Uno de los grandes males del siglo XXI es el sentimiento de soledad, un problema que afecta a muchas más personas de las que creemos.

Nos sorprendería descubrir la cantidad de individuos que, a pesar de estar rodeados de gente, experimentan constantemente esta sensación. Vamos a descubrir por qué ocurre este fenómeno tan frecuente y cuáles son sus repercusiones psicológicas.

¿En qué consiste el sentimiento de soledad?

Como seres humanos somos seres gregarios. Esto quiere decir que tenemos tendencia a vivir en comunidad, cerca de nuestros semejantes, pero esto no se reduce únicamente a la cercanía física, que también es importante, sino que necesitamos relacionarnos de manera habitual con otras personas si no queremos experimentar el sentimiento de soledad.

Por lo tanto el sentimiento de soledad sería una percepción del individuo de carecer de relaciones interpersonales adecuadas o de calidad, lo que le hace sentirse aislado del mundo y no tener cubiertas unas necesidades vitales para su completo desarrollo como ser humano, lo cual le genera sensaciones desagradables a nivel psicológico, pudiendo ir acompañado también de un malestar físico.

Podemos pensar que hoy en día, gracias a las nuevas tecnologías, es muy sencillo relacionarse con otras personas, y en parte es cierto. La cuestión es que en muchas ocasiones las relaciones interpersonales que se generan no son de calidad, siendo demasiado superficiales y por lo tanto no logrando satisfacer las necesidades de socialización de la persona.

Esto se ve agravado por la general falta de tiempo de la que sufren muchos individuos, realizando largas jornadas laborales y regresando a casa tarde y cansados, lo que les deja sin energía y sin tiempo para disfrutar de un momento de interacción con sus familiares o amigos, aumentando cada vez más el sentimiento de soledad.

La conclusión es que este sentimiento se produce cuando no tenemos suficientes relaciones sociales de calidad, pero es importante tener en cuenta las diferencias individuales de cada uno, pues unas personas necesitarán una gran cantidad de interacciones mientras que otros quedarán “saciados” con solo unas pocas.

Características

Cuando hablamos del sentimiento de soledad podemos hablar de varios síntomas o características de los que siempre va acompañado. Serían los siguientes.

Aislamiento

Una persona que esté experimentando el sentimiento de soledad lo primero que va a percibir es que se siente aislada del mundo, de todas las personas que le rodean (incluso cuando no está sola físicamente, como ya hemos visto).

Abatimiento

Igualmente, la experiencia que está sintiendo le hará sumirse en una espiral de tristeza, pudiendo experimentar sintomatología depresiva si la situación se prolonga demasiado en el tiempo.

Agotamiento

Otra característica que identifica el sentimiento de soledad es el sentir una absoluta falta de energía (ligada también a los síntomas de la depresión), que puede influir también en el rendimiento y desempeño de la persona tanto en su puesto de trabajo como en sus tareas cotidianas, volviéndose poco eficiente.

Inquietud

Obviamente todo esto va a generar una inquietud en el individuo, experimentando una sensación de no estar satisfecho con los estímulos que recibe y necesitando un cambio en aspectos tan importantes de su vida como son las relaciones con sus semejantes.

Cómo dejar de sentirse solo

Ya conocemos los principales factores que acompañan al sentimiento de soledad. El principal problema es que dichas características actúan como un círculo vicioso, de forma que cuanto más agotada, abatida, aislada e inquieta se siente una persona, menos posibilidades existen de que decida tomar decisiones que le lleven a hacer descender los niveles de todas esas sensaciones.

Es, por lo tanto, fundamental, cortar ese bucle y comenzar a realizar conductas, por pequeñas que sean, que estimulen la actividad interpersonal del individuo, ya sea una pequeña charla telefónica con un amigo o familiar, una visita, un plan de ocio, etc. Todas estas actividades sociales generan un bienestar, liberando una serie de neurotransmisores en nuestro cerebro que poco a poco mitigarán la angustia y nos harán sentir mejor.

Una práctica muy habitual que deciden llevar a cabo muchas personas para dejar atrás el sentimiento de soledad es el iniciar una nueva actividad de tiempo libre, de carácter social, es decir, que le permita conocer a nuevas personas, con la ventaja de comenzar dichas interacciones sabiendo que al menos tienen un nexo en común, la propia afición por la que se han conocido.

Además estos grupos ofrecen otro factor positivo, y es que frecuentemente se suele iniciar una dinámica de compartir un rato después de la clase dialogando e incluso yendo a algún local cercano para seguir hablando mientras se disfruta de una bebida, situaciones que poco a poco permiten ir conociendo en profundidad al prójimo y que pueden llevar a terminar forjando una amistad duradera más allá del hobby por el que se conocieron.

En definitiva, la clave estaría en actuar, en tomar una actitud proactiva, en tener una actividad que poco a poco cambie la dinámica de las escasas relaciones interpersonales que se están teniendo. Evidentemente esto muchas veces no es sencillo, pues se necesita voluntad de cambio pero también posibilidades para ello, y sin personas de apoyo en el círculo cercano será más complicado lograr el objetivo.

Pero ya hemos anticipado que no todas las personas tienen la misma predisposición a experimentar el sentimiento de soledad, y es que hay muchas variables tanto personales como ambientales que modulan la probabilidad de aparición del mismo pero también los recursos que se tienen para paliarlo, y una de las más importantes es la etapa de la vida en la que se encuentra el sujeto. Vamos ahora a centrarnos en la más relevante en este asunto: la vejez.

El sentimiento de soledad en la tercera edad

Es evidente que no todas las personas tienen las mismas posibilidades para salir del círculo del que hablábamos, ya sea por una falta de recursos, una carencia de círculo social en el que apoyarse y por supuesto está la cuestión de la edad. Y es que es en la vejez cuando más personas experimentan el sentimiento de soledad, debido al progresivo aislamiento que sufren muchos ancianos, ya sea por el fallecimiento de sus compañeros de vida, de sus amistades, falta de visitas familiares, vida en residencias, etc.

Dentro de la tercera edad, además, son las mujeres las que más se ven afectadas por el sentimiento de soledad, principalmente por su mayor esperanza de vida, que les hace más proclives a sobrevivir a sus parejas, terminando en soledad sus últimos años, con las consecuencias que ello conlleva.

El factor de la edad se puede ver agravado si la persona sufre alguna dolencia física que le impida la movilidad, facilitando su aislamiento en el domicilio y complicando por tanto el contacto social. Igualmente puede darse el caso, cada vez más frecuente, de terminar sus días en un centro de mayores si es que la persona es dependiente y sus familiares no pueden hacerse cargo en sus propios domicilios, una situación muy habitual en nuestros días.

Como apunte final respecto a la cuestión de la edad, un dato inesperado: después de la vejez, la etapa de la vida en la que se da una mayor incidencia del sentimiento de soledad es en la adolescencia, pues es una época de grandes cambios a todos los niveles y en ocasiones no es sencillo lograr un equilibrio entre las relaciones interpersonales que se desearía tener y las que de hecho se tienen.

Evitar la soledad en los demás

Llegados a este punto uno puede pensar que el sentimiento de soledad no es algo que nos esté afectando personalmente, pues es posible que en momentos puntuales nos sintamos solos, pero no es la tónica general, ya que contamos con una serie de interacciones razonablemente satisfactorias con otras personas.

La cuestión es que es posible que no nos hayamos parado a pensar que tal vez algunas personas de nuestro entorno están sufriendo este mal en silencio sin que nadie colabore para ponerle remedio. Y es que, ya hemos visto lo difícil que resulta salir de la espiral de aislamiento en la que se sumen las personas atrapadas en un sentimiento de soledad.

Por lo tanto, sería muy positivo que todos hiciéramos el ejercicio mental de pensar en qué personas, puede que familiares de edad avanzada (a veces no tanta como podamos pensar), o viejos amigos de los que hace tiempo que no sabemos, puedan estar experimentando un desagradable sentimiento de soledad.

Si identificamos a alguien que encaje en este patrón, sería fantástico si les hiciéramos una llamada y les propusiéramos tomar un café o dar un paseo juntos. En realidad la actividad es lo de menos, puesto que lo importante es compartir un agradable momento en compañía y devolverles eso que un día perdieron sin saber muy bien por qué: el contacto con otro ser humano.

Referencias bibliográficas:

  • Doblas, J.L., Conde, M.P.D. (2018). El sentimiento de soledad en la vejez. Revista Internacional de Sociología. CSIC.
  • Karnick, P.M. (2005). Feeling lonely: Theoretical perspectives. Nursing science quarterly. SAGE Journals.
  • Scalise, J.J., Ginter, E.J., Gerstein, L.H. (1984). Multidimensional loneliness measure: the loneliness rating scale (LRS). Journal of Personality. Taylor & Francis.