Existen muchas personas que en ocasiones tienen comportamientos orientados a intentar mostrar a los demás su alta talla moral.

El problema viene cuando estas conductas se realizan de manera muy habitual y con poca o ninguna sutileza. Es lo que se conoce como exhibicionismo moral, y con este artículo podremos entender las implicaciones de este fenómeno, las características que tiene y las situaciones en las que más se suele dar.

¿Qué es el exhibicionismo moral?

El exhibicionismo moral, también llamado lucimiento moral, es un tipo de conducta por el cual un individuo trata de mostrar exageradamente sus altas cualidades en cuanto a moralidad, buscando la aprobación y el reconocimiento del prójimo. Por lo tanto, este comportamiento iría destinado a lograr mostrar su respetabilidad a nivel moral. Sin embargo, este tipo de acciones en ocasiones logra el efecto contrario sobre la audiencia a la que va destinada. Lo veremos más adelante.

Esta búsqueda de reconocimiento que supone el exhibicionismo moral generalmente va asociada a dos características. En primer lugar, la persona intenta dejar patente que, respecto a una determinada temática que implica moralidad de alguna manera, él cumple con los criterios exigidos por la sociedad, por lo que su comportamiento es el correcto, o incluso puede ir más allá y hacer ver que su conducta está muy por encima de la mayoría de las personas, reprochando al resto que no sigan su ejemplo.

La otra principal característica que encontraríamos se daría en torno al objetivo con el que el individuo participaría en un discurso de corte moral, ya sea hablado o escrito. Y es que la persona lo haría con la intención, no simplemente de contraargumentar la posición del interlocutor, sino de hacer ver lo respetable que es él moralmente, por lo que el foco estaría siempre puesto en él mismo.

Por extensión, señalaría la posición del otro como inferior desde un punto de vista moral, pero lo haría siempre en relación a la suya, que sería el centro de la cuestión y lo que estaría moviendo su conducta.

Paradójicamente, la moralidad o ética del exhibicionismo moral sería muy cuestionable, pues en realidad el efecto que estaría generando sería el de fomentar posiciones muy extremas, generar disputas y aumentar significativamente el grado de cinismo. Veremos estos efectos más adelante en los ejemplos de las manifestaciones.

Búsqueda de reconocimiento

La siguiente cuestión que nos podríamos plantear es de quién busca el reconocimiento aquella persona que practica el exhibicionismo moral. La primera respuesta que nos encontramos es a las personas que pertenecen a su propio grupo de pensamiento, es decir, aquellas que comparten sus creencias y valores. En ese caso, el exhibicionista moral utilizaría sus actos como un mecanismo para dejar constancia de su identidad frente al grupo. Al presentarse ante sus compañeros como ellos esperan que lo hagan, estaría logrando ese reconocimiento y aprobación, en este caso de tipo moral.

Pero también puede ocurrir que el individuo lleve a cabo estas conductas no ante sus aliados morales, sino frente a aquellos que cuentan con un corte moral diferente y por lo tanto representan un potencial foco de enfrentamiento.

En ese caso, la persona tendría conductas de exhibicionismo moral destinadas a demostrar su superioridad, con el fin de ganar automáticamente la disputa que está en juego respecto a la moralidad, pretendiendo dejar patente que la postura del contrario es la contraria a la deseable y por lo tanto debe abandonarla de inmediato.

Pero esas no son las únicas situaciones en las que se puede poner en práctica este mecanismo. Existe una tercera opción, que es la del exhibicionismo moral fingido, algo muy recurrente por ejemplo en los políticos. En este caso, los candidatos presentarían a propósito una conducta que denotaría una gran altura moral en un determinado aspecto relacionado con el colectivo al que se están refiriendo, pero obviamente esas creencias subyacentes no tienen por qué ser reales, ni mucho menos.

Diferentes manifestaciones del exhibicionismo moral

El exhibicionismo moral puede manifestarse de formas diferentes. Veamos los cinco supuestos más habituales.

1. La adhesión

La primera de las situaciones que podemos encontrar fácilmente sería la de la adhesión a una idea ya formulada. En este caso, una persona expondría un planteamiento de tipo moral que recibiría la aceptación del grupo. Entonces, una segunda persona, que sería la que estaría desarrollando este supuesto de exhibicionismo moral, expresaría sus ideas, en línea con lo expuesto, con el objetivo de dejar constancia de pertenecer “al mismo bando” moral y participar así en la aceptación grupal.

Un ejemplo sería el de una persona que critica a los políticos, alegando que no se puede confiar en ninguno. Visto el efecto positivo sobre el grupo, un segundo interlocutor puede sumarse a la idea, diciendo que efectivamente es así y que él lo sabe bien porque le gusta estar al día de la actualidad y sabe que todos los líderes políticos mienten, independientemente de su signo.

2. La escalada de moralidad

Una segunda situación que se da de manera habitual es la de la escalada de moralidad. Frente a un evento, un grupo de personas pueden comenzar a manifestar sus ideas morales al respecto, de manera que cada uno intentará proponer siempre algo que le deje en una posición moral superior al anterior, iniciándose una suerte de escalada retroalimentada.

Para visualizarlo con un ejemplo, podemos imaginar a un grupo de amigos viendo una noticia sobre una persona que ha cometido un crimen. El primero de ellos podría decir que merece una buena reprimenda. El segundo diría que no es suficiente, que ha de entrar en prisión. El tercero, continuando con la escalada, diría que los otros son demasiado blandos y que por lo que ha hecho la persona en cuestión, se merece pasar el resto de su vida en la cárcel.

3. Invención moral

La tercera vía de manifestación de aquel que realiza exhibicionismo moral es simple y llanamente la de inventarse cuestiones morales que parece que han pasado inadvertidas por el resto del grupo, y eso le deja en una posición magnífica para dejar clara su superioridad en este aspecto. Si la jugada le sale bien, podrá recibir la aprobación tan anhelada que busca.

Cualquier situación es susceptible de ser considerada moral por aquel que gusta de mostrarse superior en este aspecto. Un ejemplo podría ser el de alguien que critica que otros transeúntes vayan hablando demasiado alto por la calle porque podrían estar molestando a los vecinos, cuando en realidad su tono de voz no tendría por qué ser exagerado y puede que nadie se haya mostrado molesto hasta que él lo ha dicho.

4. El agravio

Existe una cuarta manifestación de exhibicionismo moral. En este caso sería aquella utilizada como respuesta en una discusión en la que la persona opta por mostrarse realmente ofendido, enfadado o agraviado, agitando sus convicciones morales mientras tanto para que quede bien claro que es la suya y no otra la auténtica verdad en el asunto en el que se discute. De esta manera, utiliza la intensidad de su emoción para afianzar las ideas expuestas.

Este mecanismo corre el riesgo de mezclarse con la escalada de la que hablábamos antes y convertirse en una especie de competición por ver cuál de todos los interlocutores es el que más ofendido está o más le ha afectado la cuestión discutida, luchando entre todos por demostrar que cada uno es el que está sintiendo las emociones más intensas al respecto y por lo tanto haciendo perder el foco de la idea que inicialmente se debatía.

Como ejemplo valdría cualquier discusión política en la que una persona mostraría una posición respecto a un tema concreto y la otra, en oposición, se mostraría tremendamente disgustada por ver cómo es capaz de opinar de esa manera tan moralmente reprochable. El primero podría optar por zanjar la discusión, por debatir racionalmente o bien por elegir la escalada y mostrarse por lo tanto igualmente agraviado por la posición del contrario, creando un bucle de difícil solución.

5. La evidencia

El quinto tipo de manifestación más bien sería una suerte de comodín que aquel que practica el exhibicionismo puede utilizar si se siente acorralado en la defensa de su postura. Se trataría de hacer ver lo evidente de su postura, argumentando que es tan obvio que su posición es la correcta que no necesita dar más argumentos al respecto, pues el problema lo está teniendo la otra persona, que está cegada y no es capaz de ver la realidad. Esto, evidentemente, es una falacia.

Es un mecanismo muy recurrente y es fácil que vaya unido al agravio y la emoción intensa que veíamos en el punto anterior. Ante un debate, una persona puede tratar de ir por la vía racional mientras que la otra puede mostrarse muy ofendida por la baja catadura moral de su contrario y simplemente afirmar que es evidente que la posición que él defiende es la correcta, por lo que no necesita seguir argumentando.

Referencias bibliográficas:

  • Grubbs, J.B., Warmke, B., Tosi, J., James, A.S., Campbell, W.K. (2019). Moral grandstanding in public discourse: Status-seeking motives as a potential explanatory mechanism in predicting conflict. PloS one.
  • Grubbs, J.B., Warmke, B., Tosi, J., James, A.S. (2020). Moral grandstanding and political polarization: A multi-study consideration. Journal of Research in Personality. Elsevier.
  • Tosi, J., Warmke, B. (2016). Moral grandstanding. Philosophy & Public Affairs. Wiley Online Library.