Vamos en autobús y de repente notamos que alguien está rozando sus genitales contra nosotros. Caminamos entre la multitud y notamos que nos tocan las nalgas. Aunque no lo parezca se trata de situaciones relativamente habituales en nuestro día a día, que suponen un delito. 

Si bien en su mayoría quienes llevan a cabo este tipo de comportamientos los realizan sin padecer ningún tipo de problema mental, en algunos de estos casos la persona que lleva a cabo dichos tocamientos y rozamientos es un frotista. En este artículo vamos a ver de forma breve qué es el frotismo y porqué se produce.

El frotismo como parafilia

El frotismo o frotteurismo es uno de los trastornos clasificados como parafilia o trastornos de la inclinación sexual, grupo en el que se agrupan aquellos trastornos en los que se dan de manera repetitiva y continuada fantasías e impulsos sexuales en los que media una relación no consentida o en que una de las partes no puede consentir, en que el único motivo de excitación es el uso de objetos o en que se requiere de la humillación o sufrimiento propio o ajeno para obtener gratificación sexual. Estos deseos, impulsos o fantasías generan malestar o deterioro en algún ámbito vital en el sujeto que los padece.

En el caso del frotismo, estamos ante una parafilia en la que el sujeto presenta durante al menos seis meses intensas fantasías vinculadas al hecho de rozarse, frotarse o tocar a alguien en contra o sin que medie la voluntad de la víctima. Es la idea de mantener un contacto físico y la sorpresa y reacción que genera en la víctima la que despierta la libido del individuo. Para que se considera como tal, es necesario que haya llevado a cabo la práctica en la vida real o si dichas fantasías le generan malestar o limitación.

Por lo general se emplea el recuerdo de dicho acontecimiento como material para masturbarse posteriormente, si bien en algunos casos buscan alcanzar el clímax durante la propia situación (mediante masturbación, no siendo frecuente que exista un intento real de mantener relaciones sexuales con la persona afectada). El frotamiento suele ir dirigido al área genital o zonas vinculadas a la sexualidad como los pechos o las nalgas. El sujeto que lo lleva a cabo puede usar para el roce cualquier parte de su cuerpo, siendo frecuente que en el roce se empleen manos o genitales.

Es necesario tener en cuenta que la excitación por el contacto físico o el roce con la propia pareja o incluso por un roce involuntario con desconocidos no se incluye dentro de esta parafilia, siendo necesario que se lleve a cabo de forma activa y voluntaria por parte del sujeto el roce con personas desconocidas que no han dado su consentimiento para ello. La puesta en práctica de las fantasías de un frotteurista supone un delito contra la libertad sexual en numerosos países, pudiendo acarrear penas de cárcel.

Características generales del frotista

El frotista suele ser un varón que inicia su actividad durante la adolescencia, por lo general disminuyendo su conducta a partir de los veinticinco años de edad. No es raro que se trate de individuos de personalidad tímida, con un elevado nivel de frustración y sensación de inferioridad.

Aunque puede tener pareja y tener relaciones normativas con ella tampoco es infrecuente que el sujeto únicamente pueda obtener gratificación sexual y excitarse mediante la práctica de esta parafilia, siendo el único tipo de estimulación que le ofrece gratificación sexual.

Suele actuar en situaciones y lugares concurridos, en los que es fácil escapar y pasar desapercibido. Ejemplos típicos son discotecas, transportes públicos, semáforos y pasos de peatones o calles comerciales.

Posibles causas

La causa de la existencia de esta y otras parafilias no es totalmente conocida, si bien se plantean diferentes modelos que intentan explicar su origen.

Es frecuente que los frotteuristas sean personas con pocas habilidades comunicativas y sensaciones de inferioridad, con lo que en algunos casos recurren a este tipo de prácticas como un intento de suplir sus carencias mediante la realización de actos arriesgados. Esta idea se refuerza debido al hecho de que aunque es el contacto físico en sí lo que produce la excitación, al igual que ocurre con los exhibicionistas, muchos frotteuristas disfrutan también con las reacciones de sorpresa o desagrado de sus víctimas.

Una de las posibles explicaciones ofrecidas se basa en el efecto de la exposición a modelos de comportamiento semejantes durante la infancia, adquiriendo y aprendiendo la conducta que en algunos casos han sufrido ellos mismos. De este modo podrían haber sido abusados sexualmente, siendo obligados a tocar a un adulto.

Desde una perspectiva conductista se plantea la posibilidad de que estemos ante una conducta condicionada: en un momento dado de gran excitación sexual se produjo un rozamiento con un desconocido o desconocida, atribuyendo el sujeto la excitación al roce y posteriormente consolidando mediante la práctica dicha asociación.

Otra teoría, que daría cuenta del hecho de que en algunos de estos sujetos la realización de los rozamientos tiene un carácter compulsivo, es la teoría de la terminación conductual de McConaghy: la presencia de estímulos asociados a la práctica de los rozamientos provoca que aparezca un elevado nivel de ansiedad que el sujeto necesita resolver mediante la práctica de los frotamientos. Para que dicha tensión no reaparezca, el sujeto pasa a replicar la conducta.

Tratamiento

Como ocurre con otras parafilias, el tratamiento del frotteurismo puede llevarse a cabo empleando diversas tácticas. Hay que tener en cuenta que salvo en aquellos casos en que se presenta culpabilidad o malestar, por lo general el individuo parafílico no suele presentarse en consulta por propia voluntad, con lo que es esperable que existan resistencias al tratamiento. Se hace necesario hacer ver al paciente la necesidad y ventajas que puede suponer su participación.

Es necesario en primer lugar analizar las fantasías del sujeto y a qué atribuye el sujeto su conducta, si le da algún significado o qué circunstancias le llevan a realizar dichas prácticas. Conocer la significación del acto es de gran importancia de cara a poder trabajarlo mediante la modificación de creencias y la reestructuración cognitiva, a la par que el sujeto puede expresar posibles conflictos que le hayan llevado a realizarlo.

Asimismo, se suelen emplear técnicas como la modificación de la secuencia parafílica, en la que se pretende introducir alteraciones en la secuencia de actos que el individuo realiza para llevar a cabo los tocamientos de manera que el resultado final sea incompatible con los tocamientos.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.
  • Belloch, Sandín y Ramos (2008). Manual de Psicopatología. McGraw-Hill. Madrid.