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Así afectan a nuestra autoestima las relaciones familiares tóxicas

Así es como daña a la autoestima el haber crecido inmersos en relaciones familiares tóxicas.

Así afectan a nuestra autoestima las relaciones familiares tóxicas

La autoestima es uno de los elementos psicológicos que definen nuestra identidad. Sin embargo, esto no significa que la autoestima surja dentro de nosotros estando desconectada de todo lo que nos rodea; al contrario, está siempre conectada al modo en el que experimentamos las relaciones con los demás. Y cuanto más importantes para nosotros son esas relaciones, más se ve influida por estas.

Por supuesto, esto significa que nuestras familias tienen un gran poder a la hora de delinear cómo es nuestra autoestima. Puede que nuestros padres y madres no tengan el poder de controlar directamente cómo nos valoraremos a nosotros mismos, pero no cabe duda que el modo en el que nos tratan tiene repercusiones en ello, independientemente de sus intenciones. De esto se deriva que las relaciones familiares tóxicas son capaces de dejar importantes secuelas en todo lo relacionado con la propia autoestima; veamos qué ocurre en estos casos.

¿Qué es la autoestima y por qué se ve influida por la familia?

No puede existir una autoestima si no hemos tenido experiencias previas relacionándonos con los demás. Puede resultar contraintuitivo, pero nunca nos valoramos a nosotros mismos sin tener en cuenta todo lo que sabemos y hemos visto acerca de cómo nos tratan el resto de miembros de la sociedad. Dicho de otro modo, cuando dirigimos nuestra mirada hacia nuestra propia identidad y manera de ser, lo hacemos fijándonos en cómo nos hablan, cuánto interés muestran por estar con nosotros, qué expectativas tienen acerca de lo que podemos conseguir, etc.

Así pues, la autoestima surge, en buena parte, de cómo interpretamos la manera en la que nos tratan.

Y es en este aspecto donde la familia gana una gran importancia: constituye el primer círculo social con el que nos relacionamos, y el que nos ofrece un estilo de vida que nos permite aprender y explorar tanto el mundo como las relaciones humanas desde nuestros primeros meses de vida. Por supuesto, también crea un contexto en el que aprendemos a vincular emociones a esos aprendizajes espontáneos que vamos realizando durante la infancia; es por eso que las investigaciones en Psicología basadas en la teoría del apego sugieren que nuestra manera de vincularnos emocionalmente con nuestros padres y madres dan forma a nuestra manera de aproximarnos al resto de relaciones humanas durante la adolescencia y la edad adulta.

Pues bien; del mismo modo en el que la familia nos predispone a mantener una determinada filosofía al plantearnos establecer relaciones con otras personas, también nos predispone a priorizar ciertas formas de interpretar la realidad al fijarnos en aquello que da forma a nuestra autoestima. Dependiendo de cómo hayamos sido criados y de qué es aquello que estamos acostumbrados a ver en nuestro hogar, una misma experiencia satisfactoria puede ser vista como mérito nuestro y fruto de nuestro esfuerzo o, por el contrario, como un golpe de suerte. Y es por eso que el contexto familiar es clave al determinar si mostraremos una tendencia a ser más pesimistas, más optimistas, o más ecuánimes y equilibrados al ir construyendo nuestra autoestima.

Los efectos de las relaciones familiares tóxicas en nuestra autoestima

Como el concepto de “relaciones tóxicas” es muy amplio y heterogéneo al contener una gran variedad de dinámicas problemáticas, no puede decirse que siempre influyan del mismo modo en la autoestima. No es lo mismo el hecho de haber sido criado por padres y madres sobreprotectores y muy controladores que haber sufrido el desinterés y el trato negligente de los progenitores.

Aún así, hay una serie de tendencias generales en el modo en el que experimentan su autoestima las personas que ha sufrido este tipo de familias; problemas habituales que, aunque no tienen por qué darse todos a la vez en el mismo individuo, son más comunes entre quienes han pasado por esas experiencias emocionalmente dolorosas.

Familias tóxicas

Así pues, veamos cuáles son estas formas de malestar que surgen al valorarnos a nosotros mismos tras años de vivir inmersos en relaciones familiares dañinas.

1. Sentimientos de culpa por ser el elemento disruptivo de las familias

Algunas personas que han sufrido mucho en su contexto familiar asumen la idea de que casi todos esos problemas fueron desencadenados por su nacimiento, ya que el hecho de tener que criar a un bebé pudo llevar al límite a sus padres y madres. Esta es una experiencia en la que, a la vez que uno mismo se culpa de algo que no estaba bajo su control (nacer), esta forma de culpabilidad queda ligada a lo que se considera que es la propia esencia, la propia identidad desde los primeros minutos después del parto. Esta paradoja hace que sea muy complicado desprenderse de esta creencia tan dañina si no se acude a psicoterapia.

2. Tendencia a culparse por lo ocurrido durante su infancia y adolescencia

Las personas que han pasado años en relaciones familiares tóxicas han tenido una mayor exposición a situaciones complicadas que plantean dilemas éticos, dado que en su día a día tenían que posicionarse ante conflictos, problemas de salud mental de familiares, etc. En este sentido, resulta común que quienes han pasado por esto se culpen constantemente rememorando esas vivencias, sin darle importancia al hecho de que durante buena parte de esos años no tenían los recursos para abordar esos problemas de una forma madura y responsable, debido a su corta edad.

3. Tendencia a asumir la propia inestabilidad emocional

Muchas personas creen que, por el hecho de haber sido criadas en ambientes familiares marcados por las discusiones constantes y los conflictos evitables, ellas han interiorizado esta inestabilidad emocional y la reproducirán en sus propias relaciones con los demás, haciendo que el resto de personas se distancien. Incluso si esto no se cumple en la práctica, mantienen una actitud hiper-vigilante y una preocupación constante por no perder las formas, algo que hace, en muchos casos, que adopten un rol de sumisión con tal de no hacer que la salud de esas relaciones repose sobre su manera de comportarse, “por si acaso”.

4. Miedo a ser la diana de las burlas y los ataques de los demás

La experiencia del miedo casi constante es otra de las formas de malestar que más limitan el correcto desarrollo de la autoestima; la persona que adopta una actitud evitativa ante los además debido a lo que ha visto en su familia pone más atención en lo que no debe hacer para evitar que los demás se crucen en su vida, que en lo que puede hacer y ha hecho con anterioridad para mejorar su situación. Esto hace que las personas a las que les pasa esto dejen pasar oportunidades durante años, algo que a la vez empobrece su capacidad de desarrollo personal y autorrealización.

¿Quieres disponer de asistencia psicológica profesional?

Si te interesa acudir a psicoterapia para abordar problemas de tipo familiar o relacionados con la autoestima, ponte en contacto conmigo.

Soy Paloma Rey Cardona, Psicóloga General Sanitaria, y ofrezco sesiones de terapia de manera presencial u online por videollamada. Atiendo a personas de todas las edades.

  • American Psychiatric Association –APA- (2014). DSM-5. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Madrid: Panamericana.
  • Caballo, V. (1983). Manual de entrenamiento y evaluación de las habilidades sociales. Madrid: Siglo XXI.
  • Jordan, C.H.; Spencer, S.J.; Zanna, M.P.; Hoshino-Browne, E.; Correll, J. (2003). Secure and defensive high self-esteem. Journal of Personality and Social Psychology, 85(5): pp. 969 – 978.
  • Ochoa, I. (1995). Enfoques en terapia familiar sistémica. Herder: Barcelona.

Psicóloga

València

Paloma Rey es Psicóloga General Sanitaria. Ofrece atención a población infanto-juvenil y adulta, tanto de forma presencial como online, en casos de ansiedad, depresión, baja autoestima, estrés, duelo, dificultades de aprendizaje, entrenamiento en habilidades sociales y comunicación,resolución de conflictos, problemas de conducta y gestión emocional, y TDAH, entre otros. Para ello emplea técnicas propias de la terapia cognitivo-conductual, combinándolas con psicología positiva y Terapia de Aceptación y Compromiso.

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