El síndrome de fatiga crónica es una enfermedad compleja, con múltiple síntomas y manifestaciones, y de la cual se sabe muy poco sobre su origen y su tratamiento. De ahí que aún constituya un misterio muy grande dentro de la comunidad científica.

Curiosamente, en los años 70 y 80 se la denominó gripe del yuppie, ya que incidía sobre todo en jóvenes trabajadores que vivían en la ciudad y que el estrés y el ritmo acelerado de vida les provocaba una extenuación intensa.

¿Qué es la fatiga crónica?

El síndrome de fatiga crónica (SFC) es una alteración que provoca en la persona una sensación de cansancio o fatiga extremo, el cual puede llegar a impedir que la persona consiga realizar cualquier actividad o tarea habitual.

Para distinguir la fatiga crónica del cansancio intenso, la persona debe de presentar los síntomas durante más de seis meses. Además, si esta trata de paliarlos mediante el reposo, o tareas físicas o mentales, es muy probable que llegue incluso a empeorar.

Esta enfermedad está constituida como una afección crónica, sumamente compleja y de la que todavía son están claras sus causas, llegando a interferir en el aparato cardiovascular, endocrino, neurológico y en el sistema inmunitario.

A día de hoy, se especula que esta afección afecta a cerca de un 0,5% de la demografía mundial, siendo las más afectadas las mujeres en un 90% de los casos. Además. suele aparecer junto con otras enfermedades como la fibromialgia o el síndrome del intestino irritable.

Otros nombres con los que se conoce a la fatiga crónica (SFC) son encefalomielitis miálgica/síndrome de fatiga crónica (EM/SFC) o enfermedad sistémica de intolerancia al esfuerzo (ESIE).

Síntomas

Como se señala anteriormente, para considerar este cansancio como síndrome de fatiga extrema, deben perdurar durante seis meses mínimo. El paciente afectado por el síndrome de fatiga crónica presenta, entre muchos otros, los siguientes síntomas:

  • Fatiga intensa
  • Hipertermia o fiebre
  • Fotofobia
  • Hiperacusia
  • Sueño no reparador
  • Cefalea
  • Dolor muscular
  • Intolerancia a los cambios de temperatura
  • Déficits en la concentración
  • Pérdida en la memoria a corto plazo
  • Déficit en la orientación espacial

Así pues, los síntomas del síndrome de fatiga crónica pueden hacerse notar en muchos aspectos de la vida y afectar tanto al modo en el que la persona se relaciona con los demás como a su manera de interactuar con elementos del ambiente en el que vive, lo cual repercute en su consecución de objetivos, en su autoimagen, etc.

Causas

Tiempo atrás se consideró la fatiga crónica como una alteración psicosomática, sin embargo, en la actualidad se ha aceptado que no puede ser considerada como un trastorno psiquiátrico, sino más bien como una enfermedad con una base orgánico pero cuyas causas aún no son del todo conocidas.

Pese a la gran cantidad de investigación en torno al síndrome de fatiga crónica a nivel mundial, el origen de este fenómeno aún está a mucha distancia de ser descubierto. Aún así, algunas investigaciones han obtenido conclusiones fiables en las que se apunta a que el estrés oxidativo es un elemento importante de la enfermedad, pese a no saber si este es una causa o una consecuencia del SFC.

Un estudio elaborado en 2001, concluyó que un aumento tanto del óxido nitroso (NO) como los peroxinitritos estarían ligados al origen de varias enfermedades, entre ellas el síndrome de fatiga crónica, el estrés postraumático y la sensibilidad química múltiple.

Con el paso del tiempo y el avance de la ciencia, se hipotetizó sobre la posibilidad que un ritmo de vida acelerado y una mala alimentación, entre otras causas, provocara un desarrollo anormal del hongo de la candidiasis, desencadenando así en síndrome de fatiga crónico. No obstante, esta teoría ha sido ampliamente criticada y reprobada.

Por otra parte, algunos estudios conjeturan que las sustancias tóxicas que se encuentran en el ambiente y los elementos químicos presentes en algunos alimentos también contribuyen a debilitar a la persona y provocar SFC.

Finalmente, también se ha apuntado a la influencia de la calidad del sueño, del estrés físico y psicológico recurrente o algunos trastornos como el trastorno por estrés postraumático.

Diagnóstico

El síndrome de fatiga crónico se singulariza por su difícil diagnóstico. Para una mejor valoración del estado del paciente, el clínico deberá empezar por la elaboración de una historia clínica y por examen físico, con el objetivo de descartar cualquier enfermedad oculta tras estos síntomas.

Si se tiene en cuenta que un entre un 39% y un 47% de los pacientes con SFC padece también de depresión, es necesario que también se realice una valoración del estado mental del paciente. Así como descartar una posible influencia algunas drogas mediante análisis de sangre y orina.

A pesar de las dificultades que conlleva el diagnóstico del SFC, existen ocho criterios elaborados a lo largo del tiempo, y aunque no existe una opinión consensuada sobre cuál de todos es más eficaz, hay dos métodos que sobresalen por encima del resto. Estos son los criterios diagnósticos de Fukuda (1994) y otras más recientes elaborados por la Academia Nacional de Medicina de Estados Unidos (2015).

Criterios diagnósticos de Fukuda (1994)

Para poder realizar el diagnóstico de la SFC según estos criterios el paciente debe presentar:

1. Cansancio intenso

Fatiga crónica e intensa durante seis meses como mínimo y sin motivos aparentes. Además, esta fatiga no remite con el descanso.

2. Descarte de otras afecciones que pudieran causar la fatiga

Excluir cualquier enfermedad que una causa potencial de la sensación de cansancio.

3. Presentar como mínimo cuatro de los siguientes signos durante seis o más meses:

  • Déficits de memoria y concentración
  • Dolor de garganta al engullir
  • Dolor muscular
  • Dolor articular no inflamatorio
  • Cefaleas
  • Sueño no reparador
  • Cansancio tras realizar un esfuerzo con un curso de más de 24 horas

Criterios diagnósticos de la Academia Nacional de Medicina de Estados Unidos (2015)

Estas pautas, mucho más actuales, fueron las primeras en resaltar los posibles rasgos orgánicos de la enfermedad.

Según esta organización, para realizar un diagnóstico válido de la síndrome de fatiga crónica, el paciente debe presentar los siguientes síntomas:

  • Disminución importante de la energía para la realización de cualquier actividad, durante al menos seis meses y sin causas aparentes.
  • Sentimientos de desazón tras realizar ejercicio.
  • Descanso no reparador
  • Presentar una de estos dos síntomas: atasco cognitivo o intolerancia ortostática.

Otros aspectos a tener en cuenta en el diagnóstico es la asiduidad y el grado en que estos se presentan, debiéndose dar, al menos en la mitad de las ocasiones, de forma principal o severa.

Tratamiento

Puesto que es una enfermedad crónica, no existe un remedio para esta. Sin embargo, la terapia farmacológica para manejar los síntomas tales como dolor muscular, alteración del sueño, ansiedad o depresión, ha resultado ser efectiva, prosperando lo síntomas a lo largo del tiempo.

Es decir, que la intervención sanitaria es de tipo paliativo, para amortiguar el impacto que la enfermedad tiene en la calidad de vida y evitar que genere problemas añadidos que no tienen por qué existir con una gestión eficaz de los síntomas y de la interacción con el entorno.

Asimismo, la intervención cognitivo-conductual para trabajar los aspectos emocionales, y una reeducación alimentaria, también pueden resultar exitosos como complemento al tratamiento farmacológico.