Un repaso a la vida de este políglota excepcional. Wikimedia Commons.

Son muchos quienes afirman saber decenas de idiomas, pero realmente pocos quienes logran tener un dominio real de esas lenguas.

Si bien se tiene constancia de varias personas quienes han demostrado saber hasta más de diez lenguas, uno de los pocos casos conocidos de políglotas de hasta medio cententar de idiomas es el del alemán Emil Krebs. Se ha llegado a decir que llegó a dominar 68 idiomas, e incluso se tomó la molestia de aprender hasta 120 variedades dialectales de estos mismos.

Su vida no es para nada aburrida, siendo tenido como un gran ejemplo para aquellos quienes desean poder liberarse de las barreras del monolingüismo hasta el punto de que es considerado un savant. Conozcamos su interesante vida y qué hizo para llegar a hablar tantas lenguas, a través de esta biografía resumida de Emil Krebs.

Breve biografía de Emil Krebs

Si ya el hecho de dominar alemán, su lengua materna, es para muchos considerado como un auténtico hito dada la dificultad de este idioma germánico, el poseer amplios conocimientos de hasta medio centenar de lenguas de todo tipo ya es algo que quita el aliento.

Su vida empezó como la de cualquier otro niño alemán del siglo XIX, pero poco a poco, teniendo contacto con muchas lenguas, se convirtió en la historia de un excelente sinólogo, es decir, aquel quien conoce sobre la cultura china.

Vida temprana y primer contacto con el plurilingüismo

Emil Krebs nació en Friburgo de Silesia, actual Świebodzice, Polonia, el 15 de noviembre de 1867, cuando esta ciudad todavía se encontraba en territorio alemán. Su familia no era de clase alta, siendo su padre carpintero y su madre ama de casa.

En 1870 se trasladó junto con sus padres a Esdorf, en donde fue a la escuela primaria. Entre los años 1878 y 1880 fue a la Freiburger Realschule, un instituto de secundaria y, en el período de 1880 a 1887 acudió al liceo de Schweidnitz.

La educación que recibió en esos centros fue bastante completa, teniendo en su currículum educativo el aprendizaje de múltiples idiomas a parte del alemán, entre ellos latín y griego clásicos, francés y hebreo.

No obstante, el ansia por conocer más idiomas llevaron a Krebs a estudiar por su propia cuenta idiomas modernos, entre los que se incluían griego moderno, inglés, italiano y, un poco más avanzada su edad, español, ruso, turco, polaco y árabe.

Cuando acabó sus estudios en el liceo se matriculó en la Universidad de Breslavia para estudiar en verano un curso semestral de teología. En ese momento ya tenía un avanzado dominio de doce lenguas.

Posteriormente se cambió a la Universidad de Berlín, donde estudió Derecho. Fue en esa ciudad en donde le llamó la atención el recién fundado Seminario Oriental, en donde se ofrecían cursos de lenguas asiáticas.

La primera lengua asiática que estudió fue el chino mandarín. La elección de este idioma no fue casual, dado que le llamó la atención el hecho de que fuera conocido por ser la lengua más difícil de aprender, tomándoselo como un reto el llegar a dominarla.

Habiendo empezado a estudiar chino en 1887, en 1890 logró pasar el examen para graduarse como intérprete de este idioma, con muy buenas calificaciones.

Durante los dos años siguientes, Emil Krebs fue capaz de adquirir el nivel de chino mandarín comparable al de un nativo con una esmerada educación en su lengua materna.

Sin embargo, aunque el estudio de idiomas extranjeros era su mayor afición, no le alejaron de sus estudios en derecho, aprobando los exámenes universitarios también con buenas notas.

Una vez hubo finalizado sus estudios universitarios, fue aceptado como abogado-estudiante en el tribunal de Gottesberg y, más tarde, en Berlín.

En 1893 fue aceptado como intérprete para viajar a Beijing, China, dándose así inicio a un importante período de su vida como estudioso de las culturas orientales y formándose como sinólogo.

Viaje a China

En 1893 Emil Krebs pisó por primera vez China, trabajando para Alemania en el país oriental hasta que las relaciones germanochinas terminaron al darse inicio la Primera Guerra Mundial.

Durante ese tiempo, Krebs trabajó como traductor diplomático para los intereses de Alemania en Beijing y Qingdao. Debido a su gran fluidez del mandarín, el políglota fue adquiriendo una mayor fama tanto entre colegas alemanes como nativos chinos.

En 1897, dos misioneros alemanes fueron asesinados en Qingdao, haciendo que el reich alemán interpretara esto como una excusa perfecta para invadir la región. Así pues, Krebs, durante año y el siguiente se unió a las fuerzas de ocupación de Kiau Chiau.

Posteriormente, tras la ocupación, el políglota se convirtió en el principal intérprete de la región, convirtiéndose en un muy íntimo confidente de la emperatriz Zishí, debido a que la aristócrata se quedó impresionada por la forma en que Krebs escribía el chino. De hecho, Emil Krebs fue invitado en varias ocasiones a palacio para tomar té con la emperatriz.

No obstante, y aunque su pasión por el mandarín era muy grande, también aprovechó su estancia en Asia para aprender otros idiomas orientales, entre ellos el mongol, el manchú y el tibetano, e incluso se encargó de enseñar a los propios oficiales chinos idiomas de otras partes de su propio Imperio.

En 1913, estando en Shangái, Emil Krebs tomó por esposa a otra conciudadana alemana en China, Mande Heyne.

Años más tarde y tras haber obtenido un gran conocimiento sobre la lengua y cultura china, Krebs tuvo que abandonar el país debido al fin de las relaciones entre China y Alemania, al darse inicio en 1917 la Primera Guerra Mundial.

En conflicto, China se puso de parte de la Triple Entente (Francia, Reino Unido y Rusia), mientras que Alemania formó parte del bando contrario, las Potencias Centrales. Es por este motivo que los alemanes empezaron a ser hostigados por los chinos.

Vuelta a Berlín

En 1917 Emil Krebs se vio obligado a volver a su Alemania natal. Fue aceptado como parte de la inteligencia alemana en asuntos de Asia, encargándose de la codificación del lenguaje de los enemigos mientras duró la guerra.

Tras finalizar la Primera Guerra Mundial, el políglota continuó trabajando en empleos relacionados con los idiomas, traduciendo e interpretando varios de ellos para las autoridades germanas.

En sus tiempos libres seguía estudiando lenguas, y también curioseaba sobre las variedades dialectales de las mismas.

Tras una vida en la que se centró en el dominio de decenas de idiomas, llegando a hablar ni más ni menos que 68 lenguas y, si se tiene en cuenta variedades dialectales, unas 111, Emil Krebs falleció el 31 de marzo de 1930 en Berlín, con 62 años.

Estudio de su cerebro

Tras el fallecimiento de este políglota, los científicos no quisieron dejar pasar la oportunidad de estudiar el cerebro de aquel quien había llegado a dominar más de cien formas diferentes de lenguaje. Su cerebro fue enviado a la Sociedad Kaiser Wilhelm en Berlín, institución que varios años después, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, sería renombrada como Sociedad Max Planck.

Ya en tiempos más recientes, concretamente en el año 2004, tres científicos, Katrin Amunts, Karl Zilles y Axel Schleiche publicaron un estudio sobre el cerebro de Emil Krebs, en el cual se revelaron ciertas diferencias en su área de Broca, las cuales podrían estar detrás de su gran capacidad para aprender a hablar idiomas nuevos.

En la actualidad, el cerebro de Krebs puede encontrarse en la Universidad de Düsseldorf.

Curiosidades

La vida de Emil Krebs está repleta de curiosidades que, si bien no se han podido confirmar, en caso de ser ciertas son un claro ejemplo de sus capacidades y personalidad cuando vivía.

La primera anécdota destacable de la vida de este políglota fue cuando todavía era joven. En esa época recibió un formulario para poder acudir al Seminario de Lenguas Orientales en Berlín. En este tenia que poner que lengua en concreto deseaba estudiar, sin embargo, él, en vez de especificar una solamente contestó con un "todas las que haya".

El formulario no fue aceptado a la primera, dado que entendieron desde el Seminario que Emil Krebs no había entendido las instrucciones. Fue necesario tenerlo que reenviar hasta diez veces para que el Seminario por fin le aceptara y fuera invitado a venir a Berlín.

Años más tarde, cuando estaba de viaje por China, recibió una carta de los mongoles, la cual pudo traducir sin problemas. Posteriomente, una tribu mongol le pidió que les tradujera unos documentos que habían sido escritos en lengua mongol antigua, y Krebs supo llevar a cabo la tarea de forma inmediata.

También estando en Asia, Krebs estableció contacto con personas que hablaban variedades dialectales chinas que hasta la fecha apenas habían sido conocidas para los europeos. Pese a no disponer de mucha información, Krebs supo ingeniárselas para poder comprender algunos de estos dialectos desconocidos.

Otra curiosidad fue la de que Emil Krebs recibió una vez uno de los números de la revista Argia, una publicación vasca. En ese número se aseguraba que acababa de fallecer un profesor americano quien había llegado a dominar 53 lenguas.

Tras ello, Krebs aprendió los cuatro dialectos principales del idioma euskera en muy pocas semanas, y envió una contestación a Argia. En base a ello, la propia revista decidió publicar un artículo en honor al políglota, llamado "Jóvenes vascos! Tomad ejemplo de Emil Krebs".

Para finalizar, y como curiosidad desacable, existe un método de aprendizaje de lenguas llamado método de Krebs, el cual hace honor al políglota protagonista de este artículo. Este método, realmente, no fue inventado por Emil Krebs, sino que es más bien una reinterpretación de cómo estudiaba y adquiría dominio de lenguas extranjeras.

Se ha dicho que mediante este método se es capaz de dominar un idioma en apenas diez días, lo cual realmente no ha sido demostrado con las suficientes evidencias empíricas.

Referencias bibliográficas:

  • Amunts, K., Schleicher, A., y Zilles, K. (2004). Outstanding language competence and cytoarchitecture in Broca’s speech region. Brain and Language, 89(2). 346-353.