sino a una muerte provocado por factores externos, con lo que no se consideraría suicidio.

Una conclusión realista

Muchos de los casos que se han documentado de animales que han provocado su propia muerte tienen unas serie de características que pueden hacer dudar de la validez de considerar dicha acción un suicidio o no.

Es innegable que algunos animales provocan de manera activa su propia muerte, pero resulta mucho más complicado determinar si sus actos están realmente motivados por el deseo de morir. En este sentido la ciencia no ha podido aún determinar este hecho de manera fehaciente, no existiendo aún datos suficientes para afirmar o negar que los animales tengan la capacidad de suicidarse con plena conciencia de que lo están haciendo.

Referencias bibliográficas:

  • Preti, A. (2007). Suicide among animals: a review of evidence. Psychological Reports, 101 (3): 831-848.