La anatomía es una ciencia que estudia la estructura de los distintos seres vivos que habitan en el planeta Tierra. Un especialista en estudios anatómicos investiga la topografía, forma, ubicación, disposición y relación entre los órganos y sistemas que componen a un ente vivo.

Aunque la anatomía se basa en una descripción objetiva de las estructuras analizadas, también debe ser contrastada cada una de ellas con su función, así que se une estrechamente al estudio fisiológico de sistemas.

Existen muchísimos tipos de anatomía: descriptiva, comparada, topográfica, quirúrgica, clínica, radiológica, patológica y muchos términos más. Algunas ramas de la anatomía se centran en las particularidades clínicas de los órganos de los seres humanos, mientras que otras vertientes estudian los tejidos y sistemas de los vegetales, por ejemplo. De una planta a un mamífero hay miles de años de distancia, pero los anatomistas, especializados en su campo, describen con igual minuciosidad las estructuras cada uno de ellos.

Como el cuerpo del ser humano es tan complejo, no basta con especializarse en “anatomía humana” para describir todas y cada una de sus particularidades. En base a esta premisa surge la osteología, o lo que es lo mismo, el estudio de los huesos. Te lo contamos todo sobre esta apasionante disciplina.

¿Qué es la osteología?

Como hemos dejado entrever en líneas previas, la osteología se puede definir como una rama de la anatomía descriptiva que se encarga de estudiar la forma, estructura y disposición de los huesos. Se trata de una variante de la anatomía sistemática o descriptiva, en tanto a que investiga uno de los múltiples subsistemas en los que se divide el cuerpo y se encarga de su estudio de forma exclusiva.

Perteneciente al filo de los cordados (Chordata), la especie humana Homo sapiens sapiens se caracteriza por presentar un esqueleto osteocartilaginoso, entendiendo por tal al conjunto de huesos y articulaciones que constituyen el sistema esquelético. Todo este conglomerado óseo representa alrededor del 12% del cuerpo humano: si una persona adulta pesa 75 kilogramos, 9 de ellos serán tejido óseo puro.

A continuación te presentamos una serie de particularidades sobre el esqueleto de los humanos y la composición y función del tejido óseo. El conocimiento de todos estos datos es posible gracias al trabajo de los anatomistas especializados en la osteología, pues recordamos que esta rama de la anatomía descriptiva se ha centrado históricamente en el estudio del sistema esquelético humano.

Las particularidades del esqueleto humano

Como hemos dicho, aproximadamente un 12% de nuestro peso es hueso puro. Desde un punto de vista anatómico (o ahora que hemos aprendido el término, osteológico), nuestro esqueleto se divide en 2 grandes secciones: axial y apendicular.

El esqueleto axial está formado por 80 huesos que definen el eje central del ser humano, es decir, engloba a las estructuras óseas que forman el cráneo, los huesos auditivos, el hioides, la caja torácica, el esternón y la columna vertebral. La función principal del esqueleto axial es darnos forma, permitirnos relacionarnos en un entorno tridimensional de forma erguida y, sobre todo, servir de protección a los órganos vitales (cerebro, corazón y pulmones, entre otros).

Por otro lado, el esqueleto apendicular comprende a los 126 huesos que forman los miembros inferiores y superiores (brazos y piernas), así como las cinturas óseas. Te sonarán algunos de ellos: el fémur, el húmero, el radio, el cúbito, las falanges de los dedos y otros muchos más. La función principal del esqueleto apendicular es el movimiento y, por ello, aquí encontramos también una gran diversidad de músculos y tendones.

Esqueleto humano (206 huesos): esqueleto axial (80 huesos) + esqueleto apendicular (126 huesos)

Los huesos

Los huesos se definen como piezas duras y resistentes de los esqueletos de los vertebrados, de color blaco/amarillento, que están formadas por sustancias orgánicas, sales minerales y una envoltura de naturaleza fibrosa. El tejido óseo destaca por encima de todo por su dureza, pues un 98% del mismo está compuesto por materia extracelular mineralizada, mientras que solo un 2% son células vivas per sé.

La matriz extracelular de los huesos (lo que nosotros percibimos como el material blanco duro) está formada en un 70% por hidroxiapatita, una sustancia extremadamente resistente rica en calcio y fósforo. Sin ir más lejos, nuestro cuerpo almacena 1-1,2 kilogramos de calcio puro, el cual se encuentra formando la estructura de los huesos en un 99%. El 1% del calcio restante está realizando sus tareas pertinentes en el flujo sanguíneo y los tejidos diana. Volviendo a la estructura “no viva” del hueso, el otro 30% de la matriz ósea corresponde a materia orgánica, principalmente fibras de colágeno.

El tejido óseo destaca por una baja representación de cuerpos celulares. De todas formas, te presentamos en una lista, de forma rápida, las células principales que se encuentran en los huesos:

  • Células osteógenas: células madre no especializadas que derivan del mesénquima que se especializan y dan lugar a otros tipos celulares.
  • Osteoblastos: sintetizan la matriz ósea, así que son los encargados de la dureza de los huesos, desarrollo normal y crecimiento a lo largo de la vida del individuo.
  • Osteocitos: derivan de los osteoblastos. Componen el 95% de las células de los huesos y se encargan de secretar matriz circundante o reabsorberla.
  • Osteoclastos: tiene como función la resorción ósea, es decir, la digestión y disolución de la dura matriz de los huesos.

Gracias a esta diversidad celular, el tejido óseo no es estanco e invariable a lo largo del tiempo. El hueso se forma y destruye de forma continua, y normalmente ambos procesos están equilibrados a lo largo de la vida del individuo. Los osteoblastos y osteoclastos se encuentran regulados por la acción hormonal de la calcitonina, estrógenos, vitamina D, citocinas y otras muchas sustancias más.

El pico de masa ósea en hombres y mujeres es a los 30 años de edad. Una vez alcanzado este pico, la masa ósea se mantiene estable durante 10 años, para comenzar a perderse hueso por procesos de resorción en un orden de 0,3-0,5% anualmente. Después de la menopausia, esta pérdida se acelera en mujeres de un 3 a un 5%, lo que las hace mucho más proclives a sufrir osteoporosis.

La funcionalidad del esqueleto

Como imaginarás, la función principal del esqueleto es otorgar a los vertebrados sostén y protección. El sistema óseo humano es una suerte de “armazón” que sostiene a todos los tejidos blandos del cuerpo y mantiene a salvo a los organismos vitales de golpes y estrés mecánico. De todas formas, esta no es su única labor desde un punto de vista anatómico y fisiológico.

Por ejemplo, los huesos son los lugares donde se produce la hematopoyesis, es decir, la formación de todos los cuerpos celulares que circulan en la sangre (glóbulos blancos, rojos y otros). Ciertos tipos de huesos contienen en su interior una sustancia denominada médula ósea, que alberga a las células madre hematopoyéticas multipotentes, que a su vez se diferencian en los distintos elementos circulantes. La hematopoyesis ocurre, sobre todo, en el cráneo, la pelvis, las costillas, el esternón y los extremos del fémur y el húmero.

Por último, los huesos son también un excelente lugar de reserva. Además de albergar grandes cantidades de calcio y fosfato con un funciones estructurales, el tejido óseo se puede reabsorber dependiendo de las necesidades fisiológicas del individuo. Por ejemplo, ante una hipocalcemia prolongada, parte de la materia del hueso se digiere para liberar calcio circulante al torrente sanguíneo. Como podrás imaginar, esto es contraproducente a largo plazo, pero puede sacar al organismo de más de un aprieto puntual.

Resumen

La osteología es una rama de la anatomía descriptiva que nos ha permitido conocer, como sociedad, todos los datos que aquí te hemos expuesto. De todas formas, no debes ver esta disciplina científica como una aislada del resto: la osteología debe apoyarse en la fisiología, biología celular, histología y otras muchas vertientes para conocer del todo al esqueleto humano y su relación con el resto de sistemas.

Nada en el ser humano es estanco. Al fin y al cabo, no somos más que una red de intrincados sistemas conectados: si cae una pieza, el efecto dominó puede ser mayor o menor, pero nada actúa por sí solo. La relación del sistema óseo con el resto de órganos y procesos fisiológicos es una clara prueba de ello.

Referencias bibliográficas:

  • Blazquez, C. Sistema esquelético: Funciones. Huesos: estructura y clasificación. Histología del tejido óseo: células, tejido óseo compacto y tejido óseo esponjoso. Formación y crecimiento de los huesos. Divisiones del sistema esquelético. Principales huesos de las diferentes regiones del esqueleto. México: Universidad Veracruzana; 2012.[Acceso el 19 de mayo del 2017].
  • Estrada, C., Paz, A. C., & López, L. E. (2006). Ingeniería de tejido óseo: consideraciones básicas. Revista EIA, (5), 93-100.
  • Osteología, Universidad de los Andes. Recogido a 24 de febrero en https://www.uandes.cl/macroscopico/osteologia/
  • Osteología y artrología: Anatomía funcional. Recogido a 24 de febrero en https://www.berri.es/pdf/ANATOMIA%20FUNCIONAL%E2%80%9A%20Estructura%E2%80%9A%20funci%C3%B3n%20y%20palpaci%C3%B3n%20del%20aparato%20locomotor%20para%20terapeutas%20manuales/9789500602815