¡Ups!

Se ha producido un error inesperado. Por favor, inténtalo otra vez o contacta con nosotros.

¿Cómo ha de ser nuestro diálogo interno para tener una buena autoestima?

Estas son las características de un diálogo interno adecuado para tener una buena autoestima.

Cómo ha de ser nuestro diálogo interno para tener una buena autoestima

Contrariamente a lo que pensaba Freud, Eric Berne, el padre del Análisis Transaccional, una teoría humanista de la personalidad, las relaciones humanas y de la comunicación, pensaba que el ser humano nacía sano mentalmente, pero que, a lo largo de su vida, a través de las experiencias vitales y el tipo de educación recibida, o el trato con la familia, podría ir desarrollando problemas psicológicos.

Muchas personas presentan guiones de vida trágicos, esto es, traumas o experiencias adversas, de una carga emocional muy negativa. Si el ser humano experimenta vivencias y emociones de bienestar y experiencias o emociones de malestar, no es debido sólo a una teoría reduccionista de la felicidad, donde sólo influyen los factores internos o externos, sino que es una mezcla de ambos. Es debido tanto a cómo sentimos y experimentamos internamente las vivencias que tenemos, cómo a factores externos que influyen en cómo nos sentimos.

Para desarrollar una mayor autoestima, una de las características fundamentales que hay que tener en cuenta, es mantener un diálogo interno coherente y sano con nosotros mismos. Una de las estrategias que, a mí personalmente, me gusta más para poder adquirir este diálogo, es el que nos propone el Análisis transaccional que describo a continuación.

Los tres estados del Yo

Dentro de nuestra cabeza tenemos tres personajes, “Tres estados del Yo” con los que dialogamos. Los tres estados del yo son los siguientes.

1. El Yo Padre

Representa el Sentido del Deber. Lo que debo y tengo que hacer. Tiene que ver con las normas culturales y con los mensajes recibidos en la infancia a través de nuestros padres, profesores, iguales, los trabajos en los que hemos estado...por ejemplo: “debo de trabajar como funcionario; debo de estudiar; debo de ser productivo, debo de casarme” ...

2. El Yo Adulto

Representa nuestro Sentido de Realidad: "Yo elijo". Lo que la persona decide pensar, sentir y hacer, teniendo en cuenta su educación recibida y su cultura. En el Yo padre, te educa la cultura y la familia y en el yo adulto, te educas tú. Cuestionamos lo que hemos recibido y hacemos nuestro propio análisis de lo que queremos ser, cómo queremos comportarnos o cómo queremos vivir. Ejemplo: “elijo no casarme, trabajar de lo que me gusta, tener hijos”...

Diálogo interno

3. El Yo Niño

Tiene que ver con nuestro Sentido del Placer: "Yo deseo". Es nuestra parte emocional: “siento, me apetece, me gusta, no siento, no me apetece, no me gusta, no tengo ganas”...

¿Cómo mejorar la autoestima mediante el diálogo interno?

Antonio Bolinches, creador de la Terapia Vital, nos explica en su libro El secreto de la autoestima, de una forma muy didáctica y sencilla, cómo desarrollar madurez emocional, adquirir bienestar emocional y conseguir una buena autoestima, a través de nuestro diálogo interno.

Según prioricemos en nuestra mente uno de los tres estados del yo, podemos adoptar los siguientes estados emocionales:

1. Represión

Cuando estamos reprimidos, prima el sentido del deber, por encima de lo que queremos elegir y de lo que deseamos emocionalmente. Esto nos lleva a veces a experimentar emociones negativas, puesto que sentimos que no elegimos, que llevamos la vida que quieren nuestros padres, nuestra cultura, o los demás, pero no la que nos gustaría. No tenemos en cuenta al adulto, (lo que elegimos), ni al niño (lo que sentimos). Lo que debo, en vez de lo que me gusta o necesito.

2. Inmadurez

Si estamos en el Yo Padre, muy reprimidos, a veces nos vamos al otro extremo: al Yo Niño. Y de pronto empezamos a hacer conductas de adolescente, poco responsables, inmaduras. Esto ocurre mucho cuando la persona no ha vivido sus etapas vitales. Por ejemplo, si no has vivido con satisfacción la adolescencia o juventud y de pronto en la mediana edad, cuarenta o cincuenta años, empiezas a comportarte como un adolescente.

Cuando nos comportamos inmaduros, prima el sentido del placer, por encima de lo que es sensato y de lo que debemos hacer. Sentimos una sensación de alivio momentánea, pero a largo plazo, podemos sentir que no hemos hecho lo que debemos o es bueno para nosotros. Predomina lo que lo que me apetece, lo que me gusta. Nos cuesta pensar en nuestro bienestar a largo plazo. Nos dejamos llevar por lo que sentimos en cada momento. Vamos a sentir gratificación instantánea, pero puede ocurrir que nuestra vida vaya un poco a la deriva.

3. Culpabilidad

Cuando nos sentimos culpables, tenemos un debate entre lo que debemos hacer y lo que sentimos. Entre el padre y el niño. El adulto no toma las riendas de la decisión. Se obvia el principio de realidad, y lo que es más sensato hacer, desde lo que uno elige o desde las propias creencias que hemos desarrollado como adultos. Ejemplo: “me gusta mi trabajo, pero no me permite vivir bien, o quiero a una persona, pero no me conviene.”

4. Madurez

Cuando nos comportamos maduros, el adulto es el que toma las riendas, teniendo en cuenta lo que debemos y lo que sentimos. Esto nos lleva a comportarnos de forma equilibrada, priorizando nuestras emociones de bienestar a largo plazo. Ejemplo: cuando sentimos que un área de nuestra vida hay bienestar. Elijo un trabajo que me conviene (padre) y que me gusta (niño); estoy con una pareja que me hace bien (padre) y que la quiero (niño)…

Carmen Rodriguez De Haro

Carmen Rodriguez De Haro

Psicóloga, Sexóloga y Terapeuta de Pareja

Profesional verificado
Granada
Terapia online

¿Cómo es tu diálogo interno?

Artículos relacionados

Artículos nuevos

Quizás te interese